Una pareja imposible comenzó a convivir en enero de 2023 en un bajo de Carabanchel. María Sesma, 50 años, había conocido a través de las redes sociales a Jesús López, un hombre de 49 años, conductor de autobús, separado y padre de una niña de nueve años. Empezaron a quedar para pasear a sus perros. En esas caminatas, María le contó que era abogada, hermana de juez y que podía ayudarle a cambiar el acuerdo de separación para tener más horas con su hija. Él le pagó 1.600 euros. Pasado un tiempo, ella le recomendó que se trasladara a su casa, que era mayor que el piso en el que vivía él, y que eso le ayudaría a ganar puntos a la hora de conseguir más tiempo con su pequeña. Solo le cobraría 400 euros de alquiler y ella en breve se mudaría a otra vivienda en Sanchinarro. Aquel experimento acabó con María con la cabeza deformada y Jesús en prisión acusado de querer matarla.Al principio, nada hacía presagiar ese desenlace. Cuando Jesús se instaló con ella, aún confiaba en sus gestiones, pero las semanas iban pasando y el hombre no veía muchos avances en su situación familiar. “Todo va como tiene que ir. Mi hermano (el juez) está removiendo Roma con Santiago para agilizar tu caso. Ten paciencia”, le indicaba ella. Mientras, hacían vida juntos por el barrio. Seguían paseando a los perros, tomaban café, se les veía salir y entrar del domicilio. Un día, Encarnación, una residente en el mismo bloque, los observó a distancia y esperó a que María se marchara y Jesús se quedara solo para acercarse y advertirle. “¿De qué la conoces?“, le preguntó Encarnación. ”Es una estafadora. Se ha quedado con 16.000 euros míos. Va de abogada, pero no lo es. Ten mucho cuidado″, le espetó. Unos meses antes, Encarnación y su madre habían conocido a María cuando atravesaban por una situación complicada. Estas dos mujeres eran dos de las vecinas afectadas por la venta de sus viviendas protegidas a un fondo de inversión. Ocurrió durante la época como alcaldesa de Ana Botella. El ayuntamiento necesitaba liquidez y el modo que encontró de meter efectivo en las arcas municipales fue vender lotes de vivienda protegida a fondos. Cuando se fueron acabando los contratos, los fondos subieron de forma desproporcionada los alquileres, sin dar opción a los inquilinos, que se vieron en la calle. Los residentes se acabaron marchando o se organizaron en asociaciones y presentaron demandas para luchar contra el gigante inmobiliario.Este es el caldo de cultivo en el que María contactó con varias familias afectadas para garantizarles que les sacaría de esa situación y podrían quedarse en sus domicilios, en Carabanchel. “A mí me llegó a invitar a un viaje de dos semanas a Alicante. ¿Sabes cómo lo pagó? Con el dinero que le había dado mi madre”, explica Encarnación. Catalina e Iván fueron otros dos vecinos que cayeron en sus redes. “Yo también le advertí a Jesús de con quién se había ido a vivir”, señala la primera. Encarnación acabó yéndose a vivir a Toledo. Todos ellos declararon en el juicio a favor de Jesús.Molesto por la falta de avances en su casa y ante las numerosas advertencias de los vecinos, Jesús contactó con Elisa, una amiga abogada, a la que pidió averiguar si María era realmente letrada y su hermano, juez. Su amiga le comunicó que ni estaba colegiada, ni lo había estado nunca. Además, se enteró de que la casa en la que vivían no era de la falsa letrada, sino que la estaban ocupando de forma ilegal y que ella no pagaba nada. Entonces, Jesús acudió a la comisaría a presentar una denuncia.Sin embargo, la convivencia de ambos continuó. “Yo había dejado mi piso, que era pequeño, pero podía permitírmelo, para instalarme en su casa. Con lo difícil que es encontrar una vivienda que puedas pagar en Madrid...”, ha explicado Jesús ante el tribunal que debe decidir si es culpable de querer matar a la mujer. La mañana del 20 de febrero de 2024, cuando Jesús volvió de pasear a su perro Oxi estalló una discusión entre ambos. Según su versión, ella lo amenazó con un cuchillo y le dijo que iba a llamar al 016 —el teléfono para mujeres maltratadas— y que nunca más vería a su hija. “En ese momento estallé, perdí el control y agredí a María con mis manos y mis pies. Duró segundos; fue algo impulsivo. Perdí el control, pero no soy un asesino”, ha relatado el acusado, defendido por el abogado Armando Lucendo.Él mismo llamó a Emergencias y a la Policía. Los primeros agentes que llegaron han definido que encontraron a la mujer tremendamente malherida, con la “cabeza deformada”, la “clavícula rota” y la “boca ensangrentada”. Los agentes introdujeron el nombre de la víctima en el sistema y comprobaron que había una orden de busca judicial contra ella.Los médicos del Samur no garantizaron que sobreviviera, pero lo hizo. La víctima ha quedado con una discapacidad del 85% que le ha impedido acudir en persona al juicio. Las secuelas que ha dejado el ataque en María le “impiden razonar, tiene amnesia postraumática, dificultades de aprendizaje, alteraciones para procesar información, déficit de atención, afasia, problemas del lenguaje, alteraciones conductuales y emocionales”, según declararon los peritos que la evaluaron el pasado marzo. La víctima se ha convertido en una dependiente total que convive con su madre de 85 años. “El ataque ha alterado por completo la estructura psíquica y la personalidad de María antes de los hechos”, concluyeron los médicos. La Fiscalía considera que estos hechos son un homicidio en grado de tentativa y pide 14 años de prisión. La defensa, por su parte, cree que hay que condenar a Jesús por un delito de lesiones graves con la atenuante de confesión y eximente parcial psíquica y solicita un máximo de tres años de cárcel. La defensa argumenta, con sus psiquiatras, que Jesús ya había tenido intentos de suicidio y depresión en el pasado. Los forenses han determinado que, en el momento de la agresión, no tenía alteradas sus capacidades.
Juicio a Jesús por una paliza que casi mata a la falsa abogada María
La Audiencia Provincial juzga por intento de homicidio a un hombre por golpear salvajemente a una mujer que acumulaba denuncias de sus vecinos por estafa







