Un estado de ánimo ciclotímico envuelve al PP en el final del curso político. Tras la euforia con la que los populares terminaron el periodo de sesiones, sacando adelante una votación no vinculante sobre la dimisión de Pedro Sánchez con los votos de Vox y de Junts, el clima interno ha cambiado completamente después de dos semanas enredados en una sucesión de errores no forzados. La inquietud se ha disparado ahora después de que Alberto Núñez Feijóo acumule varios tropiezos discursivos que, según admiten dirigentes de distintos niveles, han desviado el foco en un momento en el que la estrategia consistía precisamente en no regalar debates al Gobierno de Pedro Sánchez, que sufre debilitado por las investigaciones sobre corrupción. “Deberían parar y revisar ese modo de trabajo, reorganizarse”, aconseja un veterano popular. “Es patente que Feijóo no se adapta bien a un ritmo tan rápido, quizá porque le faltan medios de apoyo, y seguramente también por una cuestión generacional”.Las últimas polémicas —desde las declaraciones del líder sobre las bajas laborales a la ley de nietos— han despertado críticas internas y han reabierto el debate sobre la estrategia. “Tengo la sensación de que vamos improvisando”, admite un alto cargo. La discusión de fondo trasciende los últimos episodios concretos y afecta a qué modelo de oposición quiere liderar Feijóo en la antesala de la batalla final hacia las elecciones generales. El propio Feijóo se refirió este sábado a esos comentarios, consciente del revuelo. “Estos días me han criticado por cuestionar que millones de personas puedan obtener la nacionalidad de un día para otro, sin las garantías necesarias y por encima de los límites legales que habían fijado”, expuso en el congreso de las Nuevas Generaciones del PP. “Me han criticado por defender una España en la que el absentismo laboral fraudulento no se consienta, sino que se persiga. Me han criticado por defender que el Gobierno pueda ayudar a aquellas personas que vayan a ser madres o padres desde unos meses antes de que el niño nazca”, defendió. Y remató con tono desafiante: “¿Sabéis lo que os digo? Que me da igual. Porque yo estoy aquí para dar debates valientes y para dejar a los jóvenes un país mejor”.El debate sobre la estrategia se complica porque en la cúpula conviven dos almas muy diferentes: quienes defienden una línea más moderada, al menos en el tono, y quienes creen que es imprescindible competir con Vox en debates culturales para evitar fugas de voto por la derecha, en un momento dulce en las encuestas para la extrema derecha y con el PP, en cambio, estancado en la intención de voto, pese a que ambos sumarían con holgura para gobernar. Ese choque entre las dos visiones y el intento de Génova por “ensanchar el espacio” electoral explica también algunos de los movimientos aparentemente contradictorios de Feijóo. En los últimos días, a la vez que ha proclamado que hay que “pasar página” del procés, ha reivindicado el autogobierno vasco o ha reprochado a Vox que cuestione el Estado autonómico —esta semana acusó a Santiago Abascal de no “querer a España”—, el líder del PP ha lanzado otras iniciativas dirigidas al electorado más conservador.Los guiños al votante fronterizo con Vox son evidentes en la ley para reconocer ayudas públicas al concebido no nacido, una iniciativa del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso en Madrid que Feijóo ha anunciado que aprobará en todo el país si llega al poder; o en la ofensiva que el propio líder lanzó contra la ley de nietos que dará la nacionalidad a los emigrados españoles. En este caso, después de denunciar que el Gobierno pretendía con esta norma “una ingeniería electoral” para “fabricar nuevos votantes”, Feijóo reconoció que está de acuerdo en otorgar la nacionalidad a los exiliados, es decir, que comparte el fondo ―aunque discrepe del procedimiento―, como había defendido él mismo en 2022 y figura en el programa electoral del PP. El problema para muchos de puertas adentro es la comunicación, porque tanto con la ley de nietos como con las bajas laborales el partido ha tenido que salir después a matizar o modular el mensaje del líder. Pero ese contraste ideológico de mensajes también llama la atención internamente. Un dirigente lo resume de forma gráfica: “El nuevo y el antiguo Feijóo no encajan”. En Génova, sin embargo, defienden que el PP trate de ampliar su espacio electoral sin dejar que Vox monopolice determinados asuntos. “La ley de nietos era un debate que estaba en la calle y no podíamos dejar que Vox se apropiara de esa bandera”, apunta un miembro de la dirección. “Y la ley del concebido no nacido es un guiño al electorado clásico del PP”. Absentismo laboralLa misma lógica explica el enredo sobre el absentismo laboral esta semana. La dirección llevaba tiempo trabajando en un plan, coordinado por el exsecretario de Estado Alberto Nadal, para abordar el desafío del creciente aumento de las bajas, cuyo coste para la Seguridad Social, denuncia el PP, se ha duplicado desde 2019. La referencia del PP es el canciller alemán, el conservador Friedrich Merz, que ha endurecido los controles sobre las bajas médicas tras el fuerte aumento registrado desde la pandemia. Estudiado el problema, en la cúpula pensaron que “no era el momento” de sacar este debate a la luz, pero el propio Feijóo, en un foro con empresarios vascos en Bilbao, lo hizo cuestionando que los trabajadores cobren lo mismo cuando están de baja y conserven todas las prestaciones, en medio de un “absentismo que no se sostiene”, que describió como “un cáncer”. Un día después, la dirección precisó que Feijóo no aboga por reducir el salario a los trabajadores con baja médica, sino que se refería solo a los casos de “fraude”. “Lo de las bajas no me lo explico. Feijóo sabe que tiene que ser muy preciso y no tuvo la mejor de las expresiones”, lamenta un dirigente. “Un debate sobre el absentismo no te va a dar un solo voto entrando en el terreno de recortar derechos. Tienes que ser muy hábil para elegir qué debates pones encima de la mesa”. El episodio de las bajas ha dejado además algunas tensiones internas. En algunos sectores de Génova no ha sentado bien, en paralelo, que el portavoz nacional, Borja Sémper, que ha sufrido un cáncer, reclamara “cautela” con el uso de la palabra “cáncer” tras las declaraciones de Feijóo. Otros dirigentes, sin embargo, relativizan el coste político del embrollo, y recuerdan que la intención era demostrar que el PP tiene propuestas más allá de denunciar la corrupción que rodea al Gobierno de Sánchez. “Si no presentamos alternativas, también se nos critica por no tener programa”, argumentan fuentes de la dirección. Además, en Génova creen que el mensaje puede tener buena acogida entre el votante situado en la frontera con Vox, especialmente entre autónomos y pequeños empresarios preocupados por el incremento del absentismo. Esta vez, Ayuso salió a echar un capote al líder y refrendó su postura. “Tiene más razón que un santo”, dijo la líder madrileña.Pero donde sí existe más consenso es en que el PP no necesita asumir riesgos innecesarios cuando las encuestas siguen situándolo por delante del PSOE. “Uno empieza a creerse ya presidente y eso le lleva a querer impartir doctrina más allá del corsé que antes se imponía”, apunta otro dirigente sobre el líder del PP. “Puede ir un poco más suelto, pero nunca puede perder de vista el impacto que tiene cada frase. No necesitamos arriesgar. Si en algún debate puede permitirse desbarrar un poco es hablando de la corrupción, pero no en los debates sociales”. Mientras continúa el debate sobre la estrategia para ganar a Sánchez, la frase que más se escucha en el PP es que “Feijóo va a ser mucho mejor presidente que líder de la oposición”.