En la política estadunidense hay pocos personajes que hayan protagonizado un giro tan evidente como Lindsey Graham. Durante buena parte de su carrera fue visto como un republicano tradicional: cercano al fallecido senador John McCain, defensor de una política exterior intervencionista y dispuesto a confrontar incluso a figuras de su propio partido cuando consideraba que era necesario. Sin embargo, el ascenso de Donald Trump modificó el rumbo de su trayectoria y terminó por convertirlo en uno de los aliados más visibles y leales del mandatario republicano.Nacido el 9 de julio de 1955 en Central, un pequeño poblado de Carolina del Sur, Graham quedó huérfano siendo apenas un joven. La muerte de sus padres lo obligó a hacerse cargo de su hermana menor mientras estudiaba, una experiencia que él mismo recordó en distintas ocasiones como el episodio que moldeó su disciplina y su manera de entender el servicio público.El uniforme y el salto al CapitolioEstudió Derecho en la Universidad de Carolina del Sur y, tras graduarse, ingresó a la Fuerza Aérea de Estados Unidos como abogado militar. Aunque posteriormente desarrolló una carrera política, nunca dejó del todo el uniforme: permaneció durante décadas en la Reserva de la Fuerza Aérea y alcanzó el grado de coronel, un perfil poco común entre los legisladores estadonidenses y que reforzó su imagen como un político especialmente interesado en asuntos de defensa y seguridad nacional.Su carrera electoral comenzó en la Cámara de Representantes de Carolina del Sur, pero el salto nacional llegó en 1994, cuando ganó un escaño en la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Ahí llamó la atención por integrar el grupo de legisladores republicanos que impulsó el juicio político contra el entonces presidente Bill Clinton, uno de los episodios que marcaron la política estadounidense de finales de los años noventa.En 2002 fue elegido senador por Carolina del Sur para ocupar el lugar que dejó Strom Thurmond tras su retiro. Desde entonces construyó una carrera de más de dos décadas en el Senado, donde se especializó en temas relacionados con las Fuerzas Armadas, el sistema judicial y la política exterior. Su estilo directo y su constante presencia en los principales debates nacionales terminaron por convertirlo en uno de los rostros más reconocibles del Partido Republicano.