Trabajo, sacrificio, constancia o esfuerzo son algunos de los epítetos que más utiliza un futbolista para describir cómo ha conseguido llegar a la élite deportiva. A nadie se le regala nada y solo los que mejor han sabido entender ese camino, siempre unido a esa pizca de fortuna tan necesaria, han encontrado el camino de la felicidad a través de un balón. Pero hay otro grupo, el de los elegidos, que cuenta con la genialidad como la bandera que marca las diferencias. Sin duda, ahí se encuentra Lamine Yamal. El extremo derecho de la Selección no es que renuncie a hacer gala de los adjetivos con los que se inicia este artículo, sino que tiene algo más que le permite marcar las diferencias. Está tocado por la vara de los dioses del fútbol, esa que permite inventar sobre la marcha para superar a cuantos rivales aparecen en el camino y marcar un gol que quedará para la historia. No necesita pensar qué hacer, le sale instintivo en el momento. TE PUEDE INTERESAR Y esa genialidad —o aura, como dirían ahora los más jóvenes— solo está al alcance de talentos capaces de marcar una época. Lo tuvo Di Stéfano, lo tuvo Pelé, lo tuvo Maradona y lo tienen Messi o Cristiano. Evidentemente, Yamal aún no está a la altura de ninguno, por algo son leyendas del balompié, pero está en camino. Ahora, tiene otra cita con la historia, con la que Lamine se ha empeñado en citarse en su cumpleaños. Otra vez, como no podía ser de otra manera, ante Francia. El genio azulgrana se medirá a los Bleus un día después de haber cumplido 19 años. Y esta historia nos sonará, porque hace exactamente dos años, en 2024, cuatro días antes de cumplir los 17, fue una pieza fundamental del combinado nacional para derribar a Francia, primero, y para ganar la Eurocopa ante Inglaterra, después. Pero aquellas semifinales encerraron mucho más que un partido, donde Francia retó a Lamine Yamal... y no le salió demasiado bien. Por aquel entonces, Yamal era un recién aterrizado en el fútbol de élite que demostraba magia a borbotones de sus botas. Fue por ello que, antes del enfrentamiento, un veterano Adrien Rabiot, curtido en mil batallas, quiso ponerle presión al joven español sobre sus hombros: "Maneja bien la presión, tiene mucha calidad, pero es complicado gestionar una semifinal. Dependerá de nosotros meterle presión, no dejar que se acomode y demostrarle que para jugar la final tendrá que hacer más". ¿Cómo fueron respondidas las palabras de Rabiot? Con un golazo antológico desde la frontal del área que se convirtió en el empate provisional del partido tras el tanto de Kolo Muani, hasta que Dani Olmo le dio la vuelta solo unos minutos después. España terminaría metiéndose a la final por la puerta grande, con una exhibición de Yamal que, al acabar el partido, le captaron las cámaras espetando un "hablar ahora", mientras gesticulaba con su mano, Rabiot, el destinatario. Solo unos meses después, ambos equipos volvían a enfrentarse en las semifinales de la Nations League, donde España volvió a derrotar a Francia por 5 a 4, con un doblete de Yamal. Y, ahora, volverán a verse las caras de nuevo. Otra vez en el partido que da acceso a la final de un torneo. Otra vez con los focos puestos en el jugador del Barcelona. Otra vez con su cumpleaños rondando la fecha del partido. Como si el destino supiera que, sí o sí, tenía que ser un día especial. ¿Qué pasará en esta ocasión? Lamine parece volver a tenerlo claro. "Si le tienen que temer a alguien, es a nosotros", espetaba tras el partido. Pero era aún más claro mientras hablaba en confianza con Nico Williams. "Ya les hemos ganado, bro, dos veces", afirmaba el del Athletic. "Pues a por otra", respondía el del Barça. España jugará otra semifinal de un Mundial 16 años después. Es el momento de Lamine Yamal, el mismo que ya derribó a Francia en la Eurocopa con una genialidad. Trabajo, sacrificio, constancia o esfuerzo son algunos de los epítetos que más utiliza un futbolista para describir cómo ha conseguido llegar a la élite deportiva. A nadie se le regala nada y solo los que mejor han sabido entender ese camino, siempre unido a esa pizca de fortuna tan necesaria, han encontrado el camino de la felicidad a través de un balón. Pero hay otro grupo, el de los elegidos, que cuenta con la genialidad como la bandera que marca las diferencias.