Noticia Exclusivo suscriptores BibloRed cumple 25 años como una de las redes de bibliotecas más importantes de América Latina, que recibe con entre 4 y 5 millones de visitas al año.Biblioteca Pública Virgilio Barco. Foto: Archivo EL TIEMPOPERIODISTA11.07.2026 23:30 Actualizado: 11.07.2026 23:30

Hubo un tiempo en que Bogotá era una ciudad sin santuarios para la imaginación, un desierto de ladrillos donde el conocimiento parecía un bien reservado para unos pocos o el premio de una odisea diaria. A finales de la década de los noventa, las opciones para perderse entre las páginas de un libro eran escasas y excluyentes. La Biblioteca Nacional, el centro de documentación más antiguo de la ciudad, imponía un acceso restringido que terminó por consagrarse de manera exclusiva a los investigadores y académicos dotados de un carné especial. Mientras tanto, en el centro de la capital, las afueras de la Biblioteca Luis Ángel Arango se convertían cada tarde en el escenario de una silenciosa resistencia: montones de estudiantes de colegios y universidades desafiaban el frío de la sabana en filas interminables de dos y tres cuadras solo para conseguir un cupo para consultar libros, hacer tareas, disfrutar de las colecciones. La Biblioteca Luis Ángel Arango se inauguró el 20 de febrero de 1958. Foto:Claudia Rubio/EL TIEMPOEn esa Bogotá no existía Google, los celulares inteligentes eran ciencia ficción, internet era una realidad muy lejana y los libros impresos constituían el único puente real hacia la educación.En medio de esa preocupación por crear espacios para cientos de personas que buscaban tener tranquilidad para disfrutar de los libros, comenzó a proyectarse una transformación arquitectónica y social de Bogotá: la creación de una red pública de bibliotecas que descentralizara la cultura y el saber. LEA TAMBIÉN Enrique Peñalosa, alcalde de la ciudad en aquel entonces, traía consigo la inspiración de los sistemas de bibliotecas norteamericanos que conoció en sus años de juventud, donde cualquier barrio contaba con un centro comunitario capaz de conseguir el libro deseado en cuestión de segundos. Según le relató el exmandatario Distrital a la sección Bogotá de EL TIEMPO, al llegar al Palacio de Liévano en enero de 1998, la consigna fue clara: no se trataba simplemente de levantar cuatro paredes y llenarlas de estanterías metálicas; se trataba de erigir verdaderos "templos" de lujo en los sectores más rezagados de Bogotá.Exalcalde Enrique Peñalosa promovió las megabibliotecas durante sus mandatos. Foto:Cesar Melgarejo. EL TIEMPOEra una apuesta para que los ciudadanos de los sectores populares merecieran la arquitectura más bella de la ciudad.Por tal motivo se construyó el Parque El Tunal. Lo que a finales de los noventa era un peladero de tierra abandonado, un potrero sin pasto donde sobrevivían los fierros oxidados de unos juegos mecánicos instalados cuarenta años atrás, se transformó gracias a un diseño de jóvenes arquitectos de la Universidad de los Andes en una biblioteca dinámica y vibrante.Estos jóvenes crearon la Biblioteca Pública Parque El Tunal que fue inaugurada el 10 de mayo de 2001 en la localidad de Tunjuelito, al sur de Bogotá. LEA TAMBIÉN Años más tarde, el 18 de junio de 2014, la biblioteca fue renombrada como Biblioteca Pública El Tunal Gabriel García Márquez, en homenaje al escritor, periodista, cuentista, guionista y novelista colombiano, ganador del Premio Nobel de Literatura, cuya obra dejó una huella imborrable en la literatura universal.Su creación representó un hito para la descentralización de los servicios culturales y educativos de la ciudad, al acercar el conocimiento y la lectura a miles de habitantes de las localidades de Rafael Uribe Uribe, Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Antonio Nariño y Usme.Biblioteca Pública El Tunal Gabriel García Márquez fue inaugurada el 10 de mayo de 2001. Foto:Archivo EL TIEMPOQuizás el símbolo más asombroso sea la Biblioteca Pública El Tintal Manuel Zapata Olivella, ubicada en la localidad de Kennedy, en el suroccidente de la ciudad, e inaugurada el 29 de junio de 2001.Lo que hoy es una imponente estructura de concreto inundada de luz, antes era una abandonada planta de transferencia de basuras de la antigua Empresa Distrital de Servicios Públicos (EDIS), un lugar que además estaba rodeado en ese momento por barrios de invasión donde las viviendas carecían de agua potable y pisos de cemento. LEA TAMBIÉN El arquitecto Daniel Bermúdez asumió el reto de diseñar la transformación del lugar, resignificando un espacio marcado por su pasado industrial sin borrar su memoria. Para ello, conservó la estructura básica del edificio original, incluida la rampa inclinada por la que antiguamente ascendían los camiones y las carretas de tracción animal para descargar los residuos recolectados en Bogotá.Con una profunda sensibilidad estética y urbana, Bermúdez convirtió lo que durante décadas fue un símbolo del desperdicio en un verdadero palacio de los libros y el conocimiento. Con el paso de los años, el sector experimentó un importante crecimiento urbanístico, reflejado en la construcción de centros comerciales, espacios públicos y amplios conjuntos residenciales a su alrededor.La Biblioteca Pública El Tintal Manuel Zapata Olivella está ubicada en la localidad de Kennedy. Foto:Archivo EL TIEMPOEse mismo año se consolidó la Red Distrital de Bibliotecas Públicas de Bogotá (BibloRed), una iniciativa que llegó para transformar la manera en que la ciudad entendía sus bibliotecas y, como explicó su directora Andrea Victorino Ramírez a EL TIEMPO, para “pensar definitivamente qué necesitan las personas de las bibliotecas”.Pero la historia no terminó con la construcción de las grandes bibliotecas. Mientras continuaban inaugurándose nuevas sedes y fortaleciendo las llamadas bibliotecas mayores, BibloRed emprendió un trabajo enfocado en acercar la lectura y el conocimiento a las comunidades. LEA TAMBIÉN A través de diferentes estrategias y servicios, la red buscó que encontrar un libro, participar en una actividad cultural o acceder a la información dejara de ser una tarea difícil para quienes habitaban las zonas periféricas de Bogotá.Posteriormente, se creó la Biblioteca Pública Virgilio Barco, construida en la localidad de Teusaquillo el 21 de diciembre de 2001. El terreno de 13 hectáreas, donde hoy se levanta una de las obras cumbres del maestro Rogelio Salmona, había sido entregado en administraciones anteriores al club de fútbol Millonarios para la construcción de un club privado que jamás se ejecutó.La Biblioteca Pública Virgilio Barco fue construida en la localidad de Teusaquillo. Foto:Archivo EL TIEMPOSegún le contó a este diario Enrique Peñalosa, el terreno fue convertido en un botadero ilegal de escombros que operaba bajo el descarado letrero de 'Se reciben basuras', elevando artificialmente el nivel original del suelo unos seis metros, motivo por el cual la infraestructura se ve más alta de lo normal.El plan de expansión de las grandes bibliotecas públicas de Bogotá tendría su último gran capítulo en el norte de la ciudad con la construcción de la Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo, inaugurada el 26 de mayo de 2010.Sin embargo, el camino para levantar este complejo cultural no fue sencillo. El proyecto, que inicialmente había sido imaginado por Enrique Peñalosa en los cerros de Suba, tuvo que cambiar de ubicación debido a la especulación inmobiliaria alrededor del terreno original y a las presiones de distintos sectores políticos que, según el exalcalde, buscaban obtener beneficios económicos particulares.Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo, inaugurada el 26 de mayo de 2010. Foto:Archivo EL TIEMPOEl nuevo escenario apareció en la calle 170, un terreno que había estado en manos de una organización presuntamente vinculada con actividades ilícitas y que pretendía desarrollar allí un club privado de raqueta. Este espacio terminó transformándose en uno de los principales referentes culturales del norte de Bogotá gracias a la alianza entre el Distrito y la familia Santo Domingo, que realizó la donación para hacer posible la construcción del complejo. LEA TAMBIÉN La idea tomó forma durante una conversación entre Peñalosa y Alejandro Santo Domingo. “Yo invité a almorzar a Alejandro Santo Domingo y le dije: ‘¿Ustedes por qué no hacen la cuarta biblioteca? Ustedes, la familia Santo Domingo, necesitan hacer algo importante para la memoria de su papá’”, recordó el exmandatario.Para el diseño del nuevo espacio, la familia Santo Domingo volvió a confiar en el arquitecto Daniel Bermúdez, quien ya había dejado una profunda huella con la transformación de la Biblioteca Pública El Tintal. Su trabajo en aquel proyecto había demostrado que era posible convertir antiguos espacios urbanos en escenarios dedicados al conocimiento y la cultura.El proyecto tomó forma durante una conversación entre Peñalosa y Alejandro Santo Domingo. Foto:Alcaldía de BogotáBibloRed cumplió 25 años desde su creaciónLa directora de BibloRed explicó a EL TIEMPO que la construcción de las megabibliotecas respondió a una visión de ciudad que buscaba no solo ampliar el acceso a la cultura, sino también crear espacios capaces de convertirse en referentes urbanos y arquitectónicos de Bogotá.“Se pensó que era necesario construir bibliotecas que fueran, primero, escenarios de libre acceso para la gente; pero, además, se apostó porque fueran íconos arquitectónicos de la ciudad, referentes arquitectónicos”, señaló. LEA TAMBIÉN Para la directora, estas obras hicieron parte de una idea más amplia sobre lo que necesita una ciudad para garantizar bienestar y calidad de vida. Con el paso del tiempo, las bibliotecas dejaron de ser únicamente lugares destinados a la consulta de libros y se transformaron en puntos de referencia dentro del paisaje urbano e incluso turístico. “Muchas veces puede que la gente no haya entrado nunca a la biblioteca, pero sabe dónde está el edificio. Empiezan a convertirse en referentes”, agregó.Andrea Victorino, directora BibloRed. Foto:BibloRed.A 25 años de la consolidación de BibloRed, el enfoque de la red ha evolucionado hacia una mirada más cercana a las comunidades. Las bibliotecas comenzaron a entenderse como espacios vivos, en constante transformación, donde las personas no solo llegan para leer, sino también para aprender, participar y construir conocimiento a partir de sus propias experiencias.Este trabajo permitió que Bogotá se consolidara como una de las redes bibliotecarias más reconocidas del país y de la región. “Somos la red de bibliotecas más importante del país y, yo digo orgullosamente, de Latinoamérica. Somos incluso referentes internacionales con varios de nuestros proyectos”, afirmó. LEA TAMBIÉN De la misma forma, Gustavo Ernesto Altamar, miembro de la Academia Colombiana de Historia, le dijo a la sección Bogotá de EL TIEMPO que, más allá de los libros, las megabibliotecas fueron concebidas como escenarios para ampliar las oportunidades culturales de los jóvenes. Allí comenzaron a ofrecerse talleres de tecnología, danza, música, teatro y otras actividades que buscaban convertirse en alternativas de formación para quienes no necesariamente llegarían a la universidad.Las megabibliotecas fueron concebidas como escenarios para ampliar las oportunidades culturales. Foto:iStockRetos que enfrentan las bibliotecas con la Inteligencia ArtificialEn cuanto a los retos que enfrentan actualmente las bibliotecas ante la evolución de la Inteligencia Artificial (IA), Altamar señaló que la llegada de internet y, posteriormente, de estas nuevas herramientas tecnológicas transformó la relación de las nuevas generaciones con los libros, la lectura y los espacios bibliotecarios. Para el historiador, el desafío ya no está únicamente en garantizar el acceso a la información, sino en fomentar la capacidad de analizarla, contrastarla y acudir a fuentes confiables. “Los medios tecnológicos nos arrasaron”, afirmó. LEA TAMBIÉN A su juicio, el reto actual no está únicamente en ofrecer computadores o conexión a internet, sino en recuperar el interés por la lectura y el contacto directo con las fuentes.Para él, las bibliotecas deberán encontrar una nueva función dentro de la sociedad. Aunque reconoce que los hábitos de lectura cambiaron, considera que estos espacios pueden convertirse en centros culturales, históricos y de encuentro comunitario.“El futuro de las bibliotecas quedará como centros de cultura. Ya se utilizarán para otra actividad como lo que se está haciendo actualmente”, concluyó.Por otro lado, la directora de BibloRed afirmó que las bibliotecas han optado por fortalecer la formación de los usuarios en lugar de rechazar estas herramientas. "No se trata de satanizar la inteligencia artificial porque es una tecnología que está ahí y tú no te puedes excluir de lo que está pasando", expresó.Las bibliotecas fortalecen la formación de los usuarios en lugar de rechazar estas herramientas. Foto:Alcaldía de Bogotá.Asimismo, explicó que el objetivo es enseñar a utilizarla de manera crítica y responsable. La directora Andrea Victorino informó que, desde las bibliotecas, se han centrado en fortalecer los procesos de formación centrados en la IA, con el fin de hacerle saber a la comunidad cómo, cuáles son las plataformas y cómo evitar que la gente copie y pegue información sin validarla."A partir de eso es que hacemos ejercicios de formación, que pasan por entender cómo funcionan las tecnologías, pero también para qué sirven y cuál es el criterio que se debe desarrollar para usarlas, entendiendo que, a veces, mucha de la información que circula no es verdadera, como ocurre con las fake news", concluyó.De hecho, pese al avance de la IA, BibloRed ha alcanzado 1’374.192 usuarios en su biblioteca virtual y, desde 2019, ha consolidado más de 12’900.000 usuarios.Laura Daniela AlarcónREDACCIÓN BOGOTÁ Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.