Marcos Benavent (1970), autodenominado 'yonqui del dinero', se despidió el pasado viernes de los periodistas encargados de la información de tribunales tras haber recogido el “papelito” de la sección quinta de la Audiencia Provincial de Valencia que le notificaba la firmeza de la condena a casi ocho años de prisión como autor de los delitos de blanqueo y falsedad. “Mucho ánimo”, nos dijo Benavent a los pocos informadores que nos arremolinamos a la entrada de la Ciudad de la Justicia. Casi que sería al revés, pensé yo. El 'yonqui del dinero' encara —con estoicismo— una etapa terrible para cualquier ser humano y se dispone a elegir el centro penitenciario en el que cumplirá la primera condena dictada en un fallo firme en el marco del 'caso Taula'. Una “temporadita” entre rejas, según afirmó. “¿Qué opinas de Víctor de Aldama?”, le pregunté sabiendo que desde que el otrora empresario favorito del exministro José Luis Ábalos se había librado de su estancia en la penitenciaría, el 'yonqui del dinero' habría meditado mucho sobre el citado personaje, nuevo icono de las derechas españolas. “Él sabrá, supongo que a lo mejor pactaría con el fiscal”, contestó Benavent.
El empresario Víctor de Aldama y el expolítico Marcos Benavent son la noche y el día de los arrepentidos del bipartidismo corrupto español y de las estrategias de defensa. Benavent pilló el ciclo de hegemonía del PP valenciano y ejerció como una suerte de recaudador de mordidas ante el empresariado autóctono, siempre dispuesto a rellenar el cazo del partido que controlaba la obra pública y el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana.






