Cuesta imaginar a Dióscoro Rojas (76) atorado en una tristeza permanente. “La gente siempre me decía: ‘tú como te llamai Dióscoro, tenís que ser payador, bueno para la talla, no podís ser otra cosa’”, rememora el músico y gestor cultural.Pero sucedió. Luego que en 2020 realizara la última entrega de la Cumbre Guachaca, Rojas fue devorado por una depresión profunda tras advertir que el productor con el que en ese entonces organizaba el encuentro se había quedado con parte de las ganancias hasta hacer quebrar el proyecto. El cantante quiso olvidarlo todo y se fue a vivir a la casa de una amiga en Copiapó, decidiendo no organizar durante seis años la fiesta que lo catapultó en la memoria popular como el “guaripola mayor”, lapso que por lo demás coincidió con el encierro por el Covid-19.“Yo tenía confianza en alguna gente que se llevó muchos millones. Entonces me vino una depresión enorme, no tanto por la plata, sino que por peder a un amigo, por una traición muy grande. Pero después me paré y volví”, recapitula.Esa resurrección, ese parar y seguir de frente, sucederá en este 2026, cuando Rojas -con otros productores- vuelva a relucir sus jinetas guachacas en una nueva versión de la Cumbre que ideó en 1997, constituyéndose como una cita que consagra la identidad chilena a través de gastronomía, música, baile, brindis, empanadas, terremotos, choripanes y, sobre todo, reyes y reinas postulados desde los ámbitos más diversos. 08.07.2026