España intentaba recomponerse este sábado de los gravísimos incendios de campos que se desataron en Andalucía, al sur del país, con un saldo de 12 muertos y decenas de heridos, muchos de ellos en situación tan tétricas que cuesta imaginarlas, atrapados en sus autos cuando intentaban escapar de manera desesperada de las llamas que avanzaban como una muralla ardiente y colosal. Todo indica que el inicio fue accidental, unos cables de un poste caído habrían iniciado lo que derivó en casi 6000 hectáreas calcinadas, y este sábado unos 500 bomberos, más 20 aviones hidrantes, se ocupaban de ir cercando los focos que todavía guardaban algún riesgo, pero lentamente la situación parecía ir camino a la extinción. El pueblo más afectado, Gallardos, permanecía desierto, con toda la vegetación calcinada, las casas ennegrecidas, y agobiado por un sentimiento de destrucción que hubiera resultado inimaginable hace unos días, cuando tranquilo destino de provincia en el que residían incluso centenares de familias británicas, que lo habían elegido justamente como un lugar "casi en el paraíso". Pedro Sánchez irá el lunes "La disminución de los vientos y el aumento de la humedad permitieron a los bomberos atacar a las llamas de manera directa", según declaró a la prensa Antonio Sanz, jefe de emergencias del gobierno regional andaluz. "Esta mañana tuvimos esa oportunidad", añadió durante una entrevista con Canal Sur.