Muchos dueños de gatos aseguran que sus amigos peludos siempre saben exactamente lo que están pensando y cuál es su estado de ánimo, pero un nuevo estudio sugiere que nada más lejos de la realidad.Investigadores de la Universidad de Bari, en Italia, han descubierto que los felinos no pueden entender las voces humanas y creen que todas nuestras vocalizaciones suenan exactamente igual.Si bien es cierto que los gatos reaccionan a los arrebatos emocionales de los humanos, no parecen ser capaces de distinguir esas emociones. Eso significa que probablemente para tu gato, tus risas, sollozos, gritos y alaridos suenan prácticamente idénticos.Casi todos los animales domésticos, desde perros hasta cabras, han desarrollado cierta capacidad para reaccionar al tono emocional de la voz humana. Sin embargo, si bien las voces humanas casi siempre ponían al gato en un estado de alerta máxima, la emoción detrás del ruido no suponía absolutamente ninguna diferencia.Por lo tanto, los investigadores sugirien que los gatos no son capaces de distinguir los estados de ánimo de los humanos escuchando únicamente su voz. Asimismo, los científicos no encontraron pruebas de que los gatos procesen diferentes emociones en diferentes partes de su cerebro, como sí lo hacen los perros y los caballos.Los investigadores querían comprender si los gatos podían identificar las cuatro emociones básicas (miedo, ira, felicidad y tristeza) basándose únicamente en las pistas que se encuentran en nuestras voces.Los científicos pusieron a prueba a 20 gatos domésticos diferentes en la comodidad de sus propios hogares con diversas vocalizaciones pregrabadas. Mientras se reproducía un vídeo de un sollozo, un grito, una risa o un alarido, los investigadores observaban atentamente a los gatos para evaluar sus reacciones.Prestando mucha atención a sus movimientos, postura, ojos, posición de las orejas y movimiento de la cola, los científicos pudieron observar el grado de estrés que sufrían los gatos.Sorprendentemente, los gatos casi siempre entraban en un estado medio de estrés al oír una vocalización humana, caracterizado por orejas hacia los lados, pupilas dilatadas y movimientos involuntarios de la cola. Sin embargo, los gatos entraban en ese mismo estado de estrés independientemente del fragmento de audio que escucharan.Para obtener más información, los investigadores también prestaron mucha atención a hacia dónde giraban la cabeza los gatos. Esto es fundamental porque puede revelar qué lado del cerebro utiliza un animal para procesar un sonido en particular.La autora principal, la doctora Serenella d'Ingeo, afirma: "En muchos vertebrados, el hemisferio derecho generalmente está más involucrado en el procesamiento de estímulos altamente emocionales o potencialmente amenazantes, mientras que el hemisferio izquierdo está más involucrado en el procesamiento de señales sociales familiares y la comunicación rutinaria"."Al observar la dirección del primer giro de cabeza, los investigadores pueden deducir qué hemisferio se activa preferentemente ante un sonido determinado", prosigue D'Ingeo.Por ejemplo, algunos estudios han demostrado que los gatos giran la cabeza hacia la derecha cuando oyen un ronroneo, que se procesa en el hemisferio izquierdo. Por otro lado, los gatos girarán la cabeza hacia la izquierda con más frecuencia si oyen sonidos que les asustan, como ladridos, que se procesan en el hemisferio derecho.Pero cuando a los gatos del experimento se les reprodujeron sonidos de emociones humanas, no muestran preferencia por mirar en una u otra dirección. D'Ingeo afirma que esto sugiere que las vocalizaciones humanas no se consideran "suficientemente informativas" como para ser procesadas en un hemisferio específico, a diferencia de los sonidos muy informativos de otros gatos.Sin embargo, los investigadores recalcan que esto no significa que los gatos no puedan distinguir las emociones humanas. De hecho, los estudios han demostrado que nuestros compañeros felinos son muy sensibles a los estados emocionales de sus cuidadores."En lugar de distinguir inmediatamente entre felicidad, miedo, ira o tristeza, respondieron con un aumento generalizado del estado de alerta, lo que puede representar una estrategia adaptativa que los prepara para reaccionar rápidamente ante una situación social potencialmente relevante", afirma D'Ingeo.