La pérdida de población en edad escolar no tendrá las mismas consecuencias en toda España. Mientras buena parte del interior y del norte del país se prepara para un descenso continuado del número de alumnos, la Comunitat Valenciana afrontará un escenario muy distinto. El aumento previsto de la población infantil obligará a mantener e incluso ampliar la oferta educativa en los primeros años de escolarización, pese a que el conjunto del sistema perderá estudiantes en las próximas décadas.Así lo recoge un estudio elaborado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) a partir de las últimas proyecciones demográficas del Instituto Nacional de Estadística (INE). El informe calcula que España tendrá en 2041 un total de 1,32 millones menos de jóvenes de entre 6 y 24 años, una reducción del 13,7% respecto a la población actual en esas edades. Detrás de esa cifra, sin embargo, se esconden realidades muy diferentes según la etapa educativa y el territorio.La primera conclusión es que el descenso del alumnado no se traducirá automáticamente en un menor gasto público, según advierte el Ivie. La evolución demográfica será desigual y obligará a reorganizar recursos durante años. Habrá niveles educativos que perderán alumnos con rapidez, mientras otros seguirán creciendo o apenas notarán el cambio.El ajuste más intenso se producirá en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), donde la población potencial caerá un 20,3%. En Bachillerato y Formación Profesional el retroceso llegará al 23,7%, mientras que el conjunto de la enseñanza obligatoria perderá un 15,4% de sus estudiantes potenciales.La Universidad seguirá un camino diferente. Aunque también acabará registrando un descenso de alumnado, éste será mucho más moderado —un 8,7%— y llegará más tarde. De hecho, las proyecciones apuntan a un ligero aumento de la población universitaria antes de iniciar la caída a partir de la próxima década.Ese desfase tiene una consecuencia directa sobre las cuentas públicas. Formar a un estudiante universitario cuesta más del doble que escolarizar a un alumno de Infantil o Primaria. Según los datos que maneja el Ivie, el gasto público por universitario alcanza los 11.347 euros anuales, frente a los 5.806 euros en Secundaria y los 4.720 en Infantil y Primaria. Por eso, aunque el número total de estudiantes disminuya, el ahorro para las administraciones será mucho menor de lo que podría deducirse de una lectura rápida de las cifras.El gasto público por universitario alcanza los 11.347 euros anuales, frente a los 5.806 euros en Secundaria y los 4.720 en Infantil y PrimariaHay además otro factor que compensa parcialmente esa caída. El INE prevé un crecimiento de la población de menor edad durante los próximos años. Los niños de entre tres y cinco años aumentarán un 7,5% y los menores de tres años lo harán un 18%. En un momento en el que la escolarización del segundo ciclo de Infantil es prácticamente universal y las administraciones están extendiendo la gratuidad del primer ciclo, esa evolución obligará a seguir creando plazas precisamente en la etapa donde la demanda continuará creciendo.La Comunitat Valenciana resume bastante bien esa doble realidad. La comunidad lleva varios años comprobando cómo el descenso de la natalidad va desplazándose de una etapa educativa a otra con cierto retraso. Primero lo hizo en Primaria y ahora empieza a apreciarse en Secundaria.Las cifras de matriculación muestran esa evolución. La Educación Primaria alcanzó su máximo en el curso 2016-2017, con algo más de 311.000 alumnos. Desde entonces la cifra no ha dejado de descender hasta situarse por debajo de los 295.000 estudiantes, una tendencia que continuará este curso.En cambio, los institutos siguieron ganando alumnado durante varios años porque recibían generaciones nacidas antes del desplome de la natalidad. Entre los cursos 2014-2015 y los años de la pandemia, la matrícula en Secundaria aumentó en torno a 30.000 estudiantes, hasta superar los 213.000. Solo recientemente esa tendencia ha comenzado a invertirse y el número de alumnos ha empezado a reducirse.Lo que ha ocurrido en la Comunitat Valenciana durante la última década es, en buena medida, el escenario que el Ivie anticipa ahora para el conjunto del país: una caída progresiva del alumnado que avanza por el sistema educativo con varios años de diferencia entre unas etapas y otras y que obliga a adaptar la planificación casi de forma permanente.Las diferencias entre comunidades autónomas serán, de hecho, uno de los principales condicionantes de esa planificación. El informe dibuja dos Españas desde el punto de vista demográfico. De un lado, las autonomías del interior y del norte, donde la pérdida de población joven será muy acusada. Del otro, buena parte del arco mediterráneo, que mantendrá una evolución mucho más estable gracias, sobre todo, a la llegada de población procedente de otras comunidades y del extranjero.El informe dibuja dos Españas desde el punto de vista demográfico.Cantabria y Extremadura encabezan las previsiones de descenso de la población de entre 6 y 24 años, con caídas superiores al 22%. En cambio, la Comunitat Valenciana apenas registrará una variación del -0,1% en el conjunto de la población de entre 0 y 24 años hasta 2041. La diferencia es todavía más evidente en la primera infancia.Mientras Extremadura perderá un 7,4% de los niños de entre cero y cinco años, la Comunitat Valenciana verá crecer ese grupo de edad un 22,9%, uno de los mayores incrementos previstos en España. Ese dato explica por qué la presión sobre la Educación Infantil seguirá aumentando en esta comunidad cuando otras autonomías empezarán a reducir unidades o incluso a replantear parte de su red de centros.La consecuencia es que no habrá una respuesta única para todo el sistema educativo. Allí donde la caída de alumnado sea intensa será posible concentrar recursos y reorganizar la oferta escolar. En la Comunitat Valenciana, en cambio, la prioridad será distinta. Habrá que seguir ampliando plazas de Infantil y, al mismo tiempo, dimensionar el resto de las etapas para absorber un descenso del alumnado que llegará de forma mucho más gradual. También en la Universidad el impacto será limitado, ya que la población en edad de cursar estudios superiores apenas disminuirá un 2,2%.Mientras Extremadura perderá un 7,4% de los niños de entre cero y cinco años, la Comunitat Valenciana verá crecer ese grupo de edad un 22,9%El estudio señala otro elemento que puede facilitar esa adaptación. La enseñanza afrontará durante los próximos años una importante renovación de sus plantillas como consecuencia del envejecimiento del profesorado. En las universidades públicas la edad media se sitúa en 49,5 años y casi uno de cada cinco docentes tiene ya 60 años o más. En Secundaria, el 35% del profesorado supera los 50 años.Esa circunstancia ofrece margen para acompasar la incorporación de nuevos docentes a la evolución demográfica. No se trata de trasladar profesores de unas etapas a otras, una posibilidad muy limitada por la propia especialización de cada cuerpo docente, sino de aprovechar la reposición de efectivos para reforzar aquellas áreas donde seguirá creciendo la demanda y ajustar las plantillas allí donde el descenso del alumnado sea más acusado.El informe insiste en que el reto no consiste únicamente en gestionar menos estudiantes. La dificultad estará en hacerlo en momentos distintos y con necesidades muy diferentes según el territorio. Las decisiones que adopten las administraciones durante los próximos años condicionarán la capacidad del sistema para adaptarse a ese nuevo escenario.En ese contexto, la Comunitat Valenciana parte de una situación singular. No tendrá que hacer frente a una reducción brusca del número de alumnos, como ocurrirá en otras comunidades, pero tampoco podrá mantenerse al margen del cambio demográfico. El descenso llegará a Secundaria y a las etapas posteriores, aunque convivirá con una mayor demanda de plazas de Infantil y con una población universitaria relativamente estable.Ese equilibrio obligará a una planificación más fina que en el pasado. La evolución demográfica deja de medirse únicamente por el número de nacimientos y pasa a depender también de la movilidad de la población y de la capacidad de atracción de cada territorio. Para la política educativa, la principal conclusión del estudio es que las soluciones uniformes servirán cada vez menos. La España que perderá más de un millón de estudiantes en los próximos quince años no evolucionará al mismo ritmo en todas sus comunidades, y la Comunitat Valenciana es uno de los mejores ejemplos de ello.Licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en València y redactor jefe de La Vanguardia desde 1991
La caída de alumnos no será igual en toda España: Valencia mantendrá la presión en Infantil
El Ivie calcula que el país perderá 1,3 millones de jóvenes en edad escolar y universitaria hasta 2041, pero el crecimiento previsto de la población infantil en Valencia obligará a ampliar plazas mientras otras autonomías reducen su red educativa







