El PaísHay danzas para convocar a la lluvia, para imaginar cosechas, para marchar a la guerra y para despedir a los muertos, como el minuto de silencio por los fallecidos en el incendio de Almería antes del encuentro. También para espantar espíritus, o para superar trances, como el pequeño recorrido de Mikel Merino alrededor del banderín de córner cada vez que saca a España de un atolladero cuando se acerca al precipicio. También contra Bélgica en el 88 de los cuartos de final, otra vez salido desde el banquillo. Como contra Portugal en el 91 de los octavos. Como contra Alemania en la Eurocopa. El navarro ejecutó de nuevo en Los Ángeles el último número de una función estupenda de la Roja, un punto más brillante en su juego, un punto más lejos en su recorrido. Ya en la semifinal, la segunda vez que alcanza este lugar esquivo de los mundiales. Francia espera el martes en Dallas (21.00, La1 y Dazn).Sigue leyendo aquí

El PaísNadie mejor que Merino para personificar a la selección de De la Fuente. No es un equipo que juegue para un delantero porque no tiene a Messi, ni a Mbappé, ni a Haaland, ni a Kane. Las figuras que dan sentido al fútbol de España son Merino y también Olmo e incluso Cubarsí, futbolistas si se quiere más anónimos y sin los que es imposible acabar el álbum de cromos de una Copa del Mundo. El pie de Merino, el mismo que abatió a Portugal, acabó con Bélgica y situó a la Roja en el cruce de semifinales contra Francia. El 2-1 coronó a última hora un ejercicio sin fin de paciencia, perseverancia, fe, entrega y confianza para desespero de los Diablos Rojos. Ni la memoria ni la presión pesaron sobre un colectivo que respondió a la condición de favorito con una autoridad incuestionable en Los Ángeles.Sigue leyendo aquí.