En ocasiones, nacen algunos gatitos con un color de pelaje grisáceo, como si tuvieran canas. Donde debería haber un pelaje negro aparece un singular manto plateado y de tonos claros que hacen pensar en una mutación genética o en una nueva variedad de color, pero la explicación es mucho más curiosa.Este fenómeno recibe el nombre de manto febril (fever coat en inglés). No afecta a la salud de los animales y, de hecho, suele desaparecer por completo conforme el gatito muda el pelo y desarrolla su manto de adulto. Lo verdaderamente llamativo es que ese aspecto temporal ofrece pistas sobre lo que ocurrió durante la gestación.Un pelaje que no refleja el color definitivoEl manto febril consiste en una alteración temporal de la pigmentación del pelo. Los gatitos nacen con un color mucho más claro del que les corresponde genéticamente, normalmente en tonos plateados, gris perla, crema o, con menos frecuencia, rojizos.En muchos casos el efecto se aprecia sobre todo en las puntas del pelo, mientras que la base conserva ya el color verdadero. Esto crea un efecto ahumado muy característico que puede recordar al de algunos gatos con el patrón humo, aunque ambos casos no tienen nada que ver.En los gatos humo, las raíces claras forman parte de su genética y se mantendrán toda la vida. En el manto febril ocurre justo lo contrario, donde las puntas son las más claras y, con el paso de los meses, el pelaje definitivo va sustituyendo poco a poco al temporal.Qué provoca el ‘fever coat’Aunque todavía no existe una explicación definitiva, la hipótesis más aceptada es que el fenómeno aparece cuando la gata experimenta fiebre elevada, una infección o un episodio de estrés intenso durante un momento concreto del embarazo.Mientras los fetos se desarrollan en el útero, las células responsables de crear el pigmento del pelo son especialmente sensibles a la temperatura. Si la madre sufre un aumento importante de la temperatura corporal o un estrés fisiológico considerable, ese proceso de pigmentación puede alterarse temporalmente. Como consecuencia, los gatitos nacen con un color diferente al que dictan sus genes.Algunas fuentes también consideran posible que determinados medicamentos administrados durante la gestación puedan favorecer este efecto, aunque no existen estudios que permitan confirmarlo.Un fenómeno difícil de investigarEl manto febril es un fenómeno muy poco común y resulta imposible reproducirlo de forma experimental por motivos éticos. Los conocimientos actuales proceden sobre todo de la experiencia acumulada por veterinarios, criadores y personas con profesiones ligadas a los animales que han observado casos similares a lo largo de los años.Algunos veterinarios explican que muchos de los casos que han visto correspondían a gatas rescatadas de la calle que llegaron gestantes a las protectoras, donde podían encontrarse debilitadas, padecer infecciones o haber soportado situaciones de estrés prolongado antes del parto. Sin embargo, también se han descrito casos en gatos nacidos en hogares sin circunstancias aparentemente extraordinarias, por lo que todavía quedan muchas preguntas sin respuesta.El color verdadero siempre termina apareciendoLa buena noticia es que el manto febril no supone ningún problema de salud para los gatitos. Su color real nunca desaparece, simplemente tarda más tiempo en manifestarse porque la información genética sigue intacta. Conforme el pelo va siendo sustituido por el pelaje adulto, el pigmento se desarrolla con normalidad. En algunos gatitos el cambio comienza a apreciarse pocas semanas después del nacimiento, mientras que en otros puede prolongarse durante varios meses e incluso acercarse al año de edad, aunque lo habitual es que el manto definitivo ya sea claramente visible entre los cuatro y los ocho meses.No todos los mantos febriles son igualesAunque la imagen más asociado al fever coat es la de un gatito completamente plateado, el fenómeno puede adoptar formas muy distintas. Algunos presentan un aclaramiento uniforme por todo el cuerpo, mientras que otros muestran únicamente determinadas zonas más claras mezcladas con el color definitivo. Existe incluso una variante muy rara en la que aparecen largas franjas claras recorriendo la espalda, siguiendo el dibujo que tendría un gato atigrado.En los casos más llamativos, algunos gatitos negros pueden llegar a recordar temporalmente a la coloración de un colourpoint, con un cuerpo muy claro y las extremidades más oscuras, aunque esa apariencia desaparece conforme crece el nuevo pelo.¿Puede ocurrir sin que la madre haya tenido fiebre?Curiosamente, algunos criadores profesionales han descrito haber presenciado el nacimiento de gatitos con un aspecto prácticamente idéntico al manto febril cuyas madres nunca presentaron fiebre ni infección durante la gestación.Una de las hipótesis propone que algunos cachorros portadores del gen responsable del patrón colourpoint, el mismo que da lugar a los siameses y razas similares, podrían ser especialmente sensibles a pequeñas variaciones de temperatura incluso sin que la madre llegue a desarrollar fiebre.A este aspecto algunos especialistas lo denominan manto escarchado (frosted coat) para diferenciarlo del auténtico manto febril. Sin embargo, se trata todavía de una teoría basada en observaciones de criadores y no de un proceso demostrado científicamente.Para quien adopta uno de estos gatitos, el manto febril puede resultar desconcertante, ya que el color que luce en las primeras fotografías probablemente no será el mismo unos meses después.Lejos de indicar una enfermedad o una anomalía genética, este singular pelaje es, en la inmensa mayoría de los casos, un recuerdo pasajero de las condiciones que rodearon su desarrollo antes de nacer. Una vez completada la muda, el gato mostrará el color que siempre estuvo escrito en su ADN, como si aquel llamativo abrigo plateado nunca hubiera existido.
Qué es el ‘manto febril’: el fenómeno que provoca un sorprendente cambio de color en los gatos
No es una enfermedad ni una mutación, sino que el color definitivo del pelaje permanece escrito en el ADN y aparece meses después.






