Lo que hizo la Selección en el partido frente a Egipto quedará en todos los anales de la historia del fútbol -me animo a decir- no solo de Argentina. Pocos creían que ese 2 a 0 se podía remontar. Los nervios, la decepción, la frustración, las caras largas y la resignación se iban apoderando de todos los espectadores que desde diferentes lugares asistían a esa nueva jornada del deporte más popular y el equipo más querido. Nadie podía pensar en la hazaña que en pocos minutos iban a producir. Un halo de luz, de magia, abrió ese marcador para Argentina que en un ratito apenas se convertiría en el triunfo más aclamado, seguramente por ser el menos esperado en esa instancia y ese ya tiempo final.
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Pero hubo alguien que creyó. Ese fue Scaloni. Porque conoce a su equipo, a sus jugadores, porque les pone la garra junto con la fe y eso los hace imbatibles. No importa lo que pase de acá en más. Importa lo que hicieron. Claro que nadie se conforma, que vale una vez más el “todavía no estamos hechos”. Pero, ¿cómo se puede pedir más? Esperar que esto continúe es exactamente eso: creer en la magia. O tener la convicción de un técnico que, además de saber que tiene a los mejores, les transmite la confianza suficiente para que nunca bajen los brazos (o, en este caso, frenar las piernas). Hace unos días leí una nota titulada: “Receta Scaloni: desdramatizar, ser humilde y barrer egos”. Y comienza diciendo: “Scaloni armó un grupo en el que sus integrantes están al servicio del otro. A tal punto que los suplentes no están esperando que les vaya mal a los titulares sino todo lo contrario: quieren que el que juegue, la rompa. Cada uno se potencia en el otro.” Son palabras de Fabián Jalife, responsable del documental que va a contar exactamente eso. No dudo que ese material servirá para la formación de futuras (y actuales) generaciones de jugadores. Tal vez bien podría ser no solo de jugadores de fútbol, no solo para deportistas. El método Scaloni guarda muchas enseñanzas para una sociedad que nos alarma con comportamientos que jamás deberían verse y mucho menos en el festejo posterior de una jornada tan espectacular que no podía terminar con los desmanes que se cometieron en varios lugares del país. ¿Quiénes somos? El equipo con nuestros compatriotas que armó el técnico de la selección o los desaforados que mostraron lo peor en una mentirosa celebración para romper, golpear, agredir, robar? Argentina una vez más dando una nota para mostrar lo peor de nosotros. Ya ni es la pelea entre barras de diferentes equipos (entre quienes tampoco debería ocurrir). Se trata del festejo que debe ser unívoco, uniforme, compartido entre todos los que tienen puesta la camiseta de la selección nacional. Se cuentan por decenas los detenidos, heridos se cuentan por millones los daños y las pérdidas. ¿Qué se quiso decir? Por qué tanta contradicción entre el espectáculo maravilloso que terminábamos de ver y los bochornosos episodios que siguieron? A la vista vuelven a quedar los profundos problemas culturales que tenemos y que ni siquiera nos permiten brindar con alegría un triunfo tan épico, tan inolvidable. Volviendo a la nota, el mismo Jalife cita al técnico: “Nos va a tocar perder, porque nos va a tocar perder. Pero eso no es un drama, como tampoco es tan dramáticamente importante ganar”. Esa frescura vimos en el último partido. No había drama en un resultado parcial que los demás veíamos tan trágico. De ser así, se nos hubieran caído. Pero siguieron. Y pudieron porque creyeron. La humildad de Scaloni no le ha impedido ejercer un verdadero liderazgo que hoy trasciende la cancha y el equipo. Cuando después del partido tuvo que interrumpir la pregunta de un periodista porque no podía ocultar su emoción y alguna lágrima, también estaba mostrando de qué se trata esa forma tan particular de liderar: sinceridad, sentimientos siempre a flor de piel. Así es cuando les grita y los empuja. Así es cuando se quiebra frente a una cámara de televisión. Así es como ha sacado estos resultados conduciendo un grupo de gente difícil en momentos y circunstancias que también venían muy difíciles para la selección antes de qué él llegara. Lo que estamos viviendo hoy es la consecuencia. No le fue fácil. Pero en la adversidad se encuentra el verdadero liderazgo. Se habla del “método Scaloni, un caso para estudio”. “Nos cambió la carrera y la vida”, dice Julián Alvarez. Rodrigo de Paul: “Ve seres humanos que juegan al fútbol. No solo profesionales”. Antes por Messi, ahora por casi todos ellos, empezamos a dudar si verdaderamente son humanos. Lo que han hecho adentro de la cancha es espectacular, sobrenatural. Que lo hayan hecho con sencillez, sin estridencias, con la fortaleza y la sabiduría de un campeón, es también parte del método Scaloni. Y eso es lo que nos hace, también con humildad, compartir sus emociones. La nota termina diciendo: “Los jugadores sienten el orgullo de la camiseta. Es un plus. Y más allá de haber logrado el título, entienden a la perfección lo que les marca el técnico: siempre podemos dar algo más. Y el mejor partido es el que está por venir.” Que así sea. *Abogada, líder del Partido GEN.










