Pluma invitadaLa tumba de Asturias en París proyecta a Guatemala y su cultura al mundo.

En el cementerio del Père-Lachaise de París, entre las tumbas de Chopin, Balzac y Édith Piaf, existe un monumento que Guatemala nunca ha terminado de reconocer como tal. Sobre la sepultura de Miguel Ángel Asturias se alza una réplica de la Estela 14 de El Ceibal, una de las piezas más importantes del mundo maya clásico. En la lápida quedaron inscritas, en numeración maya, las palabras “Gran Lengua de Guatemala, Unigénito de Tecún-Umán”. El conjunto forma una obra mortuoria cuidadosamente pensada. No se trata únicamente del lugar donde descansa un escritor.

Cuando Asturias murió en 1974, fueron sus compañeros de la Generación del 20 quienes eligieron esa estela para acompañarlo. Entendían perfectamente el significado de colocar un símbolo maya en el cementerio más célebre de Occidente. Con ese gesto afirmaban que la civilización que dio origen a Asturias ocupaba un lugar propio dentro de la historia universal. La estela hablaba por sí sola y no necesitaba traducciones ni explicaciones. Su sola presencia establecía una conversación entre Guatemala y el resto del mundo.

Hoy, el proyecto del Ministerio de Cultura para repatriar sus restos amenaza con deshacer esa obra irrepetible. El espacio que se propone construir en Guatemala puede ser digno y respetuoso. Nadie discute la importancia de honrar a Asturias en su país. Sin embargo, un mausoleo en Guatemala será visto principalmente por guatemaltecos. La estela maya en el Père-Lachaise ha sido contemplada durante medio siglo por visitantes de todos los continentes. Ha funcionado como una embajada cultural silenciosa cuya influencia ningún decreto ni inversión pública podrían reproducir.