Las pilas están presentes en muchos objetos de uso diario, aunque no suelen llamar la atención hasta que dejan de funcionar. Mandos a distancia, juguetes, relojes, linternas, cámaras o accesorios informáticos dependen de ellas para operar sin tener que estar conectados a la red eléctrica. Su tamaño reducido permite incorporarlas a dispositivos muy diferentes, pero no todas tienen las mismas dimensiones ni están pensadas para cubrir las mismas necesidades.

Su funcionamiento se basa en la conversión de energía química en eléctrica. En su interior se producen reacciones entre los electrodos que generan un flujo de electrones y, con ello, la corriente necesaria para alimentar el dispositivo. El principio general es parecido en los distintos tipos, aunque los materiales empleados pueden variar. Junto a estas características internas, el propio envase incluye una serie de letras que permite identificar el formato físico de cada pila.

En el caso de AA y AAA, estas denominaciones no corresponden a una marca ni indican por sí solas una tecnología concreta. Su función es diferenciar tamaños dentro de las pilas cilíndricas y asegurar que encajen en los compartimentos de los dispositivos. Ambas suelen ofrecer 1,5 voltios en sus versiones habituales, pero presentan diferencias en tamaño, peso y capacidad. Por eso, cada una tiene su propio uso en el ámbito doméstico y no deben intercambiarse si el aparato no está preparado para ello.