El principal acusado por el femicidio de Mercedes Errapán (32) dejó por escrito cómo pensaba matarla. En cuatro cartas manuscritas encontradas durante los allanamientos posteriores al femicidio, Sebastián Bonafé describió el ataque, la fuga que proyectaba emprender con la hija de la víctima y hasta los distintos escenarios que imaginaba si era alcanzado por la Policía. Días después, la autopsia, las cámaras de seguridad y las primeras pericias comenzaron a encajar como piezas de un mismo rompecabezas. Ayer Bonafé fue trasladado a la fiscalía para ser indagado por los fiscales Fernanda Sánchez y Martín Laius, pero el único acusado por el caso optó por quedarse callado. Tras la audiencia, el acusado fue imputado por homicidio triplemente calificado por el vínculo, ensañamiento y alevosía, además de secuestro coactivo agravado por haberse llevado cautiva a la hija de siete años de la víctima.

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Cuatro cartas. Los manuscritos secuestrados en la vivienda de Bonafé se transformaron en una de las pruebas más importantes del caso. En ellos no sólo anticipó el femicidio de Mercedes Errapán, sino que dejó asentado el recorrido que pensaba realizar para escapar de Junín, las alternativas que evaluaba si era descubierto y hasta instrucciones para su familia. En una de las cartas escribió: “Mi plan es matar a Mechi y a Jona (pareja de la víctima) e irme de Junín”. En otra fue todavía más lejos al plantear el escenario que imaginaba si las fuerzas de seguridad lograban localizarlo: “Si la Policía me encuentra hay dos cosas: o me disparan en la calle o mato a la nena”. Los escritos también muestran que el acusado modificó en varias oportunidades la fecha prevista para el ataque, hizo referencia a documentación, dinero y tarjetas bancarias que pensaba llevar durante la fuga e incluso pidió que las cartas fueran destruidas. En otro pasaje intentó desligarse de la denuncia por grooming que Mercedes había presentado pocos días antes y escribió: “Te juro que jamás filmé a la nena y siempre la respeté como si fuera mi hija”. Para los investigadores, esos documentos permiten sostener que el crimen fue planificado y no producto de una reacción espontánea. 12 heridas. Mientras las cartas muestran la preparación del ataque, el informe preliminar de autopsia comenzó a establecer cómo fue ejecutado. No hubo disparo Los forenses descartaron una de las primeras versiones que circularon tras el hallazgo del cuerpo: Mercedes no murió de un disparo. Los especialistas determinaron que recibió 12 heridas cortopunzantes, sufrió múltiples fracturas y un violento golpe en la cabeza provocado con un objeto contundente que, en principio, sería compatible con un hacha. La necropsia incorporó además un dato que hasta ese momento se desconocía: la mujer cursaba un embarazo de entre 22 y 24 semanas de gestación, es decir, alrededor de cinco meses y medio. Las cámaras de seguridad también permitieron reconstruir parte de la secuencia. Según la investigación, Bonafé ingresó durante la madrugada a la vivienda de Mercedes, permaneció allí varias horas y salió pocos minutos antes de las ocho de la mañana, horario en el que los peritos ubican el momento del femicidio. Fuga y secuestro. Después de cometer el crimen, Bonafé escapó con la hija de siete años de la víctima, cuya desaparición motivó la activación del Alerta Sofía y un amplio operativo de búsqueda en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. La persecución terminó horas más tarde en un cañaveral de Pergamino. Allí, cuando quedó rodeado por efectivos policiales, apoyó un cuchillo sobre el cuello de la niña y amenazó con matarla antes de entregarse. Tras una negociación, fue reducido y la menor fue rescatada ilesa.