Javier Milei quiere entrar en la historia económica de Argentina como el Presidente que logró, por fin, la independencia definitiva del Banco Central de la República (BCRA). De una vez y para siempre, y con castigos fuertes para el titular de la entidad y el directorio que lo violente. Su intención de reforma va incluso más allá de lo que siempre recomendó el Fondo Monetario Internacional (FMI); que simplemente (o no tan simplemente) reclama desde siempre la separación de poder monetario entre el gobierno nacional y el BCRA, en un movimiento para llevar la situación de la entidad a un estatus como el de Perú o Uruguay. Pero Milei quiere más. Y, nuevamente, sorprender a Kristalina Georgieva y su gente, con una reforma que supere con creces las recomendaciones clásicas del organismo financiero internacional para el país. El jefe de Estado lo hizo siempre. En enero de 2024, cuando les envió a los popes del FMI sus propuestas de superávit fiscal de más de 1,5% y no emisión monetaria para ese año, el organismo aceptaba con felicitación un equilibrio entre recaudación y gastos primarios. También lo hizo al negociar el año pasado el acuerdo de Facilidades Extendidas vigente, cuando corrigió hacia arriba las proyecciones de superávit, reservas y reformas estructurales, en tiempos en que hasta el FMI le pedía que no ajustara demasiado en gastos sociales. El Mandatario propone establecer responsabilidades penales contra los funcionarios