Cada 11 de julio se celebra en la Argentina el Día del Meteorólogo, una efeméride que reconoce el trabajo de los profesionales dedicados al estudio de la atmósfera y a la elaboración de pronósticos que impactan en actividades cotidianas y estratégicas para el país.
La fecha conmemora la creación, el 11 de julio de 1872, de la Oficina Meteorológica Argentina, el organismo impulsado durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento y dirigido por el astrónomo estadounidense Benjamin Apthorp Gould. Con el tiempo, esa institución se transformó en el actual Servicio Meteorológico Nacional (SMN), uno de los organismos científicos más antiguos de América.
Mucho más que pronosticar lluvias
Aunque su tarea suele asociarse con el pronóstico del tiempo que aparece en los medios o en las aplicaciones móviles, el trabajo de los meteorólogos va mucho más allá. Sus análisis permiten emitir alertas tempranas por tormentas severas, olas de calor, vientos intensos, nevadas o bajas temperaturas, información clave para reducir riesgos sobre la población y la infraestructura.
Los datos que producen también resultan indispensables para la aviación, la navegación marítima y fluvial, la planificación de campañas agrícolas, la gestión de recursos hídricos, la generación de energía y la prevención de incendios forestales, entre otras actividades.










