¿Será que lo mejor del mundo no cabe en la Tierra? Apenas se inició el mundial, pocos partidos después de las emociones que lo inauguraron –los goles de Messi, el posterior sufrimiento, superfluo pero válido y con lágrimas de verdad, por empezar las de Scaloni–, la alegría comenzó a resquebrajarse. Memes mala onda invaden las redes, hay bots despotricando de un lado y del otro, Messi fue cuestionado por un gesto medio inevitable, otros jugadores reivindicados, más atentos a las causas; likes al compromiso, enojados con la falta de compromiso… ¿Y los abrazos? ¿Los gritos? ¿Las empanadas? ¿El brindis? Si esto continua, el estado de Guerra del mundo, suspendido por un rato, con la alegría de buenas jugadas, de una emoción colectiva necesaria, simpática, sin demasiados ruedos (amén de los millones de ganancias de unos pocos), las camisetas se convertirán en banderas, y en lugar de sudadas, flamearán en las canchas belicosamente. ¿Y el festejo? ¿Y el juego? Hace ochenta años Ray Bradbury terminaba de publicar Crónicas marcianas; los cuentos suceden en Marte, ¡entre 1999 y finales del 2026! Es escalofriante leerlo, sobre todo la fecha que acompaña al último relato, “El picnic de un millón de años - octubre 2026”; es decir, los sucesos narrados en el cuento estarían sucediendo dentro de un par de meses. Así nos encontramos en el medio de la historia con un padre quemando sus papeles (las naves), mientras le habla a su hijo: “La vida en la Tierra jamás se propuso hacer algo bueno. Las guerras se hicieron cada vez más grandes y terminaron por arrasar la Tierra, está ardiendo ahora mismo una forma de vida.” Preocupado por la condición humana, Bradbury vislumbró la llegada a Marte como una alternativa a la destrucción, al tiempo que corroboró, mientras escribía, que nada se resuelve alejándose. Donde sea que vayamos, la destrucción nos acompañará. Sin embargo, muchos de sus personajes son niños que quieren seguir jugando. ¿No será que jugar es una forma de librarnos del odio, aunque haya un ganador? En palabras de Scaloni, después del partido con Egipto: “Yo prefiero perder así. No pasa nada”. O sea, no le hubiera importado perder habiendo jugado lindo.