Análisis Exclusivo suscriptores Los ataques de esta semana, junto con el fin del alto el fuego, ponen a prueba un acuerdo que nunca resolvió las causas del conflicto. Análisis.La nueva escalada entre Estados Unidos e Irán, con ataques cruzados, amenazas sobre el estrecho de Ormuz y el funeral del líder supremo Ali Jamenei, vuelve a elevar la tensión en Medio Oriente. Foto: EFE / AFP / IA10.07.2026 22:05 Actualizado: 10.07.2026 22:05

A tres semanas de que Estados Unidos e Irán anunciaron con bombos y platillos un acuerdo para poner fin a la guerra e iniciar un periodo de 60 días de negociaciones sobre el programa nuclear iraní y otros asuntos pendientes, los aires de paz atraviesan su momento más delicado luego de que Washington lanzó una ofensiva contra cerca de 80 objetivos militares iraníes que, según el Pentágono, respondían a una serie de ataques contra embarcaciones comerciales en el estrecho de Ormuz atribuidos a Teherán. LEA TAMBIÉN Paralelamente, la administración del presidente Donald Trump revocó la exención que permitía la venta de petróleo iraní, una de las principales concesiones económicas incluidas en el acuerdo de 14 puntos alcanzado el mes pasado.Irán, por su parte, respondió calificando los bombardeos como una violación del pacto y lanzó ataques durante dos días contra instalaciones militares estadounidenses en Bahréin y Kuwait, además de asegurar que derribó un dron MQ-9 de Estados Unidos.Desde Ankara, donde esta semana Trump participó en la cumbre de la Otán, el líder estadounidense puso en duda la continuidad del acuerdo y las negociaciones; sin embargo, el viernes, ya de regreso en Washington, confirmó que Estados Unidos seguirá adelante con las conversaciones, pero señaló que daba por terminado el alto el fuego.El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente sirio Ahmed al-Sharaa (izq.) Foto: AFPEl intercambio de ataques representa el desafío más serio de un acuerdo que desde el primer día mostró signos de fragilidad y vuelve a plantear la incógnita de si la guerra terminó realmente o simplemente entró en una nueva etapa.La tregua que nunca terminó de consolidarse entre EE. UU. e IránCuando Washington y Teherán anunciaron el acuerdo de cese de hostilidades, ambos gobiernos lo presentaron como el comienzo del fin de una guerra que durante casi cuatro meses mantuvo a Medio Oriente al borde de un conflicto regional de grandes proporciones.Irán nos ha pedido que continuemos las conversaciones. Hemos aceptado hacerlo, pero Estados Unidos les ha comunicado, sin lugar a dudas, que el alto el fuego SE HA TERMINADODONALD TRUMPPresidente de EE. UU.El pacto tenía cuatro objetivos concretos: detener los ataques entre ambos países, garantizar nuevamente la navegación por el estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca del 20 por ciento del petróleo que se comercia en el mundo; aliviar parcialmente algunas sanciones económicas contra Irán y abrir una ventana de 60 días para negociar un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear iraní y otros temas de seguridad regional. LEA TAMBIÉN Sobre el papel parecía un avance importante. En la práctica, sin embargo, dejó sin resolver los asuntos más difíciles.Las diferencias sobre el enriquecimiento de uranio, el futuro de las inspecciones internacionales, el alcance del alivio de las sanciones y la presencia de grupos aliados de Irán en la región quedaron pendientes y sujetas al avance de las negociaciones.Por eso, prácticamente desde el primer día comenzaron las fricciones. Washington acusó repetidamente a Irán de no garantizar la seguridad de la navegación por el estrecho de Ormuz, mientras Teherán respondió denunciando incumplimientos estadounidenses y cuestionando el ritmo con el que debían levantarse las sanciones.Esa tensión volvió a hacerse evidente esta semana. Los Guardianes de la Revolución afirmaron que los bombardeos estadounidenses afectan seriamente el tráfico por el estrecho de Ormuz —en donde hay 6.000 marinos bloqueados, de acuerdo con la Organización Marítima Internacional— y retrasan su reapertura total, mientras acusaron a Washington de intentar desviar la atención del funeral del líder supremo, Alí Jamenei.Funcionarios iraníes rezando junto a los féretros del fallecido líder supremo de Irán, Alí Jamenei. Foto: AFPParalelamente, los incidentes militares aislados y los ataques israelíes contra posiciones de Hezbolá en el Líbano, pese a la tregua vigente, mantuvieron elevada la tensión regional.“La tregua ofrecía una oportunidad para bajar la temperatura, pero no resolvía las causas del conflicto”, explica Sanam Vakil, directora del programa para Medio Oriente y el Norte de África de Chatham House, quien advirtió que ambas partes parecían estar utilizando el acuerdo para “comprar tiempo” mientras intentaban redefinir sus posiciones de negociación.La tregua ofrecía una oportunidad para bajar la temperatura, pero no resolvía las causas del conflictoSanam VakilDirectora del programa para Medio Oriente y el Norte de África de Chatham HouseLos acontecimientos de esta semana parecen confirmar ese diagnóstico.¿Por qué ninguno quiere volver a una guerra total?Paradójicamente, detrás de la nueva escalada hay razones de peso para pensar que ni Washington ni Teherán desean regresar a una guerra de gran escala.Para Trump, una campaña militar prolongada chocaría con uno de los pilares de su política exterior. Desde que regresó a la Casa Blanca ha insistido en que Estados Unidos debe abandonar las llamadas “guerras interminables” de Medio Oriente y concentrarse en la competencia con China y en los asuntos internos. LEA TAMBIÉN Además, un conflicto prolongado magnificaría las consecuencias económicas que se han sentido desde el primer día del conflicto.Tras los nuevos ataques y las declaraciones del mandatario estadounidense, el precio internacional del petróleo Brent volvió a subir cerca de un seis por ciento hasta superar los 78 dólares por barril y su equivalente estadounidense, el WTI, escaló hasta los 74 dólares, su nivel más alto en varias semanas.Aunque todavía se mantiene por debajo del pico registrado en los momentos más intensos del conflicto (por encima de los 100 dólares), el incremento revivifica el temor a nuevas presiones inflacionarias en un momento en que la Casa Blanca intenta consolidar una recuperación económica.Con las elecciones legislativas acercándose y el costo de vida convertido nuevamente en una preocupación para muchos estadounidenses, una nueva espiral de aumentos de los combustibles sería un problema político para Trump.Además, el impacto ya empieza a reflejarse en las previsiones económicas internacionales.El Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo esta semana su pronóstico de crecimiento para la economía mundial en 2026, del 3,1 por ciento previsto en abril al 3 por ciento, al considerar que las consecuencias del conflicto siguen pesando sobre la actividad económica (ver gráfico). En ese contexto, una nueva interrupción del tráfico en Ormuz o un repunte prolongado de los precios del crudo podría agravar aún más esas perspectivas.Embarcaciones ancladas en el estrecho de Ormuz en el sur de Irán. Foto: Agencia de noticias iraní ISNA/ AFPIrán tampoco tiene mucho que ganar con una confrontación prolongada.Su economía continúa golpeada por años de sanciones internacionales y depende en buena medida de recuperar las exportaciones de petróleo.La suspensión temporal de algunas restricciones había sido uno de los principales beneficios obtenidos con el acuerdo de cese de hostilidades. La decisión de Washington de revertir esa medida representa un golpe económico importante, pero también reduce los incentivos para mantener la moderación.A ello se suma un momento particularmente complejo para el régimen iraní tras la muerte de su líder supremo, Alí Jamenei, cuya sucesión, a cargo de Mojtaba Jamenei, aún está en curso y sigue redefiniendo los equilibrios internos del poder.43 millones de personasasistieron al entierro de Jamenei, según Irán.No obstante, el jueves, la república islámica enterró a Jamenei tras siete días de funeral en los que congregó a 43 millones de personas, exhibiendo una demostración simbólica de su poderío.Eso sí, los expertos advierten que Teherán necesita demostrar que puede responder militarmente a las presiones de Estados Unidos sin proyectar una imagen de debilidad ante su población y aliados regionales. Pero, al mismo tiempo, sabe que una guerra abierta con la principal potencia militar del mundo tendría costos muy superiores a cualquier ganancia estratégica. LEA TAMBIÉN Camino diplomático sigue siendo prioridadLa paradoja es evidente.Mientras los militares vuelven a intercambiar ataques, ninguno de los dos gobiernos ha cerrado del todo la puerta a la negociación.Eso sugiere que, más que una ruptura definitiva, ambas partes continúan intentando combinar la presión militar con la diplomática para fortalecer sus posiciones antes de regresar a la mesa.Esa posibilidad también es la que concentra el respaldo de buena parte de la comunidad internacional. Catar, que desempeña un papel de mediador durante la crisis, y la Unión Europea insisten en que la vía diplomática sigue siendo la mejor alternativa. En la misma línea, el secretario general de la ONU, António Guterres, pidió detener los ataques y retomar las negociaciones de paz.El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, principal negociador de ese país. Foto: EFEEl problema es que esa estrategia tiene límites.Cada nuevo ataque aumenta el riesgo de errores de cálculo, eleva la presión política sobre ambos gobiernos y dificulta justificar nuevas concesiones ante sus respectivas opiniones públicas.Después de tres semanas, la gran pregunta ya no es si Washington y Teherán quieren negociar. La verdadera incógnita es si podrán hacerlo antes de que un nuevo episodio termine por hacer añicos una tregua que, desde el comienzo, nunca fue tan sólida como se anunció.SERGIO GÓMEZ MASERI - Corresponsal de EL TIEMPO - Washington @sergom68 Sigue toda la información de Internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.