Iba a tratar este art�culo de la Cuba a la que Donald Trump devolver�a la democracia, como a Venezuela e Ir�n. Acababa tambi�n de leer Enero en Cuba, uno de los �ltimos libros de Max Aub. Cuenta en �l lo sucedido ese mes del a�o 1969, y entristece tanto como asombra.Pero en estas, hace unos d�as, ha muerto Aitana Alberti.Era hija �nica de Rafael Alberti, comunista y poeta como �l. Le pusieron ese nombre por ser el de la sierra alicantina, �ltima tierra espa�ola que avistaron, desde un avi�n, antes de dejar Espa�a hacia el exilio. Lograron subirse a aquel Dragon Rapide en el �ltimo momento. Fue el que apandaron Pasionaria y otros valientes jerarcas del partido. Al advertir que la pareja se les acoplaba, Ib�rruri, famosa por plagiar aquel �m�s vale morir de pie que vivir arrodillado�, coment� a los de su comitiva: ��Y estos dos picos de oro qu� hacen aqu�?�. Iban a reunirse con Stalin, el puto amo.AAlberti ha muerto en La Habana. Pudiendo haber vivido en cualquier otra parte, llevaba viviendo all� desde hac�a cuarenta a�os, supongo que por gusto, no porque no tuviera otro sitio peor donde caerse muerta.Las necrol�gicas que han aparecido en la prensa espa�ola se limitan a breves despachos de agencia, filtrados por Gramma, el peri�dico oficial del r�gimen cubano. Ignoro si el ministro de Cultura de Espa�a, tambi�n comunista, ha cursado alg�n telegrama de condolencias a alguien. Tambi�n si alguno de los amigos de los Alberti, comunistas y literatos como ellos, ha escrito su necrol�gica. No lo he visto. Cuando muri� Alberti padre, la hija impugn� su testamento, que favorec�a a su segunda mujer, a quien esos amigos trataron entonces como una piltrafa humana. �Buscona�, �lagarta�, �p�jara�, �viciosa�, �mamona�, �guarra, �querendona�, �lianta�, escribi� de ella el feminista Luis Garc�a Montero en la novela que la parodiaba con otro nombre.Lo cont� hace tres a�os la profesora Anna Caball�, que sali� al paso de un nuevo ataque de GMontero contra la viuda de Rafael Alberti y contra ella misma, por haber elogiado las memorias de esa mujer. La respuesta de la profesora fue tan demoledora que el director del Instituto Cervantes no volvi� a abrir la boca.A uno le da igual que GMontero sea o no valiente y un poeta mediocre. Puede ser lo que quiera, porque es estrecho colaborador y amigo (no imputado a�n) de Pedro S�nchez.Si se ha acordado uno de �l no ha sido por esa pol�mica tremebunda ni por la necrol�gica que quiz� haya escrito y yo no he le�do, sino porque por los mismos d�as en que muri� AAlberti, public� GMontero un art�culo titulado Memoria hist�rica.Trataba en �l de los jueces en su opini�n corruptos. Naturalmente, al igual que vienen haciendo PS�nchez, FBola�os, �L�pez y �Puente, no daba ning�n nombre (lo suger�a la foto del juez Peinado que acompa�aba su art�culo), pero fue otra frase la que llam� mi atenci�n: �Desde mi juventud maldigo a Stalin y todos sus disc�pulos. Llenaron la existencia de barbarie igual que Hitler y Mussolini. Eso tampoco puedo olvidarlo, y es algo que protagoniza ahora mi memoria hist�rica�.Desde su juventud yo creo que no. Le conozco desde hace cuarenta a�os.Finales de los a�os noventa del siglo pasado. La Habana. Luis Garc�a Montero y Almudena Grandes relatan a unos amigos el �gape privado al que han asistido la v�spera. El anfitri�n, Fidel Castro, disc�pulo de Stalin. Seducidos, fascinados, entusiastas. Uno de los presentes, t�midamente, objeta: �no lo consideran un dictador? Advirtiendo el terreno que pisan, se justifican de un modo extravagante...Eran los tiempos en que algunos editores espa�oles iban a La Habana a llevar libros de poes�a, que se cobraban en jineteras. Qu� buenos a�os.El propio Alberti lo resumi� como nadie en una dedicatoria de 1965. Figura en el pico del cuello de su camisa en la foto que le hizo David Seymor, Chim, en 1936. Luce en ella la condecoraci�n que le hab�a dado Stalin un par de a�os antes: �Para LubaEhrenburg en la belle �poque�. Eso fue para Alberti la Guerra Civil: �La belle �poque�. (Robert Brasillach llam� �Souvenirs de la belle �poque� a la ocupaci�n alemana en su Journal d'un homme occup�, que escribi� en prisi�n antes de ser fusilado por colaboracionista). Ehrenburg, tan amigo de Stalin como Alberti, y como de Alberti lo fue GMontero.Cuando cay� el muro de Berl�n Alberti se lament� eleg�aco: �Yo llevar� siempre a la Urss en mi coraz�n�.Y s�, GMontero arguy� que hab�an aceptado la invitaci�n de Castro �porque se trataba de una personalidad hist�rica�. Su interlocutor le record� que Pinochet tambi�n lo era, y no por ello se sentar�an a cenar con �l (�o s�, llegado el caso?).Se comprende, pues, que la primera tarea de la memoria hist�rica sea olvidar o mentir, para despu�s pasar al ataque. As� terminaba GMontero su art�culo: �Por rabieta meter�a todas las ma�anas a cuatro o cinco jueces en la c�rcel. Entonces le pido a la memoria hist�rica que me recuerde el horror de Stalin y de las revoluciones pervertidas�. Los meter�a en la c�rcel. Cuatro o cinco distintos cada d�a. Qu� b�rbaro. Igual acababa antes (por dar ideas) llev�ndoles de paseo. Del horror de los Castro y de su revoluci�n pervertida que ha destruido la vida de millones de cubanos, y de su belle �poque, ni una palabra.Aitana Alberti ha muerto en La Habana, y uno se dispon�a a escribir del diario de Aub sobre la belle �poque de Cuba, de la Cuba de ahora y de quienes hoy viven tambi�n en Espa�a su belle �poque.Pero habr� que esperar a la semana que viene.