La economía volvió al centro de las preocupaciones ciudadanas. Mientras los datos duros muestran que el empleo continúa debilitándose y el crecimiento no se asoma, Criteria revela que, en sólo tres meses, quienes creen que la posibilidad de encontrar o mejorar un trabajo es peor que hace seis meses aumentaron de un 23% a un 57%.Lo interesante es que esa mayor preocupación por el empleo y el crecimiento no está llevando a la sociedad, al menos en materia laboral, a validar una agenda de mayor flexibilización. Más bien, podría estar ocurriendo lo contrario. Si bien las personas quieren que la economía vuelva a crecer y que el empleo aflore, eso no significa que estén dispuestas a aceptar cualquier camino para lograrlo.Hace unas semanas preguntamos en Criteria si, para favorecer la creación de empleo, los encuestados estarían dispuestos a revisar algunos cambios laborales recientes. La respuesta fue consistente. La mayoría rechazó reducir derechos laborales, modificar la jornada de 40 horas o limitar futuras alzas del salario mínimo.A primera vista podría parecer una contradicción, pero quizás la explicación no sea únicamente económica. Tal vez tenga que ver con la forma en que la gente está experimentando la incertidumbre.Después de años de bajo crecimiento, pandemia, inflación, incertidumbre internacional y cambios tecnológicos acelerados, el futuro dejó de sentirse como una promesa y comenzó a experimentarse como una nueva fuente de riesgo. Cuando domina la incertidumbre, las personas dejan de perseguir oportunidades y comienzan a proteger aquello que sienten haber conquistado.Visto así, la demanda de protección, antes concentrada en la seguridad, comienza a extenderse al plano económico. Protección frente al delito, pero también frente a la pérdida del empleo, de los ingresos y del estándar de vida. Ese cambio de prioridades también redefine el escenario del gobierno. Aunque una mayoría considera que su desempeño económico ha estado por debajo de las expectativas, todavía existe un margen de tolerancia asociado a la herencia recibida.La pregunta es cómo utilizar ese margen. Si la ciudadanía valora simultáneamente el crecimiento y las protecciones que siente haber incorporado a su vida, insistir en que la solución pasa por retroceder en derechos laborales probablemente será leído como un aumento de la incertidumbre más que como una estrategia para generar empleo. Distinto sería construir una agenda de empleabilidad, inversión y productividad que aumente las oportunidades sin convertir esas certezas en objeto de negociación permanente.Quizás ahí radique una de las principales tensiones del momento económico. El crecimiento volvió a ser una aspiración compartida. Estos datos invitan a preguntarse si a la par disminuyó la disposición de la ciudanía a pagar su costo en mayor incertidumbre. En un contexto de mayor vulnerabilidad, las personas siguen aspirando a crecer, pero antes buscan conservar las certezas que sienten haber conquistado.Por Cristián Valdivieso, director de CriteriaNEWSLETTEROpiniónSábado, AMIdeas en tensión, miradas contrapuestas y un análisis claro: elementos para develar los temas que dividen opiniones y marcarán la agenda.Al suscribirte estás aceptando los Términos y Condiciones y las Políticas de Privacidad de La Tercera.