Creado paraSucre, Córdoba y Urabá Antioqueño, territorios que se recorren con los sentidos.El Salto del Sereno está ubicado en el municipio de Coloso, en Sucre. Un paisaje surrealista y dispuesto a ser visitado. Foto: Mónica Vargas León para EL TIEMPO10.07.2026 19:25 Actualizado: 10.07.2026 19:25

El encanto de Córdoba, Sucre y el Urabá antioqueño, en El país de la belleza, está en que son territorios donde el turismo no consiste en tachar destinos de una lista, sino en descubrir historias. En conversar con quien aprendió a tocar el bombardino de su abuelo; en caminar por senderos que hace algunos años parecían vedados por el miedo; en aceptar un plato servido con la misma receta de hace generaciones o en quedarse unos minutos más viendo cómo el sol termina de hundirse en el golfo.En una esquina de los Montes de María, en el municipio de Coloso, Sucre, un río azul turquesa rompe el verdor de las montañas para caer delicado pero impetuoso en el Salto del Sereno. A su alrededor, mamíferos, reptiles y pájaros de todos los colores hacen las delicias de la vista y de la escucha, con una sinfonía selvática que en lugar de asustar, arrulla.Algunos pueblos de Sucre llevan el colorido en sus calles y casas. Foto:Mónica Vargas León para EL TIEMPOLas aguas azulitas del Salto del Sereno, que corren en un sitio que de sereno tenía muy poco -fueron testigos del paso de unos y otros grupos armados-, en un territorio que es privilegiado por contar con la diversidad de los pisos térmicos, dispuestos a que se pueda sembrar de todo, y con la facilidad de la salida al mar. Un don que, como dijera el escritor Truman Capote, también fue su látigo.En los noventas, algunos hechos violentos en esta región pusieron a Colombia en los titulares de los periódicos del mundo, pero hoy, treinta años después, Sucre, Córdoba y el Urabá antioqueño ubican a El país de la belleza como un destino imperdible, tanto para locales como para extranjeros.Allí el turismo no se limita a la contemplación, sino que invita a escuchar, probar, caminar y conversar con quienes han convertido su cultura en el mejor paisaje.En el municipio de San Pelayo, Córdoba, el sonido del agua es reemplazado por el de los metales. Allí basta escuchar los primeros acordes de un porro para entender que este no es solo un ritmo musical, sino una manera de contar quiénes son sus habitantes.En las calles donde nació uno de los géneros más emblemáticos del Caribe colombiano, las bandas de viento siguen marcando el pulso de la vida cotidiana. Cada año, durante el Festival Nacional del Porro, cerca de 400 músicos interpretan una misma obra en la tradicional alborada, una escena que convierte la plaza del pueblo en una inmensa orquesta al aire libre y que ha hecho de San Pelayo la capital mundial del porro.Pero los paisajes y la música son apenas el comienzo del viaje. En Córdoba y Sucre la historia también se sirve en un plato hondo. El mote de queso, preparado con ñame, queso costeño y el inconfundible suero, resume siglos de encuentros entre la tradición zenú, la herencia africana y la cocina traída por los españoles.Los paisajes del Golfo de Morrosquillo invitan al descanso y la contemplación. Foto:Mónica Vargas León para EL TIEMPO.Alrededor también aparecen el bocachico recién salido del río Sinú, los bollos de maíz y de yuca envueltos en hojas, el arroz con coco y los dulces que saben a leche, panela y fruta madura. En estas tierras la gastronomía no acompaña el viaje, sino que es el viaje mismo.Y si los Montes de María enseñan que la montaña también puede abrazar al Caribe, el Urabá antioqueño demuestra que el mar todavía guarda lugares capaces de sorprender.Muy cerca, Arboletes invita a sumergirse en el célebre volcán de lodo antes de caminar por kilómetros de playas de arenas oscuras que contrastan con el azul del Caribe. Hacia el norte, San Juan de Urabá sorprende con manglares y una biodiversidad que convierte cada recorrido en una invitación a mirar con más calma. Allí el mar conversa con la naturaleza.Al viajar por estos departamentos, el souvenir no será solo el de las fotografías, sino el de los sonidos de una banda de viento difícil de olvidar, el rumor de una cascada escondida en los Montes de María, el aroma de un mote de queso recién servido y la certeza de haber conocido una Colombia distinta y dispuesta a ser descubierta y gozada por quien acepta la invitación de visitarla.Visite estos destinos y conozca más de ellos en el Foro Internacional de Turismo 'Colombia, un mundo mágico por explorar', que realizará el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, Fontur y la CASA EDITORIAL EL TIEMPO. Inscríbase en https://www.eltiempo.com/mas-contenido/colombia-un-mundo-magico-por-explorar-3569580 y haga parte de este relevante encuentro para el sector. MÁS CONTENIDO*. Un proyecto de Contenidos Editoriales Especiales de EL TIEMPO con el auspicio del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. Sigue toda la información de Más Contenido en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.