El actual mundial de fútbol ha puesto de manifiesto el autoritarismo del Presidente Donald Trump, violando las reglas de la FIFA, mediante la desmedida xenofobia y la corrupción, bajo el signo de los precios explosivos de las entradas, la expulsión del mejor árbitro africano, Omar Artan, en razón de su nacionalidad somalí, la discriminación de jugadores, hinchas y periodistas, generando 9 millones de toneladas de CO2, 4 veces más que los juegos Olímpicos de Paris. El fútbol, como la cultura, ilustra la conversión de los Estados Unidos al iliberalismo, que erige en principio la guerra interior y exterior y acepta las elecciones en democracia, pero rechaza o debilita las libertades individuales y las instituciones liberales que protegen a las minorías, y limitan el poder del Estado o de la mayoría. Trump ha popularizado el MMA, deporte que combina violentamente boxeo, jiu-jitsu y lucha, dentro de una jaula octogonal llamada “octágono”. Inspirado en valores como la fuerza, la masculinidad, la competencia y “ganar a toda costa”, Donald Trump como Presidente ha perdido a sus 80 años 3 guerras frente a Iran: económica, comercial y militar, enarbolando la ideología MAGA (Make America Great Again).