B�cquer Segu�nActualizado Viernes,
julio
00:18Todo empez� a mediados de marzo. Tras varias semanas de runr�n online, la editorial Hachette decidi� cancelar la publicaci�n de Shy Girl, una novela de terror escrita por la autora estadounidense Mia Ballard, por haber utilizado la IA en su creaci�n. Fue la primera vez que una de las grandes editoriales comerciales retiraba una novela por el uso de IA. Luego, a finales del mismo mes, el New York Times apart� al cr�tico brit�nico Alex Preston despu�s de que salieran a la luz evidencias de que hab�a plagiado partes de un art�culo de The Guardian en una rese�a. Preston admiti� que hab�a recurrido a la ayuda de la IA para escribirla. Ya en mayo, la p�gina web de la prestigiosa revista literaria Granta public� un cuento de un escritor trinitense llamado Jamir Nazir que hab�a sido galardonado con el Premio Commonwealth. Pocos d�as despu�s, las sospechas de que hab�a sido escrito con IA eran tales que la revista emiti� un comunicado aclarando que el premio no lo otorgaban ellos. A su vez, la Nobel de Literatura Olga Tokarczuk insinu�, durante una intervenci�n en el foro Impact de Poznan, que hab�a utilizado la IA en la escritura de su pr�xima novela.Cada uno de estos casos representa una forma diferente de afrontar el mismo esc�ndalo. Ballard desplaz� su responsabilidad ech�ndole la culpa a la asistente que le editaba la versi�n impresa de la novela –ahora, supuestamente, est� buscando recursos legales para actuar contra ella–. Preston se arrepinti� de inmediato y pidi� disculpas por lo que reconoci� como �un grave error�. Nazir ha rechazado, hasta el momento, cualquier insinuaci�n de haber usado IA, lo que no ha calmado las sospechas que ahora giran en torno a su propio manejo del ingl�s oral. Mientras tanto, Tokarczuk aclar� unos d�as despu�s que hab�a usado la IA s�lo en el proceso de investigaci�n, no en el de creaci�n.Los paradigmas de c�mo reaccionar ante semejantes acusaciones se escriben solos. Hay quienes las frivolizan, y quienes desplazan su responsabilidad. Hay quienes han intentado colar algo que no era suyo por pereza, por flaqueza o por falta de ideas. Hay quienes han sido pillados con las manos en la masa, y tambi�n quienes se anticipan al momento de que les pillen. Hay quienes han actuado con seriedad a la hora de investigar las acusaciones, y quienes han prevaricado. Y luego est�n los honestos, que no tienen ninguna garant�a de que vayan a poder encarrilar sus carreras literarias. Tokarczuk s� las tiene. Y aun as� ha anunciado que su siguiente novela ser� la �ltima. Su justificaci�n no est� exenta de iron�a: seg�n ella, a los lectores ya no les interesa leer literatura demasiado compleja.Me pregunto si su verdadera motivaci�n no ser� otra. Si tiene menos que ver con la inclinaci�n simplista de los lectores que con las amenazantes horcas que estos empu�an. Esas horcas se levantan ante cualquier expresi�n supuestamente indicativa del uso de IA: la construcci�n �no esto, sino lo otro�, el guion largo, las met�foras que suenan bien pero no significan nada, o la trillada �regla de tres�, que evito aqu� de forma deliberada. Por ahora, la creciente desconfianza p�blica se ha limitado a quienes carecen de una marca preestablecida. Pero en un futuro pr�ximo esa desconfianza podr�a extenderse a firmas consagradas.Primero como tragedia, despu�s como farsa. La sospecha por utilizar IA ha adoptado una forma reconocible. Empieza con la circulaci�n de alegaciones en redes. Luego aterrizan los autoproclamados investigadores y justicieros. Siguen los pantallazos, los hilos, las videoexclusivas. La campa�a llega hasta tal punto que el acusado u otro implicado en la trama decide publicar una declaraci�n al respecto. No le suele ir bien. En algunos casos el fanatismo llega a tener implicaciones materiales. Ha pasado muchas veces en los �ltimos a�os cuando alguien ha dicho lo indecible. Y ahora est� ocurriendo con la IA. El nuevo horizonte de la cancelaci�n ya est� aqu�.Los problemas ya los conocemos. La letra escarlata. La destrucci�n de la reputaci�n. Las consecuencias profesionales y materiales. Y, por supuesto, el amordazamiento del debate. Pero a estos se suman nuevos problemas y nuevas contradicciones. Por ejemplo: las herramientas que usamos para detectar IA son falibles. Y, en cualquier caso, se basan en nuestros propios escritos, con lo que producen un efecto espejo. Adem�s, quienes acusan a otros de recurrir a la IA para escribir literatura utilizan la propia IA para detectar su uso. Es m�s, participan involuntariamente en la creciente contraindustria de mercanc�as anti-IA; todas impulsadas, por supuesto, por la IA. La conocida Pangram es, por ser la m�s conservadora de todas, la que suele emplearse en estos casos. Con empresas que se lucran de nuestro fanatismo anti-IA, los verdaderos anti-IA acaban siendo los m�s perjudicados.Si la caza de brujas refleja a la sociedad que la consiente, la IA lo hace por partida doble. Porque ese fraseo que supuestamente indica el uso de IA procede de nosotros mismos. Hemos decidido, como sociedad de escritores, que ciertas estructuras sint�cticas, construcciones sem�nticas y peculiaridades ling��sticas funcionan mejor que otras. Y, como la IA se nutre de lo que hemos escrito, no ha de sorprender que reproduzca las formas de escribir que m�s valoramos. Me arriesgo con una conjetura: muchos de los escritores a los que en los pr�ximos meses se les pillar� usando IA ser�n los mismos que fueron celebrados hace unos a�os. Los escritores que intenten ce�irse a las modas literarias de turno se ver�n m�s perjudicados que nunca. La caza de brujas, por lo tanto, no reflejar� la �tica de quienes intentan aprovecharse del sistema, sino todo lo contrario: reflejar� el sistema fetichista que hemos montado para controlar lo que cuenta como escritura literaria.Ser esc�ptico es sano. Y yo desde luego lo soy con la IA. Como profesor, he visto c�mo la IA y sus forofos dentro de las administraciones universitarias han hecho imposible ense�ar a un estudiante a escribir un ensayo. Como ciudadano, he visto hasta qu� punto el fanatismo por la IA ha convertido en ac�rrimos creyentes a algunos y ha dado luz verde a otros para que dejen de pensar por s� mismos. Pero precisamente por los tiempos de locura con la IA en los que vivimos, no hemos de bajar nuestras defensas ante argumentos que supuestamente van a nuestro favor. Lanzar acusaciones p�blicas contra escritores a partir de pruebas tendenciosas es irresponsable. Punto.Para entender la situaci�n en la que nos coloca la IA, vendr�a bien conocer el concepto del �humanismo del restante�. Acu�ado por Leif Weatherby, germanista de la Universidad de Nueva York, el humanismo del restante es la tendencia a definir lo humano como aquello que la tecnolog�a todav�a no puede hacer. Por ejemplo: hasta que Deep Blue venci� a Garry Kasparov en 1997, el ajedrez se ve�a como algo fundamentalmente humano. Ahora, en la cultura popular, el ajedrez se percibe m�s como una t�cnica conquistada que como un deporte. Y as�, a medida que pasen los a�os y avance la tecnolog�a, lo que cuenta como humano se ir� contrayendo de forma progresiva. Porque lo humano se define negativamente frente a la tecnolog�a.Con la escritura y la IA ocurrir� algo parecido. Lo que cuente como escritura �humana� ser� lo opuesto a lo que sea la escritura IA en ese momento. Por eso vemos cada vez m�s apps que prometen �humanizar� la escritura con IA introduciendo �errores humanos�. Como la escritura IA se basa en la nuestra, esto se convertir� r�pidamente en un c�rculo vicioso. Para Weatherby, el problema es may�sculo. Lo humano tiene que ser algo m�s –mucho m�s– y no ha de depender de lo que pueda hacer la tecnolog�a en cada momento. Y, queramos reconocerlo o no, el slop (el contenido digital de baja calidad creado con IA) tambi�n forma parte de lo humano.B�cquer Segu�n es profesor de la Universidad Johns Hopkins







