La pelea entre Javier Milei y la Iglesia por la justicia social no empezó en Tucumán ni nació con García Cuerva. En realidad, es la versión argentina de una discusión que atraviesa al pensamiento político moderno: ¿una sociedad justa es aquella que respeta las reglas del juego, aunque produzca enormes desigualdades, o aquella que modifica esas reglas para proteger a quienes quedan en peor situación? Esa fue, en esencia, la disputa entre Friedrich Hayek y John Rawls. El primero sostuvo que el mercado no puede ser injusto porque nadie decide sus resultados: son millones de intercambios libres que forman un orden espontáneo. El segundo respondió que el problema no está en quién produce cada desigualdad, sino en quién diseñó las instituciones que permiten que esas desigualdades existan. Mientras Hayek defendía una sociedad libre aunque desigual, Rawls criticaba esa concepción y se preguntaba si esas reglas serían aceptadas por alguien que no supiera si iba a nacer rico o pobre. Pero vamos al disparador de este debate en nuestro país. Javier Milei llegó al poder prometiendo una batalla cultural contra ideas que consideraba responsables del atraso argentino, y entre ellas convirtió a la justicia social en su principal adversario conceptual. Pero el 9 de julio ocurrió algo inesperado: desde la Catedral Metropolitana, Jorge García Cuerva colocó nuevamente ese concepto en el centro del debate. El verdadero conflicto remite a dos maneras de entender la sociedad: una que ve al mercado como un orden espontáneo que debe ser protegido de la intervención política, y otra que sostiene que ninguna economía puede considerarse justa si pierde de vista la dignidad humana. Milei intentó instalar, tras el acto en Tucumán el 9 de julio, una nueva etapa de su gobierno con definiciones sobre su agenda de reformas, entre ellas cambios en el Banco Central y un renovado impulso a su agenda legislativa. Sin embargo, el centro de gravedad de la jornada terminó desplazándose varios cientos de kilómetros, hacia la homilía de Jorge García Cuerva, en la que, sin mencionar al Presidente por su nombre, interpeló directamente el clima político y social del país. Como ya había ocurrido en el Tedeum del 25 de Mayo, el mensaje eclesiástico eclipsó el mensaje presidencial. No fue esta vez la oposición, la Justicia, ni los gobernadores. Fue nuevamente la Iglesia el contrapunto al programa del oficialismo.
Día 941, García Cuerva y una clase de filosofía para Milei
La confrontación entre Javier Milei y la Iglesia por la justicia social expone dos visiones opuestas sobre el papel del Estado, el mercado y la igualdad, en una discusión que remite al histórico contrapunto filosófico entre Friedrich Hayek y John Rawls.







