Después de cinco meses de relativa estabilidad, el dólar volvió a moverse y encendió las primeras luces de atención en el mercado. El tipo de cambio mayorista alcanzó los $1.492, con una suba del 5,8% desde fines de mayo, mientras que el contado con liquidación avanzó hasta los $1.573.
¿El aumento representa una señal de alarma? Para el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), la respuesta es, por ahora, negativa. El movimiento sería más parecido a un reacomodamiento frente a un escenario internacional menos favorable que al comienzo de una nueva crisis cambiaria.
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El informe elaborado por Maximiliano Gutiérrez, responsable del área Monetaria y Cambiaria del instituto, destaca que el dólar mayorista todavía se encuentra un 18% por debajo del techo del esquema de bandas, ubicado en $1.815. Además, medido en términos reales, el tipo de cambio apenas regresó a los valores de marzo y continúa un 10,3% por debajo de los niveles de comienzos de año.
Desde esa perspectiva, el avance de la cotización no implicaría un quiebre de tendencia. Por el contrario, una mayor flexibilidad cambiaria puede funcionar como amortiguador frente a los shocks internacionales y evitar que toda la presión externa recaiga sobre las reservas o las tasas de interés.







