Pronto habrá elecciones internas en el Partido Socialista, y no sería ninguna sorpresa que la disputa entre Daniella Cicardini y Paulina Vodanovic se traslade a la presidencia del conglomerado. Ahí el choque se vuelve más serio

No sabemos el contenido exacto de la discusión entre Paulina Vodanovic y Daniella Cicardini en el hemiciclo, pero no hay dudas de que estuvo aliñada. Lejos de ser una escaramuza puntual sobre el proyecto de Reconstrucción Nacional que discute el Senado, el encontrón cristaliza una tensión creciente al interior de la tienda. Esta se expresó con fuerza en marzo, apenas unos días después de que asumieron las dos senadoras. Desde ahí han protagonizado una gresca por capítulos, una novela por entregas, como si a las dificultades de ser oposición en inferioridad numérica fuera necesario agregarle la de pelearse en público y en privado. En ese momento, Cicardini pidió la renuncia del recién nombrado ministro de Hacienda, sin encontrar respaldo en Vodanovic, lo que gatilló su indignación y sus frecuentes videos, tuits y emplazamientos en la prensa, generalmente en tándem con el diputado Manouchehri.

¿Hay alguna agenda sustantiva detrás de las asonadas de la senadora por Atacama? Por ahora, brilla por su ausencia. Las apariciones están salpicadas de hipérboles: la subida de las bencinas es un bencinazo, negociar con el gobierno es colusión, la presidenta de su partido es mentirosa, la posición ajena es un dogma casi religioso, y así. Fiscalizar al gobierno con cámaras alcanza para unos likes, y probablemente le granjee votos, pero no logra lavar la sensación de vacío que sigue a cada intervención.