A contraluzFilgua es una ventana al maravilloso mundo de la imaginación y las ideas.
Por esas casualidades de la vida, un señor dejó recomendada en mi casa una caja de cartón allá por los años 60 del siglo pasado. Como nunca la llegó a recoger, un día decidí abrirla para saber qué contenía. De ella salieron libros y libros, como El Mío Cid, Hombrecitos y Los viajes de Gulliver.
A falta de televisión —debía pagar un centavo en la vecindad para ver caricaturas—, mi universo lo poblaron las criaturas más extrañas que salían de la imaginación de Jonathan Swift. En especial, los Houyhnhnm, los cultos caballos que debían soportar a los yahoo, seres humanos codiciosos y salvajes que se peleaban entre sí por unas piedras que brillaban, pero no servían para nada. A mis 10 años, ¿qué iba a saber yo que, lejos de ser literatura infantil, esa novela satirizaba a la sociedad inglesa de principios del siglo XVIII?
En aquellos tiempos, los libros no eran tan accesibles como ahora, cuando hay abundancia de literatura, principalmente en la web, o cuando se organizan fiestas literarias, como la Feria Internacional del Libro (Filgua 2026). Tal acontecimiento atrae miles de nuevos lectores, pero las redes sociales tienden a atrapar a millones más que se convierten en analfabetos funcionales digitales. Saben teclear y usar la interfaz, pero tienen graves carencias para comprender textos complejos o redactar con coherencia.








