Son como la luna y el sol y, sin embargo, ambas podrían convivir perfectamente en el mismo firmamento. Tanto, que parece que las dos controlan sus respectivos astros cada vez que sostienen el micrófono. La primera de ellas, Lorde, jamás había actuado en Madrid hasta este preciso día. No es casualidad, por ende, que el sol se resistiese a abandonar el cielo mientras la artista permaneciera sobre el escenario del Mad Cool, como si el único motivo de su existencia se justificase con iluminarla durante este concierto. Florence and The Machine, en cambio, ya conocía de sobra la luna de la ciudad, por lo que el escondite del satélite no hacía más que añadir misterio a la noche.
Aun así, también había planetas pululando por la segunda jornada del festival: Jennie, esta vez sin sus compañeras de Blackpink girando a su alrededor, llegaba dispuesta a poner el broche k-pop ante su enorme séquito de fans; Teddy Swims, por su lado, buscaba demostrar que el soul que triunfa en TikTok también puede hacerlo en directo; Charlie Puth, por su parte, que “debería ser un artista más grande”, y Zara Larsson, por la suya, que no hay fiesta si no hay pop chicle de por medio. Y cada uno de ellos ha intentado acometer su propósito a su manera —algunos con más fortuna que otros—, pero la sombra de un eclipse se ha cernido sobre ellos en el que ha sido el Mad Cool de Lorde y Florence Welch.
