Kristin Cabot, una mujer anónima hasta hace un año, nunca pensó que su vida se vendría abajo por un vídeo de 16 segundos. El 7 de julio de 2025, la exdirectora de recursos humanos en Astronomer acudió al concierto de su banda favorita, Coldplay, junto a uno de sus colegas del trabajo. Pero uno de los mejores momentos de su vida pronto se convirtió en una pesadilla cuando la kisscam los enfocó a ella y a su entonces jefe Andy Byron, abrazados. Su reacción ―ella se tapó la cara y él se agachó―, y el comentario de Chris Martin ―dijo: “O están teniendo una aventura o son muy tímidos”―, hicieron que ese momento, bautizado como el Coldplaygate en las redes sociales, se hiciera viral en todo el mundo: acumula más de 130 millones de reproducciones. A partir de ese momento se vino una avalancha que los llevaría a recibir acoso masivo por participar en una infidelidad mediática y a perder sus trabajos. Pero, pese a que Cabot aclara que no fue infiel, ella sigue sufriendo las consecuencias de la cultura de cancelación: la exclusión de la vida pública. Aún no tiene trabajo, vive de ahorros, sigue recibiendo acoso y no ha retomado su vida amorosa.Kristin Cabot, de 53 años y madre de dos hijos, está haciendo un esfuerzo enorme por reintegrarse y dejar este episodio atrás. El pasado 19 de junio asistió por primera vez desde la experiencia traumática a un concierto, al del cantante Jack Johnson. Un evento tranquilo “sin nada de pantallas gigantes, solo una que lo mostraba a él”, contó al Boston Globe el pasado 25 de junio. Pero aun así ella no pasó desapercibida y una persona que la reconoció se acercó para decirle: “¡Vaya, has vuelto al mundo de los conciertos!” y ella pensó: “Cállate”, recordó en la conversación con el periódico estadounidense. “Sigo siendo un desastre, pero estoy mejor. Simplemente me siento muy retraída, algo que no me gusta. Esa no soy yo. Pero ya llegaré ahí”, contó al Boston Globe durante una conversación junto a Sherry Hakimi, directora ejecutiva de una organización que ayuda a personas que enfrentan acoso en línea y que fundó tras recibir amenazas de muerte en las redes sociales a raíz de una reunión con el entonces secretario de Estado estadounidense Antony Blinken, para hablar sobre las protestas lideradas por mujeres en Irán.Después de que se viralizara el vídeo de ella y su exjefe en Astronomer, a Cabot le aconsejaron guardar silencio y esperar a que pasara la tormenta mediática y en redes, pero no funcionó. Los usuarios en internet rápidamente rastrearon a los implicados y los expusieron: ambos estaban casados y con hijos. Días después, Andy Byron y Cabot renunciaban a sus cargos en la compañía tecnológica. El primero en romper el silencio fue el entonces esposo de Cabot, después de que a principios del pasado septiembre, dos meses después del concierto, se conociera que ella había solicitado formalmente el divorcio. Unos días después, él dijo que ya estaban separados semanas antes del momento del concierto y acababa así con los rumores de infidelidad, al menos por su parte. Pero aun así, el panorama no cambió. Para diciembre, ella habló por primera vez en una entrevista con The Times y contó que seguía recibiendo acoso por internet y en persona, amenazas de muerte y que no había podido encontrar un trabajo. Ni esas declaraciones frenaron a los cibernautas.En otro esfuerzo por recuperar el control de su vida, y asesorada por Dini von Mueffling ―la consultora de comunicación que ha trabajado con Monica Lewinsky o Virginia Giuffre―, apareció en el podcast de Oprah Winfrey el pasado 17 de marzo. Ahí reiteró que estaba separada de su entonces esposo y que su exjefe también le aseguró que estaba separado de su esposa. Algo que no se ha confirmado o desmentido, porque Andy Byron no ha roto el silencio ni ha vuelto a aparecer. Con él ya no tiene relación porque “no todo lo que le dijo era verdad”. En el episodio también acusó a las empresas de “lucrarse con su dolor” y compartió su decepción con Chris Martin y Gwyneth Paltrow por no frenar, no acercarse a ella y seguir participando en el momento viral. Él siguió hablando del episodio en sus conciertos y ella hizo una campaña con Astronomer para abordar el incidente con humor.Cabot ha recibido todo tipo de comentarios y amenazas, la han calificado de “cazafortunas”, “la otra”, “rompe hogares” y otros estigmas habituales para humillar a las mujeres, contó en el programa de Winfrey. Atacaron su físico y la acusaron de llegar a su puesto por “acostarse con el jefe”. Durante meses llegó a recibir hasta 600 llamadas telefónicas diarias, además de que los paparazis no dejaban su hogar y la gente pasaba gritando cosas ofensivas o la abordaban directamente en lugares públicos para agredirla verbalmente a ella y hasta a sus hijos o a su peluquero. “Me hago responsable de mi mala decisión y por eso dejé mi trabajo, pero no merecía el odio”, dijo. Después de 11 meses de terapia, Kristin Cabot comienza a retomar sus actividades: va a la playa, sale a comer a restaurantes y asiste nuevamente a los eventos escolares de sus hijos. “Las amenazas de muerte han parado, aunque no hace mucho”, dijo al Boston Globe el pasado 25 de junio. Pero su realidad sigue siendo muy distinta a la que era antes: todavía la abordan en público. Un escenario que le provoca ansiedad porque nunca sabe si será un comentario positivo o negativo. Hace un par de semanas, cuenta, una mujer se le acercó en el aeropuerto a decirle: “Las chicas de Randolph te apoyamos”. También ha afectado su vida amorosa: aún no está lista para dar ese paso. “No sé si a la gente le parecerá gracioso salir con ‘la chica de Coldplay’, si es que me reconocen”, comentó al Boston Globe. La parte más difícil, contó al periódico estadounidense, ha sido el impacto negativo en su carrera profesional, tampoco tiene empleo. Actualmente está en proceso de selección de dos puestos de alto nivel, pero que no tienen nada que ver con su antiguo puesto de directora de recursos humanos en Astronomer, un campo que le apasionaba, contó a la publicación. Mientras tanto, ha estado “agotando el dinero para la universidad y la jubilación” para mantenerse a ella y a sus hijos.Cabot quiere darle la vuelta a esta polémica y usar la “plataforma imprevista” que tiene y “dedicar su energía” para transformar el peor episodio de su vida en algo positivo. Ahora forma parte como asesora en Pith.org, la organización de Sherry Hakimi sin ánimo de lucro que ayuda a personas que enfrentan acoso en línea. “Aquello fue un desastre de proporciones épicas, y lo peor que podría pasar es que yo simplemente volviera a hacer lo que hacía antes, como si nada hubiera ocurrido”, comentó al Boston Globe. “Hablar del asunto e intentar generar un impacto me ayudará a sanar”.En su círculo cercano también está Monica Lewinsky, a quien conoció en la misma agencia de relaciones públicas a la que se unió la activista tras recibir acoso después de hacerse público el romance que mantuvo con el presidente Bill Clinton. “Ella me apoyó muchísimo y me dio la esperanza de que las cosas podrían volver a la normalidad. Me decía: ‘Ya verás, esto mejorará”, contó Cabot al Boston Globe. “A toda esa gente en internet que dice: ‘A nadie le importa, vete’, no voy a hacer eso, y son ellos los que me han puesto aquí”, dijo. “Mi objetivo es que me reconozcan en el aeropuerto y digan: ‘Ah, la vi hablar sobre algo que me dio muchas ideas nuevas sobre cómo interactúo con la gente o cómo juzgo”.
Un año del ‘Coldplaygate’, una supuesta infidelidad de la que Kristin Cabot no se recupera: sigue sin empleo y vive de ahorros
La exdirectora de recursos humanos en Astronomer no ha podido reintegrarse después de que internet la señalara y la acusara de “rompehogares”. Algo que ella y su exesposo han negado. Ahora, para mantenerse, ha estado “agotando el dinero para la universidad y la jubilación”







