La casa de la pradera es historia de la televisión. Se emitió entre 1974 y 1983 en Estados Unidos y, en una televisión donde tres canales dominaban la práctica totalidad de la audiencia, se convirtió en sinónimo de ficción para toda la familia. Abuelos, padres e hijos encontraban en este híbrido entre western, drama familiar y radiografía de los cimientos del país tramas con las que hablar del racismo, la pobreza o el alcoholismo. La serie, desarrollada por la guionista Blanche Hanalis a partir de los libros y vivencias de Laura Ingalls como pionera, obedecía las creencias de Michael Landon.El actor que interpretaba a Charles, el patriarca, se aseguró de convertir la fe en un elemento vertebral de la historia como guionista, director y productor. Pero, como la televisión de antes es poco amiga de los revisionados, el público actual posiblemente no ha visto ni un minuto de un título tan icónico. Netflix ha visto esta circunstancia como una oportunidad para postular el remake como su gran apuesta veraniega.El póster de la serie.NetflixCharles Ingalls (Luke Bracey) vive en la montaña, en un bosque frío y hostil donde las oportunidades escasean. Quiere más para su familia, que incluye a su mujer Caroline (Crosby Fitzgerald) y a sus hijas Laura (Alice Halsey) y Mary (Skywalker Hughes). Por suerte para él, su esposa confía en él y acepta convertirse en pionera y mudarse a la frontera siguiendo la promesa de tierras por ocupar, pastos infinitos y una nueva comunidad. Al llegar allí, sin embargo, descubren que el sueño no es tan simple ni tan claro.Casi mueren al cruzar el río. Hay lobos. Al estar en un lugar remoto, los artículos de la única tienda tienen precios prohibitivos. Los anuncios de las tierras no eran muy sinceros. Desconocen a los vecinos. Y, para rematar, descubren que la tierra que les vendieron pertenece a los nativos. Si quieren prosperar y sobrevivir, les tocará luchar, estar unidos como familia y colaborar a construir una nueva comunidad.Lee tambiénUno de los aspectos más inesperados es quién está detrás de la nueva adaptación: Rebecca Sonnenshine, una guionista que no está precisamente relacionada con la ficción familiar. Se formó en el drama sobrenatural juvenil The Vampire Diaries, después pasó a la sátira superheroica e hiperviolenta de The Boys, creó la serie de terror Archivo 81 y este año firmó el guion de un taquillazo como La asistenta.Esto no implica necesariamente que la mirada de los libros de Laura Ingalls sea disruptiva: la intención es crear un drama para todos los públicos sin infantilizar el tono o el entorno semi-salvaje y que incluya más abiertamente las minorías en el relato. Si La casa de la pradera original ya tenía episodios centrados en los nativos americanos, ahora directamente hay una familia con un papel principal formada por Wren Zhawenim Gotts, Alyssa Wapanatâhk y Meegwun Fairbrother.Wren Zhawenim Gotts y Meegwun Fairbrother, dos actores que muestran la sensibilidad hacia la comunidad nativa.ERIC ZACHANOWICH/NETFLIXHay quienes esperan el estreno del remake para analizar hasta qué punto la mirada se adapta a los nuevos tiempos y traiciona el espíritu de Ingalls, a pesar de que Melissa Gilbert, la primera Laura Ingalls televisiva, defendió que La casa de la pradera de los años setenta ya reflexionaba sobre problemáticas sociales: “Cubrimos todo lo que todavía pasa en el mundo. No es mi trabajo defender la palabra woke pero, en mi cabeza, solo significa compasión para todos”.Lo interesante, sin embargo, es cómo en su arranque alimenta el mito conservador original de los Estados Unidos: la idea del hombre libre y sin estado, que solo puede sobrevivir a base de la propia fuerza y de los lazos con su comunidad inmediata. Es el mismo discurso sobre el que se sostenía The Madison de Taylor Sheridan con Michelle Pfeiffer esta misma primavera, donde la inexistencia de una atención primaria cercana no era importante en comparación con la belleza del paisaje, la libertad individual y el apoyo de los vecinos.
'La casa de la pradera', la gran esperanza familiar de Netflix para este verano
Alimenta el mito conservador original de los Estados Unidos: la idea del hombre libre y sin estado, que sobrevive a base de la propia fuerza y de los lazos con su comunidad inmediata















