El 9 de julio de 1816 marcó el punto de inflexión definitivo para la actual República Argentina. Aquel martes de invierno, los diputados reunidos en el Congreso de Tucumán firmaron el Acta de la Independencia, declarando formalmente la ruptura de los vínculos de dependencia política de las Provincias Unidas del Río de la Plata con la monarquía española y cualquier otra dominación extranjera. La sesión, presidida por el sanjuanino Francisco Narciso de Laprida, comenzó temprano en la casona de Francisca Bazán de Laguna. Tras intensos meses de discusiones complejas, el secretario Juan José Paso preguntó a los congresistas si deseaban que las provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los reyes de España. La respuesta afirmativa fue unánime. El contexto en el que se gestó la declaración era de extrema fragilidad. El panorama internacional mostraba una restauración absolutista feroz en Europa, con la vuelta al trono del rey Fernando VII, quien pretendía recuperar a sangre y fuego sus antiguas colonias americanas.
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