Abelardo De La Espriella no se ha posesionado y ya le declaró la guerra a dos peces gordos del Frente 33 de las Farc y el ELN, en el Catatumbo, en Norte de Santander; Andrey Avendaño- el mismo que negocia la paz con Gustavo Petro- y alias Alfred. “Los declaro objetivo militar en el gobierno del Tigre. Tienen un mes para entregarse. De lo contrario, vamos a ir por ustedes y les vamos a dejar caer todo el peso de la ley y el Estado de derecho”, anunció este miércoles desde Cúcuta.La carretera en el Catatumbo luce desolada. Casi nunca se encuentra al Ejército, sí a las Farc y el ELN. Foto: Semana.El ministro de Defensa, general (r) Jorge Enrique Mora, se sumó a las declaraciones del presidente y precisó que el 7 de agosto se reactivan las órdenes de captura contra todos los cabecillas a nivel nacional. Más allá de Andrey- cuyo paradero desconoce la Oficina del Alto Comisionado de Paz porque se replegó en las profundidades de la selva tras las advertencias del nuevo mandatario- y Alfred, Abelardo De La Espriella promete ponerle freno a una guerra intestina que libra el Frente 33 de las Farc y la guerrilla del ELN desde 2024 en esa región del país y que, en su momento, dejó más de 100 muertos de un lado y del otro. Y otras 40.000 personas desplazadas por la violencia. Las rutas de la coca, la explotación ilegal de oro y el tráfico ilegal de pategarrillo en la frontera con Venezuela, siguen convertidos en un cóctel explosivo de esa región del país.Con el ELN, que domina más del 60 por ciento del Catatumbo, Petro no logró tener un control. Tampoco mayor comunicación y menos tras la captura de Nicolás Maduro, el único líder internacional que tenía el poder de sentar a los máximos cabecillas del Comando Central en una mesa de diálogo. Igual ocurrió con el Frente 33 de las Farc. A la izquierda, la soledad reflejada en las calles de Filo Gringo, un pueblo que las Farc quieren, pero no han podido quitarle el poder al ELN. A la derecha, los elenos colgaron banderas en algunas zonas del Catatumbo. Foto: SEMANAAndrey Avendaño, el jefe guerrillero más convencido del proceso de paz con las Farc, no aceptó bajar las tensiones con los elenos. “Es la vida de ellos o la nuestra”, dijo reiteradamente a la prensa.Esa pelea a muerte entre farianos y elenos en el Catatumbo no pudo detenerla ni siquiera el presidente Gustavo Petro, quien acudió al Estado de Conmoción Interior para agilizar la contratación y prometer decenas de carreteras, colegios, una universidad, arreglo de puestos de salud, entre otras. Argumentó que el problema de raíz se cortaba con inversión social, pero sus promesas quedaron en el discurso y las buenas intenciones, coinciden los moradores de la región. La Corte Constitucional tumbó la declaratoria y algunas de las obras quedaron en anuncios. La universidad del Tarra, por ejemplo, se construyó, pero no tiene servicios públicos, denunciaron las comunidades hasta hace un par de semanas.Gustavo Petro, en medio del conflicto más grande en el Catatumbo, volteó su mirada a Venezuela, a Nicolás Maduro, a las tensiones con Donald Trump e incluso, extendió su visión hacia la guerra entre Israel y Palestina, entre otras, y olvidó el Norte de Santander, como si en su país no tuviera su propio conflicto que seguía desangrando la región. Y en la zona rural de Tibú, los elenos y farianos siguieron matándose, desplazando a comunidades enteras, atacándose entre ellos, desapareciendo viviendas tras las explosiones y modernizándose en tecnología para la guerra: los drones que se lanzan de un lado y del otro y con el que se intimidan y enfrentan a la fuerza pública.Comandante Andrey Avendaño negociador de las disidencias del Estado Mayor Central de las FARC EP. Foto: Foto Guillermo Torres ReinaEl ministro de Defensa, Pedro Sánchez, insiste en que el Catatumbo está militarizado, pero en la región dicen otra cosa. Los soldados andan por un lado y las Farc y el ELN, por otro. Y las cifras de desplazados siguen en aumento, según la Defensoría del Pueblo.Abelardo De La Espriella tiene buenas intenciones e insiste en la mano dura contra los grupos armados que no se sometan en los próximos días. Sin embargo, sobre el terreno, el escenario no es tan sencillo.El ELN no se sometió durante los cuatro años de Gustavo Petro y tampoco lo hará en un mes en el gobierno de Abelardo De La Espriella. Tiene más de 5.000 hombres armados en el Catatumbo y las disidencias de las Farc, otros 2.000. Y, a juzgar por lo que comentan los mismos guerrilleros, conocen la región como la palma de su mano, saltan constantemente a Venezuela- aunque tras la captura de Nicolás Maduro el temor se elevó en las guerrillas-, y casi todos los subversivos tienen familia en el Catatumbo porque son nacidos y criados allí. Las mesas de negociación, en su momento, con el ELN y las Farc les proporcionaron una bocanada de oxígeno a estos grupos armados y les permitió expandirse y crecer en armas y tecnología.Hoy, por ejemplo, el gran desafío del nuevo ministro de Defensa es pasar de los enfrentamientos entre militares y guerrilleros sobre el terreno a los drones, una estrategia copiada en la guerra de Ucrania y que el Estado colombiano parece tenerla perdida. O, al menos, se dejó coger ventaja de los alzados en armas, como en su momento reconoció el propio presidente Gustavo Petro.En el Catatumbo, los pobladores están en máxima expectativa. En silencio muchos coinciden en la importancia de la inversión social que dinamice la economía de una región próspera para el ganado, el cacao, el plátano y el café, pero también la mano dura contra los alzados en armas porque, al fin y al cabo, los ciudadanos están en la mitad de una guerra que no les pertenece.
Abelardo De La Espriella le declara la guerra al ELN y a las Farc en el Catatumbo y busca detener un conflicto que Petro no frenó. ¿Qué viene?
Le dio unultimátum a los dos jefes máximos del ELN y las disidencias en esa región del país. De paso, prometió mano dura.










