En la serie Friends Rachel y Ross tienen una relación que viene y va. En uno de los episodios, ella presenta a Russ, su nuevo novio, a sus amigos. Además de tener un nombre similar, Russ es muy parecido a Ross. Rachel parece no darse cuenta, pero todos los demás, sí. El personaje interpretado por Jennifer Aniston estaba cayendo en el dating déjà vu, un fenómeno que describe la tendencia a repetir patrones, elegir el mismo tipo de pareja o revivir los mismos problemas una y otra vez en diferentes relaciones.¿Es esto así o es un fenómeno que tiene más de mito que de realidad? Los estudios realizados sobre este tema dan evidencias en ambos sentidos. En el estudio de 2019 Consistency between individuals’ past and current romantic partners’ own reports of their personalities [en español: Coherencia entre los informes que las parejas sentimentales pasadas y actuales de cada persona ofrecen sobre su personalidad] se siguió a varias personas durante nueve años y se analizaron las similitudes entre sus parejas y exparejas (cuando las había). Los resultados revelaron que existía un grado significativo de similitud entre vínculos, aunque este disminuía en personas con alta extraversión o apertura a la experiencia, rasgos de personalidad fuertemente vinculados a la búsqueda de novedad. En otro estudio, More of the Same? Comparing the Personalities of Ex-Spouse and New Partner after Divorce (2021) [¿Más de lo mismo? Comparación entre la personalidad del excónyuge y la de la nueva pareja tras el divorcio], encontraron resultados diferentes. Para hacerlo estudiaron tríadas formadas por la persona, su ex y la nueva pareja y llegaron a la conclusión de que las personas divorciadas no se vuelven a relacionar necesariamente con alguien de la misma personalidad que su ex cónyuge.Jose Antonio García Serrano, psicólogo y sexólogo, experto en violencia y profesor de Psicología Social, comenta que no siempre se escoge a parejas parecidas a los ex y “casi conviene evitar esta idea o esta fórmula común que tiene la sociedad, como si fuera una condena”. Ana Maria López Lorente, psicóloga y sexóloga, coincide en esta visión: “La madurez y la experiencia nos van ayudando a tener claro qué queremos y, sobre todo, qué es lo que no queremos volver a repetir porque nos fue mal o porque empezamos a valorar otras cosas o, simplemente, queremos descubrir otras formas de sentir”.Se suele sentir atracción hacia personas con las que se comparten valores, educación, estilo de vida, actitudes… En ese sentido, es fácil repetir con un mismo tipo de persona. Pero también resulta útil preguntarse no solo qué tipo de persona se elige, sino qué papel se acaba ocupando al vincularse. Es decir, en qué tipo de relaciones nos metemos: ¿soy siempre quien cuida?, ¿quién espera?, ¿quién se adapta para no perder al otro?, ¿quién refunfuña mucho?, ¿quién tiene problemas de deseo?, ¿quién siente que tiene que competir por atención?... Quizá la pregunta no sea tanto si elegimos a la misma persona una y otra vez, sino si se acaban construyendo relaciones que funcionan de manera parecida. Dos personas pueden tener personalidades completamente distintas y, sin embargo, generar dinámicas similares.Ambos profesionales consultados coinciden en que, más que personas, se repiten patrones. “Lo que muchas veces se repite es la propia dinámica de la relación. A veces no es que repitamos a la misma persona, sino que estamos cómodos, acostumbrados y habituados a un estilo de relación. Y, por tanto, nuestro sistema acaba buscando esos vínculos en los que repetimos lo que ya conocemos”, detalla García Serrano. ¿Por qué se tropieza varias veces con la misma piedra?En psicología existe el llamado efecto de mera exposición, que describe la tendencia a desarrollar preferencias por algo simplemente porque resulta familiar. Esto también ocurre en las relaciones. Si durante años se ha convivido con una determinada forma de expresar cariño, gestionar conflictos o mostrar afecto, esa dinámica puede acabar convirtiéndose en referente, independientemente de que haya sido saludable o no. Lo familiar significa estabilidad y previsión, en lo bueno o en lo malo.La repetición en los vínculos tiene que ver con los roles que ocupamos dentro de las relaciones y estos roles no surgen de la nada, sino que a menudo están vinculados a aprendizajes vitales sobre cómo se obtiene el afecto o cómo se evita el rechazo. Según la teoría del apego desarrollada por el psiquiatra y psicoanalista británico John Bowlby, aprendemos cómo se siente y cómo se construye el amor a partir de nuestros primeros vínculos. Si en experiencias tempranas el amor estaba condicionado a la adaptación, la complacencia o el esfuerzo por no molestar, es posible que ese guion se active de forma automática en la vida adulta.Repetir algunos rasgos puede ser una buena noticia. Si en una relación anterior se aprendió que se necesita alguien con quien poder comunicarse fácilmente, que respete los espacios individuales o que comparta determinados valores, es lógico volver a buscar esas características.El problema aparece cuando lo que se repite es aquello que precisamente hizo sufrir. La buena noticia es que se puede cambiar y el primer paso es darse cuenta de ello: tomar conciencia y diferenciar entre lo que nos hace bien y lo que nos resulta familiar. López Lorente habla del malestar, la ansiedad, la tristeza, las discusiones y la incomodidad como las señales que indican que se está atrapado en un patrón relacional poco saludable. Por otro lado, preguntarse si eso es lo que nos merecemos puede ser una buena forma de darse cuenta. “A veces hay mucha conformidad y poco reconocimiento de las propias necesidades y de la defensa de esas necesidades”, añade García Serrano. Después de la toma de conciencia, toca empezar a tomar decisiones distintas y asumir que construir relaciones diferentes requiere tolerar, al principio, cierta sensación de extrañeza. Si, como Rachel Green, acabamos cayendo en el dating déjà vu, conviene preguntarse qué es exactamente lo que se está repitiendo. Y quizás el problema no es que “todas mis parejas son iguales”, sino que la persona se encuentra una y otra vez ocupando el mismo lugar dentro de la relación. Cambiar ese papel suele transformar también el tipo de vínculos que construimos.