El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está frustrado: con España, con Italia, con Dinamarca, con Canadá, con Cuba y, sobre todo, con Irán. El alto el fuego —fallido— y el memorándum de entendimiento sobre el papel disimulan el hecho de que esta guerra ha dibujado un equilibrio estratégico nuevo que a Washington le cuesta mucho aceptar, como indican los sucesos de las últimas horas. Estados Unidos lanzó en la madrugada del miércoles una nueva oleada de bombardeos contra varios enclaves estratégicos iraníes situados en las inmediaciones del estrecho de Ormuz, una ofensiva que Donald Trump ya había anticipado horas antes durante su comparecencia en la cumbre de la OTAN. El día anterior, Washington ya había roto el alto el fuego con una primera ronda de ataques sobre 85 objetivos en territorio iraní y reinstauró las sanciones contra las exportaciones de petróleo de la República Islámica. Todos estos bombardeos, según argumenta la Casa Blanca, son respuesta a los ataques iraníes contra tres barcos que navegaban por la parte omaní del estrecho de Ormuz. Teherán, a su vez, dice haber golpeado las bases estadounidenses de Baréin y Kuwait. "Creo que se acabó. Ya no quiero lidiar con ellos. "Son escoria. Son gente enferma, dirigida por gente enferma, mala, violenta", dijo Donald Trump a los periodistas en la cumbre de la OTAN, en Turquía. Se refería al alto el fuego firmado con los iraníes. Trump no descartó bombardear infraestructura civil y restablecer el bloqueo naval. Al mismo tiempo, dijo que EEUU seguiría negociando. En apenas unos días, las bases militares de Estados Unidos pasaron de ser una garantía a convertirse en un blanco fácil El punto caliente de las conversaciones tiene que ver con el control del estrecho de Ormuz. La Administración Trump exige que los iraníes renuncien a gestionarlo y permitan la libre circulación, como antes de la guerra; los iraníes se niegan. El estrecho, la vía energética más importante del mundo, ha demostrado ser un instrumento de presión geopolítica muy valioso. Los iraníes no van a renunciar a él, tal y como demuestra su voluntad de atacar, poniendo en peligro la tregua, a los barcos que no utilicen los corredores marítimos fijados por ellos. Aunque está por ver cómo se consolida un nuevo equilibrio de poder en la región, las petromonarquías del Golfo están gestionando sus pérdidas. Los misiles y los drones iraníes han golpeado sus infraestructuras, han empañado el clima de inversión y han obligado a revisar a la baja las perspectivas económicas. En apenas unos días, las bases militares estadounidenses pasaron de ser una garantía de seguridad a convertirse en un blanco fácil. Al fin y al cabo, el grueso de las defensas antiaéreas norteamericanas se dedicó, como de costumbre, a defender a Israel. TE PUEDE INTERESAR Shalom Lipner, analista del Scowcroft Middle East Security Initiative, dice que Israel es el claro perdedor de esta guerra. "Los contornos que empiezan a perfilarse del memorándum de entendimiento confirman los peores temores de Israel", escribía Lipner el 17 de junio. El acuerdo "no aborda el arsenal de misiles balísticos de Irán ni su patrocinio de grupos terroristas interpuestos, lo que deja a Israel —'el tumor canceroso', en palabras del líder supremo iraní— frente a estas amenazas adicionales". Mientras tanto, el régimen teocrático de Irán "se dispone a obtener una legitimidad renovada y una importante afluencia de recursos que, casi con toda seguridad, invertirá en modernizar sus capacidades ofensivas y defensivas". Según la agencia Bloomberg, varios países de la Unión Europea han aceptado el pago de una tasa de tránsito a Irán y Omán para navegar por el estrecho de Ormuz. El sultanato omaní dijo a los funcionarios europeos que la vuelta al statu quo anterior es "imposible", aunque no está claro a cuánto ascenderán los peajes. Robert Kagan, analista senior del Brooklyn Institute y una de las voces neoconservadoras más notorias de Estados Unidos, dice que la derrota estadounidense en Irán supera, en calado, a otras derrotas recientes: la de Irak, la de Afganistán e incluso la de Vietnam. Si uno lo mira, como suele hacer mucha gente, desde el punto de vista táctico, verá que en Vietnam murieron casi 60.000 estadounidenses, frente a los 13 que han fallecido en la contienda con Irán. Pero las guerras no las deciden las cifras de muertos, sino el impacto geopolítico. TE PUEDE INTERESAR Irán "controla el estrecho de Ormuz y está consolidando ese control, lo cual le permite ejercer una influencia increíble en la región y en el mundo", dijo Kagan a Sky News. "Si controlan el acceso al 20% de la energía mundial, por no mencionar otras cosas, de la que depende la gente (...), eso les da la capacidad para hacer que otros países hagan lo que ellos quieran, que es lo que está en proceso. Para ellos, es un logro mayor que tener una bomba nuclear, aunque también intentarán tener una (...). Irán podrá enriquecerse, rearmarse y cambiar el equilibrio de poder", insiste. La pregunta, según Kagan, es si estos daños para el poder estadounidense se pueden reparar. "Cuando salimos de Afganistán, fue la culminación de un esfuerzo largo y fracasado, pero no cambió la situación estratégica en el mundo. A fin de cuentas, no fuimos a Afganistán por su importancia estratégica, sino por lo que pasó en el 11-S. Incluso Vietnam, que fue una derrota infinitamente más costosa que Irán… Sus daños no fueron muy duraderos. Cinco años después del final de la guerra, EEUU recuperó su posición en la Guerra Fría; sus alianzas eran muy fuertes en la década de 1980 (...). No tuvo un impacto estratégico duradero", explica. En Vietnam murieron casi 60.000 estadounidenses, frente a los 13 en Irán. Pero las guerras no las decicen las cifras, sino el impacto geopolítico El profesor de la Universidad de Chicago, Robert Pape, dice que Estados Unidos, empezando por la Administración Trump, está subestimando la determinación de Teherán. A veces, Donald Trump o JD Vance suenan como si esperaran que los iraníes planteasen unas condiciones razonables, reabrieran el estrecho y, fundamentalmente, se olvidaran de lo ocurrido este año. "¿Qué pasó en la primera semana de esta guerra? Que nosotros, EEUU e Israel, matamos no solo al líder supremo, sino a su mujer y a tres miembros de su familia cercana", dijo Pape en una entrevista con Mario Nawfal. "Es como si matasen al presidente de Estados Unidos, a la primera dama y a los miembros de la primera familia. Y luego a los jefes del estamento militar, del estamento religioso, del de inteligencia. Unos 50 en total. Es como si matasen a los líderes del Pentágono, a los de la CIA y a sus reemplazos. Y después, matamos a unas 3.700 personas", afirmó. TE PUEDE INTERESAR La reacción universal de cualquier país agredido de esta manera, según Pape, es siempre la misma: dolor, rabia y nacionalismo. Una ecuación que vale perfectamente para los EEUU posteriores a los atentados terroristas del 11 de septiembre; un año y medio después de la tragedia, el clima de nacionalismo seguía siendo tan rampante que Washington invadió Irak por razones que ya por entonces eran dudosas, pero con el apoyo de siete de cada diez estadounidenses. La reacción de Israel a los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023 fue similar. El propio presidente Joe Biden advirtió al primer ministro, Benjamín Netanyahu, que no cometiera el mismo error en el que habían caído los estadounidenses; es decir, dejarse llevar por una rabia ciega y prender fuego a la región. Lo cual invita a mirar la guerra de Irán con prudencia. Pese a los anuncios y los diálogos, las posturas de ambas partes están muy distanciadas y la tolerancia al riesgo por parte de los iraníes es mucho más elevada que hace seis meses.