El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió este miércoles de Ankara (Turquía), donde asistió a la cumbre de la OTAN, a bordo de su viejo Air Force One, en lugar de utilizar el nuevo y polémico avión presidencial que le regaló Catar. Más allá de las sospechas por corrupción de aceptar una donación de esa envergadura, el cambio de planes resucitó los interrogantes sobre posibles problemas de seguridad de la nueva aeronave. Trump anunció en la red Truth Social de que usaría el antiguo avión “por nostalgia” para volar a la base aérea RAF Mildenhall, en el Reino Unido, mientras que el nuevo avión haría escala en la misma base para que los soldados estadounidenses desplegados allí pudieran conocerlo. En una rueda de prensa, al concluir la cumbre de la OTAN, el presidente de Estados Unidos evitó responder si el cambio obedecía a preocupaciones de seguridad, pero confirmó que existe una amenaza potencial por parte de Teherán. “Soy el número uno en la lista de objetivos de Irán”, afirmó el mandatario. The New York Times informó la noche del miércoles de que el Servicio Secreto solicitó que el presidente no utilizara el avión donado por Catar. El diario, que cita a personas informadas sobre los planes, informa que la decisión se tomó a instancias del Servicio Secreto “como medida de seguridad” ante la reanudación de las hostilidades con Irán. Trump afirmó que no tenía conocimiento de una amenaza creíble de Irán contra el Air Force One, aunque aseguró que él sería el principal objetivo de Teherán y respondió con ironía a un periodista que le preguntó si había cambiado de avión por motivos de seguridad. “Yo soy el número uno en su lista antes que usted. Pero yo voy, usted va. Quizás algún día quiera cambiar de profesión”, respondió Trump al reportero durante una conversación informal a bordo del nuevo avión presidencial. El mandatario no ofreció detalles sobre posibles amenazas específicas contra la aeronave. El Pentágono aceptó el año pasado el regalo de Catar y reacondicionó el avión para utilizarlo de forma temporal mientras el fabricante Boeing completa la construcción de las dos aeronaves encargadas durante el primer mandato de Trump (2017-2021). El Pentágono sostiene que la remodelación de ese aparato tuvo un costo de cuatrocientos millones de dólares, muy por debajo de los 5.600 millones estimados para los dos aviones que prepara Boeing. Trump ha defendido que el uso provisional del avión catarí permitirá ahorrar dinero a los contribuyentes estadounidenses. El republicano ha afirmado que una vez concluido su mandato se quedará con el avión, calificado de “soborno” por los demócratas. Su plan es colocarlo como una de las atracciones de su futura biblioteca presidencial.La historia del Boeing 747 es larga. La noticia de que el presidente de Estados Unidos estaba encantado de recibir un regalo tan costoso de un Gobierno extranjero levantó el año pasado una gran polémica por el riesgo de conflicto de intereses y las dudas sobre la influencia extranjera en la seguridad presidencial. Pero nada de esto parece preocupar a Trump, que se ha mostrado en todo momento encantado con el nuevo juguete. Además de aceptar un regalo de 400 millones de dólares, el contribuyente estadounidense ha contribuido con una cantidad equivalente. Es el dinero que ha costado la puesta al día del avión con las actualizaciones necesarias para que pueda funcionar como el Air Force One. Trump, sin embargo, considera que esos 400 millones adicionales son muy poco dinero en comparación con lo que habría costado de cualquier otra forma. “Lo hicieron adecuado para un presidente. Eso implica la seguridad y los diversos equipamientos y sistemas especiales que le incorporaron, cosas muy complejas”, señaló el republicano.