En medio de la efervescencia y el entusiasmo del Mundial, hay una pregunta que tal vez suene periférica o apenas conjetural. Pero si el presidente Milei ofreciera alguna vez una conferencia de prensa, valdría la pena hacérsela: ¿qué piensa de la actitud de Trump de haber llamado a la FIFA para que anulara la expulsión de un jugador de Estados Unidos? ¿Cree que eso no se hace o, al revés, que de esa forma se ejerce el poder?La pregunta excede la dimensión del fútbol para conectarse con algo más de fondo: ¿cómo se concibe la conducción del Estado? ¿Como un sistema de reglas o como una prerrogativa que ubica al gobernante por encima de las normas? ¿Con espíritu de subordinación a la ley o con la audacia y la prepotencia de acomodar los reglamentos a la conveniencia del que manda?El telefonazo de Trump al presidente de la FIFA quedará registrado como un abuso grotesco de poder. La decisión de hacerle caso, como un patético gesto de debilidad y obsecuencia institucional. Y el resultado en la cancha, como una especie de recordatorio de que, más allá de las manipulaciones y las trampas “de escritorio”, llega el momento en el que la realidad se impone: Estados Unidos fue aplastado por Bélgica 4 a 1 con una deslucida actuación del jugador indultado. Lo que importa, sin embargo, es analizar si las actitudes del presidente norteamericano son un modelo que inspira a otros líderes políticos y legitiman, de alguna forma, un ejercicio arbitrario y desmesurado de la autoridad.(260704) -- HOUSTON, 4 julio, 2026 (Xinhua) -- El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, es visto previo al partido de octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre Canadá y Marruecos, celebrado en el Estadio Houston, en Houston, Estados Unidos, el 4 de julio de 2026. (Xinhua/Li Ming) (rtg) (vf)