(...) cuando alguien afirma que Ecuador está mejorando, la respuesta correcta no es negar los avances ni aceptar acríticamente los discursos optimistas.8 de julio, 2026 - 09h30Durante los últimos meses se ha vuelto frecuente escuchar que Ecuador está mejorando. Las cifras oficiales muestran recuperación económica, disminución del desempleo, cierta reducción de la pobreza monetaria y una inflación controlada gracias a la dolarización. Desde la perspectiva de los organismos multilaterales, el país parece haber dejado atrás algunos de los momentos más difíciles de los años recientes.Sin embargo, basta salir de las oficinas gubernamentales, de los informes técnicos o de los análisis macroeconómicos para encontrarse con una realidad mucho más compleja. La conversación cotidiana en los mercados, en los barrios, en los pequeños negocios y en las familias ecuatorianas refleja una percepción muy distinta. Muchos ciudadanos no sienten la recuperación económica de la que hablan los informes. Por el contrario, expresan preocupación por el costo de la vida, la inseguridad, la falta de oportunidades y la incertidumbre sobre el futuro.La pregunta no es si las estadísticas son falsas. Generalmente no lo son. La verdadera pregunta es si las estadísticas están describiendo adecuadamente la realidad que viven las personas. Y la respuesta parece ser que solo lo hacen parcialmente.PublicidadLos economistas suelen advertir que los indicadores macroeconómicos representan promedios. El problema es que las personas no viven en promedios. Viven en hogares concretos, con ingresos concretos y problemas concretos. Una economía puede crecer e, igualmente, una gran parte de la población puede seguir experimentando dificultades para llegar a fin de mes.Esta diferencia se observa claramente en el mercado laboral. Ecuador presenta una tasa oficial de desempleo relativamente baja. Sobre el papel, parecería una noticia extraordinaria. Pero cualquier observador honesto reconoce que el problema principal del país no es el desempleo abierto, sino la precariedad laboral. Millones de ecuatorianos trabajan sin estabilidad, sin seguridad social suficiente, sin ingresos previsibles y muchas veces sin perspectivas reales de progreso.Algo similar ocurre con la pobreza. Los indicadores oficiales muestran una disminución de la pobreza monetaria. Pero la realidad es que una enorme cantidad de familias permanece apenas unos pocos dólares por encima de la línea estadística de pobreza. Una enfermedad, una pérdida de empleo, una extorsión criminal o cualquier emergencia inesperada puede devolverlas rápidamente a situaciones de privación económica.PublicidadPublicidadExiste además un elemento que las estadísticas económicas tradicionales capturan deficientemente: la inseguridad. La inseguridad se ha convertido en una de las variables económicas más importantes del Ecuador. Aunque no aparece directamente en el PIB, afecta prácticamente todas las actividades productivas. Además, ningún indicador macroeconómico puede reflejar completamente el costo psicológico y económico de vivir con miedo. Quizá el problema más profundo sea precisamente la confianza. La confianza en las instituciones, en la justicia, en la política y en las posibilidades de movilidad social. Una economía puede recuperarse relativamente rápido. La confianza social, en cambio, tarda años en reconstruirse.Por eso, cuando alguien afirma que Ecuador está mejorando, la respuesta correcta no es negar los avances ni aceptar acríticamente los discursos optimistas. La respuesta más honesta es reconocer que existen mejoras macroeconómicas reales, pero también problemas estructurales que continúan afectando la vida cotidiana de millones de ecuatorianos. (O)Galo Guillermo Farfán Cano, médico y máster en VIH, GuayaquilPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?