Los habitantes de la pequeña isla de Rota, en el archipiélago de las Marianas del Norte, aún no se habían recuperado de la destrucción causada por el tifón Sinlaku a mediados de abril cuando les acaba de pasar por encima Bavi, un supertifón de categoría 5 con vientos de hasta 270 km/h que dejó graves daños materiales. Sus habitantes y las autoridades son muy conscientes de que esto es solo un aperitivo de lo que les espera en los próximos meses como consecuencia de un posible Superniño. “Nuestro clima es muy frágil en esta parte del mundo”, asegura la alcaldesa, Aubrey Hocog (37), durante nuestra visita a la isla a mediados de junio. “Sabemos que este año con El Niño podemos anticipar muchos más supertifones, debemos prepararnos lo mejor posible”.

Las Islas Marianas del Norte se encuentran en plena trayectoria de los ciclones tropicales que se forman cada año en esta región del Pacífico y avanzan hacia el oeste. Si, como apuntan algunos pronósticos, termina desarrollándose un Superniño —la versión más intensa del fenómeno por el que el calentamiento del Pacífico oriental sacude la dinámica atmosférica global—, las cosas se pueden poner aún más feas. El hecho de haber vivido dos de los tifones más violentos de su historia cuando la temporada de ciclones aún no se inició oficialmente no es una buena señal. “Va a ser duro”, asegura Eloy Ayuyu (64), trabajador del servicio forestal de Rota. “No sabemos cómo demonios vamos a lidiar con esto”.