En 2002 un director de cine venido a menos recibió un disco duro con un programa capaz de generar una actriz perfecta. La bautizó Simone, abreviatura de Simulation One, y la hizo protagonizar su próxima película sin decirle a nadie que no existía. El público la adoró, la crítica la premió, y cuando alguien empezó a sospechar que detrás de esa mujer no había nadie, el director prefirió sostener la mentira antes que admitir que había fabricado una estrella con software. Aquello era una sátira sobre Hollywood escrita por Andrew Niccol, y tardó veinticuatro años en dejar de ser una fantasía de guionista. Las mismas semanas en que se preparaba el anuncio de Tilly, el Festival de Annecy vivía su propia versión de la misma tensión. Manifestantes abuchearon el estreno de Danse Macabre, un cortometraje del animador Hisko Hulsing construido a partir de setenta y cinco pinturas al óleo hechas a mano a lo largo de once años, porque una parte del proceso, ayudar a que la animación digital imitara la textura de esos lienzos, se apoyó en un sistema entrenado con inteligencia artificial. El director artístico del festival defendió la película invocando la transparencia y la trayectoria de su autor, pero la protesta dejó claro algo más amplio: la sola mención de un algoritmo basta hoy para encender la sospecha, incluso cuando quien lo usa lleva más de una década pintando a mano cada fotograma. En ese clima aparece Tilly Norwood, presentada por la productora británica Particle6 como la primera actriz construida enteramente con inteligencia artificial. La compañía anunció que protagonizará una película titulada Misaligned. Describe el proyecto como una producción híbrida, con directores, guionistas y editores humanos trabajando junto a especialistas en inteligencia artificial. Eline van der Velden, la ejecutiva que dio forma a Tilly, sostiene que su criatura no viene a reemplazar a nadie, que se trata apenas de una herramienta nueva, comparable a la animación o a los efectos digitales que en su momento tampoco borraron al actor de carne y hueso. Actrices como Emily Blunt calificaron el anuncio de aterrador, y varias figuras de la industria propusieron boicotear a cualquier agencia dispuesta a representarla. Meses antes, Van der Velden ya había anticipado hacia dónde apunta el negocio: imaginaba una industria en la que los actores más reconocidos aceptarían crear versiones digitales de sí mismos, gemelos autorizados que trabajarían en un género aparte mientras ellos cobran regalías sin necesidad de estar presentes en el set. La proyección revela que el conflicto no es solamente entre humanos y máquinas, sino entre dos modelos de consentimiento: el actor que cede voluntariamente su imagen a cambio de una renta, y el actor cuya actuación fue absorbida sin que nadie se lo preguntara. El argumento que Particle6 eligió para el debut de Tilly resulta revelador. Misaligned cuenta la historia de un ser artificial que carece de cuerpo, que jamás atravesó una niñez y que solo puede tomar prestada la memoria de otros para construir la propia. Un robot rebelde de la dark web la convence de cultivar deseos y ambiciones propias, y a medida que ese personaje se acerca a lo humano no gana solamente fama: empieza también a sentir vergüenza, porque descubre que cada rasgo suyo proviene de la vida de alguien más. La compañía presenta esto como una trama sobre identidad y sobre los miedos que despierta la tecnología, casi como un guiño posmoderno a su propia polémica. Pero la sinopsis funciona también, sin que nadie lo haya planeado así, como una confesión involuntaria: repite casi al pie de la letra la acusación que el sindicato de actores ya había formulado sobre el origen mismo de Tilly, entrenada con actuaciones ajenas que nunca fueron autorizadas. Simone, la actriz imaginaria de 2002, era indestructible porque nunca tuvo un cuerpo que envejeciera ni una conciencia capaz de reclamar autoría sobre sí misma. Tilly Norwood tampoco la tiene, pero a diferencia de aquella nace en un mundo donde cientos de actores reales pueden reconocer, en sus gestos, fragmentos robados de los propios. herles@escueladeescritoresdemexico.com Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
El actor que nunca vivió, escribe Herles Velasco
En 2002 un director de cine venido a menos recibió un disco duro con un programa capaz de generar una actriz perfecta. La bautizó Simone, abreviatura de Simulation One, y la hizo protagonizar su próxima película sin decirle a nadie que no existía. El público la adoró, la crítica la premió, y cuando alguien empezó a sospechar que detrás de esa mujer no había nadie, el director prefirió sostener la mentira antes que admitir que había fabricado una estrella con software. Aquello era una sátira sobre Hollywood escrita por Andrew Niccol, y tardó veinticuatro años en dejar de ser una fantasía de guionista. Las mismas semanas en que se preparaba el anuncio de Tilly, el Festival de Annecy vivía su propia versión de la misma tensión. Manifestantes abuchearon el estreno de Danse Macabre, un cortometraje del animador Hisko Hulsing construido a partir de setenta y cinco pinturas al óleo hechas a mano a lo largo de once años, porque una parte del proceso, ayudar a que la animación digital imitara la textura de esos lienzos, se apoyó en un sistema entrenado con inteligencia artificial. El director artístico del festival defendió la película invocando la transparencia y la trayectoria de su autor, pero la protesta dejó claro algo más amplio: la sola mención de un algoritmo basta hoy para encender la sospecha, incluso cuando quien lo usa lleva más de una década pintando a mano cada fotograma. En ese clima aparece Tilly Norwood, presentada por la productora británica Particle6 como la primera actriz construida enteramente con inteligencia artificial. La compañía anunció que protagonizará una película titulada Misaligned. Describe el proyecto como una producción híbrida, con directores, guionistas y editores humanos trabajando junto a especialistas en inteligencia artificial. Eline van der Velden, la ejecutiva que dio forma a Tilly, sostiene que su criatura no viene a reemplazar a nadie, que se trata apenas de una herramienta nueva, comparable a la animación o a los efectos digitales que en su momento tampoco borraron al actor de carne y hueso. Actrices como Emily Blunt calificaron el anuncio de aterrador, y varias figuras de la industria propusieron boicotear a cualquier agencia dispuesta a representarla. Meses antes, Van der Velden ya había anticipado hacia dónde apunta el negocio: imaginaba una industria en la que los actores más reconocidos aceptarían crear versiones digitales de sí mismos, gemelos autorizados que trabajarían en un género aparte mientras ellos cobran regalías sin necesidad de estar presentes en el set. La proyección revela que el conflicto no es solamente entre humanos y máquinas, sino entre dos modelos de consentimiento: el actor que cede voluntariamente su imagen a cambio de una renta, y el actor cuya actuación fue absorbida sin que nadie se lo preguntara. El argumento que Particle6 eligió para el debut de Tilly resulta revelador. Misaligned cuenta la historia de un ser artificial que carece de cuerpo, que jamás atravesó una niñez y que solo puede tomar prestada la memoria de otros para construir la propia. Un robot rebelde de la dark web la convence de cultivar deseos y ambiciones propias, y a medida que ese personaje se acerca a lo humano no gana solamente fama: empieza también a sentir vergüenza, porque descubre que cada rasgo suyo proviene de la vida de alguien más. La compañía presenta esto como una trama sobre identidad y sobre los miedos que despierta la tecnología, casi como un guiño posmoderno a su propia polémica. Pero la sinopsis funciona también, sin que nadie lo haya planeado así, como una confesión involuntaria: repite casi al pie de la letra la acusación que el sindicato de actores ya había formulado sobre el origen mismo de Tilly, entrenada con actuaciones ajenas que nunca fueron autorizadas. Simone, la actriz imaginaria de 2002, era indestructible porque nunca tuvo un cuerpo que envejeciera ni una conciencia capaz de reclamar autoría sobre sí misma. Tilly Norwood tampoco la tiene, pero a diferencia de aquella nace en un mundo donde cientos de actores reales pueden reconocer, en sus gestos, fragmentos robados de los propios. herles@escueladeescritoresdemexico.com Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.











