Es un clásico. Los derechos del Mundial de fútbol masculino siempre arrasan en audiencia. Aunque, también, para las cadenas de televisión son bien caros y, encima, no fidelizan espectadores. La mayoría se va tan rápido como llegan. El público prácticamente ni siquiera identifica el canal donde los ve. Pero hay fórmulas para intentar proyectar el interés del deporte en el resto de programación de la cadena. Es lo que está haciendo TVE con destreza: transmitir la imagen de ser el hogar del deporte. Y adelantarse a la emisión de las grandes citas de nuestra selección con programas especiales. Incluso implicando a otros canales, como la 2Cat con Gemma Nierga.Pero la clave está en que la audiencia de la televisión de hoy pide contenido puro. Y el deporte por sí mismo es contenido puro sin tregua: la emoción de implicarse con la maña, el esfuerzo y el talento. Todos jugamos desde casa. Y nos posicionamos. De los fans a los haters. Así TVE tira del tirón de su cartera de derechos de emisión para darles salida en La 1. También con el Tour de Francia (este año muy catalán). De esta forma, la cadena atesora estas semanas la virtud que sigue manteniendo la televisión: la ventana en directo para estar presente allá donde está sucediendo un acontecimiento único. Y que es más atractiva narrada con pluralidad de prismas. Es el patrimonio de nuestra cultura. Son nuestros barrios. Hay que saber leer los estados de ánimo de la calle.De ahí que también sea importante que los programas de entretenimiento bailen a tono con el interés social del evento que les precede. Lo ha jugado el programa de Manu Sánchez que ha empezado a emitirse en directo. La atmósfera de la alegría por la victoria de la selección el pasado jueves se trasladó por completo al teatro. La celebración se respiraba en las ovaciones del popular público de este late show producido desde Sevilla. Aunque, eso sí, la intensidad del monólogo inicial pareciera un mitin político. Lo mismo sucede con otra retransmisión tradicional que no es de deportes. Aunque corren todos. TVE se pone taurina cada mañana desde el siete de julio desde hace 44 años y retransmite los Sanfermines. Y no falla: el share se dispara. Ayuda a que a esa hora tan madrugadora no hay grandes competidores en el resto de cadenas. Pero contemplar a los toros y los corredores trotar por las calles de Pamplona consigue la adrenalina televisiva del "ay, qué pasará". El encierro reúne ingredientes infalibles para un programa de éxito: es concreto, siempre se repite a la misma hora y tiene liturgia con su comienzo emocional, su catarsis central y su final de "cómo habrá ido todo". Con estos menesteres, los Sanfermines propician a diario una cita que, en realidad, es una historia lista para vivir en tiempo real, sin demoras y sin rodeos. Todo en dos minutos trepidantes que el equipo de Televisión Española no solo graba al vuelo. Ahí está la otra clave de la retransmisión, la realización tiene cierta intención: comprende la relevancia del plano estético que favorece una postal que explica el rotundo costumbrismo de esta fiesta que traspasa épocas. Los balcones repletos, el rugido del nervio en el ambiente, los toros perdidos, los mozos excitados. La tele lo documenta en un épico directo que capta la esencia de una tradición con su fervor, su contradicción, su barullo, su crudeza, su particular belleza. Así RTVE aprovecha que persiste en el imaginario colectivo como la institución televisiva con más medios y más capacidad de retransmitir con contundencia los hechos. Sus equipos de realización lo demuestran cada día. Su calidad técnica y de planificación visual adelanta a la improvisación visual de otras escuelas. El público lo nota. El público demanda a la televisión actual que tome el pulso a lo que somos sin dejar de cuidar la experiencia del visionado. Porque la tele no va de predicar, va de mostrarnos: filmarnos con la astucia de la imagen bien encuadrada y con el poder del sonido ambiente bien escuchado. Eso es la modernidad perpetua de la televisión que nos une: mirar más que hablar, observar más que alarmar, radiografiar más que sentenciar. Las grandes emisiones de producción propia de TVE mantiene ese ojo tan honesto como crítico.