En el corazón del valle de Cocóspera, en la sierra de Sonora, entre los poblados de Ímuris y Cananea, se descubrieron vestigios de la primera aldea pima, anexa a la Misión de Nuestra Señora del Pilar y Santiago de Cocóspera fundada por el jesuita Eusebio Francisco Kino, a finales del siglo XVII.
Los restos, preservados bajo un mezquital por más de 300 años, se hallaron a escasos 100 metros del templo, uno de los pocos edificios de manufactura jesuita que se conservan de la Pimería Alta.
Durante décadas, arquitectos, historiadores y arqueólogos han estudiado este sitio arqueohistórico, para contestar interrogantes sobre el desarrollo constructivo de la misión, vida cotidiana de los pimas antes y durante el establecimiento en la región de los jesuitas, así como localizar el asentamiento de los pimas himeris que habitaron el lugar, bajo el liderazgo del jefe Cola de Pato, en el siglo XVII.
El arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Tomás Pérez Reyes, junto con especialistas de diversas partes del país, hallaron la aldea de los primeros años del periodo misional, un espacio que evidencia la resistencia, transformación y adopción cultural de los pimas ante la implantación del sistema misional en la región.








