EntrevistaLa fil�sofa y matem�tica estadounidense, Premio BBVA Fronteras del Conocimiento en Humanidades, advierte del riesgo de convertir la ciencia en una fuente de certezas absolutas que nos lleve a tomar malas decisiones pol�ticasActualizado Martes,
julio
00:11A Nancy Cartwright (New Castle, Pensilvania, Estados Unidos, 1944) le ocurre algo poco frecuente en el mundo acad�mico, que desconf�a de una frase que el resto repite a cada rato y con cierto alivio: �Lo dice la ciencia�. A ella esa f�rmula no s�lo no le tranquiliza, sino que le parece una simplificaci�n peligrosa, casi una forma elegante de dejar de pensar. Y no porque dude de la ciencia, sino porque ha pasado su vida dentro de ella y sabe de sus m�rgenes y sus grietas.Matem�tica de formaci�n y fil�sofa de la ciencia por oficio intelectual, Cartwright lleva d�cadas desmontando la imagen de la ciencia como un bloque compacto de verdades destinadas a ordenar el mundo. Su idea es que la ciencia no avanza como un sistema unificado, sino como un conjunto de herramientas distintas, a veces incompatibles entre s�, que funcionan en contextos concretos y, sobre todo, fallan en otros. No hay una �nica ciencia en marcha, defiende, sino muchas pr�cticas cient�ficas superpuestas que rara vez encajan del todo.Esa mirada la ha convertido en una de las voces m�s influyentes -y m�s inc�modas- de la filosof�a de la ciencia contempor�nea. No tanto por lo que niega, sino por lo que complica. En un tiempo en el que la ciencia ha salido de los laboratorios para instalarse en el centro de las decisiones p�blicas -pandemias, crisis clim�tica, econom�a, inteligencia artificial- esa confusi�n ya no es solo filos�fica, sino pol�tica. Los modelos no se quedan en los libros sino que entran en los gobiernos, en los titulares y en las urgencias. Y de pronto la pregunta no es qu� sabemos, sino qu� hacemos con lo que creemos saber cuando no hay tiempo para estar seguros.Cartwright, catedr�tica del Departamento de Filosof�a de la Universidad de Durham y Distinguished Professor en la Universidad de California en San Diego, ha dedicado buena parte de su carrera a estudiar ese territorio intermedio, donde el conocimiento deja de ser teor�a y se convierte en una decisi�n bajo presi�n. Un trabajo que le ha valido este a�o el Premio Fronteras del Conocimiento en Humanidades de la Fundaci�n BBVA en su XVIII edici�n. Un reconocimiento a la idea de que la ciencia no pierde valor por ser incompleta, sino cuando finge no serlo.Para saber m�sLa ciencia est� presente en todas las grandes decisiones pol�ticas de nuestro mundo: pandemias, cambio clim�tico, econom�a. �Estamos abusando de ella como autoridad incuestionable?Ninguna autoridad deber�a ser incuestionable. Si creemos que la ciencia funciona as�, estar�amos cometiendo un error. Otra cosa distinta es que podamos ampliar los conocimientos, los m�todos y las t�cnicas cient�ficas que ya tenemos para aplicarlas a nuevos �mbitos y obtener resultados �tiles. Quiz� no con una certeza absoluta, pero s� con informaci�n valiosa para tomar mejores decisiones. Me parece una buena idea y, de hecho, es algo que la ciencia lleva haciendo mucho tiempo.Durante mucho tiempo la filosof�a de la ciencia se ocup� sobre todo de teor�as y experimentos. �Qu� cree que aport� su trabajo a ese debate?Cuando empec�, gran parte de la filosof�a de la ciencia estaba centrada en cuestiones muy abstractas: c�mo se relacionan las teor�as entre s�, qu� significa una explicaci�n cient�fica o c�mo deben interpretarse determinados conceptos fundamentales. Son preguntas importantes, pero yo quer�a mirar a la ciencia desde otro �ngulo. Me interesaba la ciencia cuando sale del papel y empieza a operar en el mundo. C�mo colaboran distintas disciplinas, c�mo se construyen instrumentos, c�mo se combinan conocimientos diferentes y c�mo se toman decisiones cuando la informaci�n disponible nunca es completa. Creo que una parte de la influencia de mi trabajo ha consistido en contribuir a desplazar la atenci�n hacia la ciencia tal y como se practica realmente. Porque la ciencia no es solo un conjunto de teor�as elegantes. Tambi�n es una actividad humana compleja, llena de ajustes, correcciones, negociaciones y aprendizajes pr�cticos.�Y c�mo empez� a pensar que la imagen oficial de la ciencia no encajaba del todo con la realidad?Cuando llegu� a Stanford. Yo ven�a de la filosof�a de la f�sica, que entonces era muy abstracta: ecuaciones, teor�as fundamentales, la relaci�n entre la relatividad y la mec�nica cu�ntica... Pero a m� me interesaba algo m�s pr�ctico: c�mo utilizamos todo eso para construir cosas reales. Quise entender c�mo se fabricaban los l�seres. Empec� a visitar el departamento de F�sica y descubr� algo curioso, que los f�sicos me enviaban a los ingenieros. Yo hab�a aprendido una historia seg�n la cual uno parte de las ecuaciones fundamentales y, a trav�s de algunos pasos, llega a una aplicaci�n pr�ctica. Pero no funciona as�. Para construir un l�ser hacen falta muchos tipos distintos de conocimiento. La f�sica es una parte importante, pero tambi�n lo es la ingenier�a. Aquello me hizo comprender que la ciencia real es mucho m�s compleja que la imagen idealizada que solemos contar. Me interesa la ciencia no solo para entender el mundo, sino para cambiar el mundo.Usted insiste en que los modelos cient�ficos no son la realidad. �Qu� significa eso exactamente?Que los modelos son herramientas, no espejos del mundo. Funcionan muy bien en contextos controlados, pero simplifican la realidad. Y el problema no es que simplifiquen, eso es inevitable, sino que olvidemos que lo hacen. Las leyes de la f�sica, por ejemplo, no funcionan como afirmaciones universales que se aplican sin m�s en todas partes. Se ajustan, se corrigen, se combinan con otros tipos de conocimiento, y a veces incluso se contradicen entre s� dependiendo del contexto. No es que mientan en un sentido literal, sino que operan en condiciones idealizadas. Y aun as� son extremadamente �tiles. De hecho, la ciencia no avanzar�a sin ellas. Pero tampoco avanzar�amos si crey�ramos que describen el mundo tal y como es en toda su complejidad. Son extremadamente �tiles y, en muchos casos, imprescindibles. Ning�n modelo contiene toda la realidad. El problema aparece cuando pensamos que basta con introducir m�s variables en una ecuaci�n para capturar todo lo que ocurre. Muchas veces no es as�. Hay factores que no encajan f�cilmente en el modelo y que obligan a mirar tambi�n otras fuentes de informaci�n. Los modelos nos orientan, pero no sustituyen al juicio ni a la comprensi�n del contexto."Los pol�ticos siempre han escogido la versi�n cient�fica que m�s les conviene. La corrupci�n siempre es posible y tenemos que afrontarla"Uno de sus libros m�s conocidos se titula How the Laws of Physics Lie (C�mo mienten las leyes de la f�sica). �Qu� quiso decir con una afirmaci�n tan provocadora como esa?El t�tulo es provocador, pero la idea no es una cr�tica a la ciencia. Es un intento de entender c�mo funciona realmente. Las leyes de la f�sica son extraordinariamente potentes, pero suelen operar en contextos idealizados. No son falsas, pero tampoco son descripciones completas de la realidad. Funcionan muy bien en modelos y experimentos controlados, pero el mundo real es mucho m�s complejo. Son herramientas poderosas, no espejos perfectos del mundo. Mi argumento es que, si queremos usar la ciencia para intervenir en el mundo, para construir dispositivos, para dise�ar tecnolog�as, necesitamos entender c�mo funcionan las leyes cuando aciertan, pero tambi�n cu�ndo fallan. Porque en la pr�ctica no trabajamos con leyes puras, sino con combinaciones de teor�as, con aproximaciones, con experiencia y con juicio.Durante el covid vimos modelos epidemiol�gicos que condicionaban decisiones pol�ticas en tiempo real. �Fue aquella experiencia un ejemplo de buena ciencia o de una dependencia excesiva de los modelos que sal�an de un ordenador?Los modelos eran lo mejor que ten�amos en aquel momento. El problema era que no dispon�amos de toda la informaci�n necesaria. Hab�a factores importantes que desconoc�amos y que fueron apareciendo con el tiempo. Por eso los modelos tuvieron que modificarse continuamente. Adem�s, lo que pod�a funcionar en Inglaterra quiz� no funcionaba en Sud�frica. Las poblaciones son distintas, los comportamientos sociales son distintos y las circunstancias tambi�n. Es muy dif�cil incorporar toda esa informaci�n a un modelo desde el principio. Los modelos fueron �tiles, pero hab�a que actualizarlos constantemente y complementarlos con otros tipos de conocimiento.Durante a�os la causalidad fue vista como un concepto problem�tico en filosof�a de la ciencia. �Por qu� decidi� recuperarlo?Porque en aquel momento, tanto el positivismo como el conductismo consideraban que hablar de causalidad era poco riguroso, casi una ilusi�n del lenguaje. Sin embargo, en la pr�ctica cient�fica y social es imposible prescindir de ella. Necesitamos saber qu� causa qu�, bajo qu� condiciones y con qu� fiabilidad. No solo en f�sica, tambi�n en medicina, en econom�a o en pol�ticas p�blicas. No es una abstracci�n filos�fica: es un intento de hacer la causalidad operativa, �til, verificable.�Qu� papel deber�a desempe�ar la ciencia en las decisiones pol�ticas?Un papel muy importante, pero no exclusivo. La ciencia puede ayudarnos a saber si una pol�tica tiene posibilidades de funcionar, pero esa no es la �nica cuesti�n relevante. Tambi�n debemos preguntarnos cu�les son los objetivos de esa pol�tica, qu� efectos secundarios puede tener, cu�les son sus costes y beneficios en un sentido amplio, no solo econ�mico, o si determinadas medidas son aceptables cultural o moralmente. Durante el brote de �bola, por ejemplo, exist�an estrategias respaldadas por la evidencia cient�fica que pod�an salvar vidas. Pero tambi�n hab�a que tener en cuenta las costumbres y valores de las comunidades afectadas. No se trata simplemente de imponer una medida porque funcione t�cnicamente."Vivimos una �poca en la que parece obligatorio tener una opini�n inmediata sobre cualquier asunto, y no estoy convencida de que eso sea una buena idea"Entonces, �qu� le genera m�s preocupaci�n m�s hoy en d�a: el negacionismo cient�fico o la sobreconfianza en la ciencia?Ambos pueden ser peligrosos. Depende de qu� se niega, de qui�n lo niega y de qu� tipo de confianza estamos hablando. La vida consiste en navegar entre riesgos. En cambio, lo que s� me parece una locura es no utilizar la ciencia y todo lo que sabemos para intentar averiguar qu� es lo que debemos hacer. Ese conocimiento puede proceder de la investigaci�n cient�fica o de la experiencia acumulada. Lo importante es aprovecharlo de forma inteligente.�La ciencia deber�a ser m�s expl�cita acerca de lo que no sabe?La ciencia no puede resolver todos nuestros problemas y deber�amos reconocerlo. Adem�s, siempre existe incertidumbre. Cuando tomamos una decisi�n basada en la evidencia cient�fica debemos preguntarnos tambi�n qu� ocurrir� si nos equivocamos. Hay que planificar para el fallo. Si creemos que una medida funcionar�, tambi�n deber�amos pensar qu� da�os podr�a causar si no funciona y c�mo corregir el rumbo. La incertidumbre forma parte inevitable de la toma de decisiones. Lo fascinante no es que la ciencia tenga todas las respuestas, sino que, pese a sus l�mites, sigue siendo una de las mejores herramientas que hemos inventado para comprender y cambiar el mundo.�Cree que la sociedad est� preparada para vivir con esa incertidumbre?No nos queda m�s remedio. Como humanos, vivimos con la incertidumbre todos los d�as. Yo crec� en una comunidad calvinista en Pensilvania. All� me ense�aron que alg�n d�a despertar�a y estar�a cara a cara con Dios, con todas las respuestas. Cuando dej� de creer en aquello tuve que aprender a convivir con la incertidumbre. Todos lo hacemos. Tenemos hijos, seres queridos, proyectos. Puede sonar el tel�fono y recibir una buena noticia o una mala. No sabemos qu� va a ocurrir ma�ana, pero seguimos levant�ndonos cada d�a. Esa es la condici�n humana.La inteligencia artificial se presenta a menudo como una consecuencia inevitable del avance de la ciencia. �Le preocupa ese discurso?No lo s�. Y creo que esa es una respuesta perfectamente v�lida. He aprendido algo con los a�os: que no tengo que tener una opini�n sobre absolutamente todo. Leo sobre inteligencia artificial como cualquier otra persona, pero no conozco el tema lo suficiente como para emitir un juicio fundamentado. Tengo colegas que trabajan en inteligencia artificial y que estudian cuestiones muy concretas, por ejemplo, su uso en diagn�sticos m�dicos. Prefiero escucharles a ellos. Vivimos una �poca en la que parece obligatorio tener una opini�n inmediata sobre cualquier asunto, y no estoy convencida de que eso sea una buena idea. Leo los mismos peri�dicos que ustedes y, en este tema, mi reacci�n es sencilla: no tengo suficiente conocimiento para formarme una opini�n. Una parte importante del pensamiento riguroso consiste precisamente en reconocer cu�ndo no sabemos lo suficiente para pronunciarnos. Admitir los l�mites de nuestro conocimiento no es una debilidad; es una condici�n para aprender."Crec� en una comunidad calvinista. Me ense�aron que alg�n d�a despertar�a cara a cara con Dios. Cuando dej� de creer en eso aprend� a vivir con la incertidumbre"A menudo se dice que la ciencia avanza corrigi�ndose a s� misma. �Es as�?S�, pero la autocorrecci�n cient�fica no ocurre de la noche a la ma�ana. Es un proceso largo y exigente. He visto proyectos en Stanford que necesitaron 20 a�os de trabajo antes de completarse. La ciencia se corrige a trav�s de una enorme red de conocimientos, m�todos, experimentos y personas que revisan continuamente los resultados. Por eso me parece importante no confundir esa autocorrecci�n lenta y rigurosa con cambios improvisados. La ciencia avanza porque pone a prueba sus propias ideas una y otra vez. Esa es precisamente una de sus mayores fortalezas. No consiste simplemente en imponer una idea hoy y sustituirla ma�ana por otra distinta, es m�s complejo que todo eso.�Le preocupa que los pol�ticos puedan elegir �nicamente los estudios o expertos que respaldan sus posiciones?Creo que eso ha ocurrido siempre. Cuando se entra en los detalles de una pol�tica p�blica suelen existir distintas formas de medir los resultados y distintos enfoques cient�ficos. Algunos pueden ser m�s adecuados para unos objetivos que para otros. El problema aparece cuando se selecciona �nicamente la evidencia que resulta m�s conveniente pol�ticamente. Ah� entramos en una cuesti�n social y pol�tica m�s amplia. Siempre existe el riesgo de utilizar el conocimiento de forma interesada. Los pol�ticos siempre han escogido la versi�n cient�fica que m�s les conviene, y eso es un problema social y pol�tico. La corrupci�n siempre es posible y tenemos que afrontarla.�Qu� papel puede desempe�ar la filosof�a en las pol�ticas basadas en evidencia?Uno importante, pero nunca aislado. La filosof�a puede ayudar a pensar c�mo entendemos la objetividad o qu� significa que una pol�tica funcione. Pero esas ideas no pueden trasladarse directamente a la pr�ctica sin m�s. El progreso real ocurre cuando la filosof�a se combina con el conocimiento cient�fico y con la experiencia de quienes trabajan en cada campo concreto. Eso es lo que hemos intentado hacer en distintos equipos interdisciplinares: educaci�n, salud p�blica, protecci�n infantil, econom�a del desarrollo o criminolog�a. En todos esos casos, la cuesti�n no es imponer una teor�a, sino decidir qu� cuenta como evidencia relevante en cada situaci�n. Por eso creo que la interdisciplinariedad no es un complemento, sino una condici�n b�sica del conocimiento �til. Ninguna disciplina funciona por s� sola. Ni la filosof�a, ni la f�sica, ni la medicina. Los resultados fiables -una tecnolog�a, una intervenci�n m�dica o una pol�tica p�blica- siempre son el producto de muchas formas de conocimiento trabajando juntas.







