Una mujer con síntomas leves, primer caso de infección registrado esta temporada. Las administraciones amplían las estrategias de lucha contra el patógeno
La persistencia del virus del Nilo Occidental, que se transmite por la picadura de mosquitos del género Culex, sigue siendo motivo de precaución y prevención. La detección de siete casos de infección de personas en Palomares del Río (Sevilla) y localidades de otros tres países europeos (Italia, Rumania y Macedonia del Norte), así como la detección de mosquitos con carga vírica en Pulpí (Almería) y en Benacazón (Sevilla), indican que esta enfermedad, cuyos primeros casos españoles en humanos se detectaron a principios de 2000, ha llegado para quedarse y extenderse. En 2024, se registraron 158 infecciones en Andalucía y Extremadura con 10 fallecidos, el pico más alto. Desde entonces, medidas impulsadas por la Diputación de Sevilla en colaboración con el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), que combinan la lucha bioquímica y la ecológica, a través de cajas nidos para aves insectívoras, han funcionado.
Pero que sean eficaces no significa que haya que bajar la guardia porque la lucha es muy desigual. “La situación, de momento, está tranquila, pero estamos al principio de temporada. Algunos años no se han detectado casos hasta mediados de julio. Es normal que haya rotaciones anuales en la incidencia. No todos los años viene con la misma fuerza”, explica Jordi Figuerola, investigador de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) especializado en transmisión de distintos patógenos, principalmente el virus del Nilo Occidental.









