En pleno ensanchamiento de la desigualdad de ingresos hay algo que une a ricos y pobres. Y no es otra cosa que el hundimiento de las tasas de fecundidad. Se trata, como se sabe, de un fenómeno que se viene observando desde hace décadas, no es ninguna novedad, pero ahora la Reserva Federal de San Luis —ver gráficos— ha puesto números a ese proceso de convergencia en términos de natalidad. Y el resultado, a nivel mundial, es que si en 1960, dividiendo a la población de los países pobres en cinco partes iguales (cinco quintiles), sus mujeres —las que representan el 20% con menores ingresos— tenían, como media, 6,09 hijos. Sin embargo, seis décadas después, en 2023, esa tasa se ha desplomado hasta los 2,36 hijos por mujer, menos de la mitad. ¿Qué sucede en los países con rentas elevadas? En el caso de las mujeres de los países ricos, el descenso es menos pronunciado, ya que su situación de partida era inferior (3,07 hijos por mujer también en 1960), pero aun así la tasa de fecundidad del 20% con mayores ingresos (quintil superior) se ha desplomado hasta los 1,55 hijos por mujer. ¿Qué quiere decir esto? Ni más ni menos que la distancia entre la tasa de fecundidad del 20% más pobre y del 20% más rico ha pasado de ser 3,02 hijos por mujer hace algo más de seis décadas a apenas 0,81 en la actualidad. De continuar la tendencia, algo muy probable porque los cambios demográficos son lentos y nada indica que se vaya a producir un giro en la natalidad, las mujeres más pobres (ese 20%) tendrán los mismos hijos que las más ricas (también el 20%). El trabajo de la Reserva Federal de San Luis, elaborado por los economistas B. Ravikumar (vicepresidente) y Guillaume Vandenbroucke (asesor principal), excluye de las estadísticas a China debido a su política de hijo único hasta hace algunos años, ya que su inclusión podría distorsionar los resultados finales. Y lo que sostiene, en general, es que históricamente ha existido una relación negativa entre la tasa de fecundidad total (TFT) y el PIB per cápita. Sin embargo, esa tasa ha disminuido tanto en países pobres como ricos durante los últimos 60 años. En 1960, la diferencia en la fecundidad entre los quintiles más pobres y más ricos era de aproximadamente tres hijos por mujer a lo largo de su vida reproductiva, pero esta diferencia se había reducido a menos de un hijo en 2023. Tasa de reemplazo Lo que destaca el trabajo de la Reserva Federal es que, si en los países ricos la tasa de fecundidad ha estado por debajo de la tasa de reemplazo durante décadas, los países pobres se están acercando rápidamente a esa frontera. Es verdad que la tasa de reemplazo todavía se mantiene ligeramente por encima (2,26 hijos por mujer), pero de continuar la tendencia los países pobres estarán en la misma tesitura dentro de poco tiempo. La tasa de reemplazo o de reposición, como se sabe, es el valor que permite que la población se mantenga constante. Es decir, no se pierde población, y habitualmente se sitúa en 2,1 hijos por mujer. Por lo tanto, ya muy cerca de los 2,36 hijos que tiene el 20% de las mujeres más pobres. Según las últimas estimaciones del Banco Mundial (2024), la tasa de fecundidad global —sin incorporar ajustes en función de los ingresos— se sitúa ya en 2,2 hijos por mujer, a un paso de no poder reemplazarse la población que fallece. Esto es relevante porque se rompe una tendencia histórica que explica que, en los últimos 60 años, gracias sobre todo a los países de rentas bajas, la población mundial haya crecido en nada menos que 5.000 millones de personas. A partir de este dato, los autores del estudio hacen un análisis contrafactual —lo que habría sucedido de seguir todo igual— y llegan a la conclusión de que si la tasa de natalidad no hubiera disminuido en los países del quintil más pobre, habrían nacido casi 3.000 millones de personas más de las que realmente había en estos países en 2023. Es decir, la población del planeta hubiera superado ampliamente los 11.000 millones de personas. Si el análisis se hace sobre el quintil superior, el 20% más rico, habría habido unos 400 millones de personas más en los países con mayor nivel de ingresos. El trabajo de la Reserva Federal de San Luis no entra a explicar las causas del brusco declive demográfico que se está produciendo en los países de renta baja. Sí lo hace, por el contrario, un estudio publicado por NBER, la Oficina Nacional de Investigación Económica de EEUU, por sus siglas en inglés, que revela en un reciente trabajo que el incremento de la formación educativa de las mujeres en Latinoamérica es el principal factor que explica el rápido descenso de las tasas de fecundidad en la región. El trabajo de NBER es extraordinariamente completo, ya que ha utilizado microdatos censales de 17 países latinoamericanos desde la década de 1920 hasta la de 1970, y cuestiona las teorías del declive de la fecundidad centradas en el trabajo de las mujeres y la educación de los niños. Es la educación lo que ha rebajado las tasas de fecundidad en la región, algo que, por ejemplo, sucede con menor intensidad en África, que hoy es donde crece más rápido la población. Demografía y situación económica ¿Qué sucede en Europa? Pues algo parecido, aunque desde una posición de partida muy diferente a la de los países más pobres. Los últimos datos de Eurostat muestran que la tasa de fecundidad en la UE se situó en 2024 en 1,34 nacimientos vivos por mujer, el mínimo de las series históricas. Al principio de este siglo, sin embargo, llegó a repuntar por las políticas de natalidad y gracias al mejor contexto económico, pero tras la crisis económica-financiera del periodo 2008-2010 la fecundidad volvió a descender. En los últimos años, en concreto, desde 2022, se ha acelerado esta tendencia bajista. Los datos de Eurostat muestran que entre los países de la UE, Bulgaria registra la tasa de fecundidad total más alta, con 1,72 nacimientos vivos por mujer, seguida de Francia (1,61) y Eslovenia (1,52). Por el contrario, las tasas de fecundidad total más bajas en 2024 se registran en Malta (1,01 nacimientos vivos por mujer), España (1,10) y Lituania (1,11). Es decir, tres países con posiciones geográficas y culturales muy diferentes tienen las tasas de fecundidad más reducidas. Lo singular, en este caso, es la convergencia entre naciones. Mientras en 1970, la disparidad entre las tasas más altas (registradas en Irlanda) y las más bajas (caso de Finlandia) era de alrededor de dos nacimientos vivos por mujer. En 1990, esta diferencia —entre una tasa alta en Chipre y una baja en Italia— se había reducido a 1,1 nacimientos vivos por mujer. Veinte años más tarde, la diferencia había vuelto a bajar a 0,8 nacimientos vivos por mujer, con una tasa alta en Irlanda y una baja en Hungría, pero es que en 2024, la diferencia se redujo a 0,7 nacimientos. Es decir, la convergencia en las tasas de fecundidad es evidente, ya sea entre países o entre población en función de su nivel de ingresos. Ricos y pobres mantienen la misma tendencia. En pleno ensanchamiento de la desigualdad de ingresos hay algo que une a ricos y pobres. Y no es otra cosa que el hundimiento de las tasas de fecundidad. Se trata, como se sabe, de un fenómeno que se viene observando desde hace décadas, no es ninguna novedad, pero ahora la Reserva Federal de San Luis —ver gráficos— ha puesto números a ese proceso de convergencia en términos de natalidad. Y el resultado, a nivel mundial, es que si en 1960, dividiendo a la población de los países pobres en cinco partes iguales (cinco quintiles), sus mujeres —las que representan el 20% con menores ingresos— tenían, como media, 6,09 hijos. Sin embargo, seis décadas después, en 2023, esa tasa se ha desplomado hasta los 2,36 hijos por mujer, menos de la mitad.