Sergio "Checo" Pérez regresó a la Fórmula 1 en 2026 después de un año sabático, y lo hizo al frente de Cadillac, la escudería número once de la parrilla y la gran novedad del campeonato. La primera mitad de la temporada dejó una lectura clara: el coche es lento y sumar puntos es muy difícil, algo entendible para un equipo que construyó todo desde cero, pero, dentro de esa realidad, Checo está haciendo un gran trabajo y se ha confirmado como el líder del proyecto.
Cadillac llegó como una escudería levantada desde la nada, con bases en Fishers, Charlotte y Silverstone, motor Ferrari y la ambición de crecer con el tiempo. Diseñar y fabricar un monoplaza competitivo desde cero es una tarea enorme, y por eso nadie esperaba milagros en el primer año. El auto nació lento, en el fondo de la parrilla, y esa es la explicación más honesta de por qué los puntos han sido inalcanzables hasta ahora.
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En ese contexto, la mejor forma de medir a Checo no es por su posición final, sino por la comparación con su compañero, Valtteri Bottas, diez veces ganador de Grandes Premios y con años de experiencia peleando por los primeros lugares con Mercedes. Con el mismo coche y las mismas herramientas, Checo se ha impuesto a Bottas la mayoría de los fines de semana, tanto los sábados en clasificación como los domingos en carrera. Ese duelo interno es la verdadera vara para juzgarlo, y ahí el mexicano sale bien parado.






