Mundial
Testigo directo
�a plaza de Col�n, en Madrid, durante el partido en tre Espa�a y Portugal.AFPEnrique Carrasquilla C. MadridActualizado Lunes,
julio
23:20Tras tres Mundiales consecutivos encallados a las primeras de cambio, el partido de Espa�a contra Portugal de este lunes 6 de julio no pod�a vivirse de otra manera. La plaza de Col�n de Madrid se convirti� en un hervidero de miles de personas, todas ellas equipadas de rojo y con la exitosa nueva camiseta blanca; precisamente con la que los nuestros consiguieron ganar a nuestros compatriotas ib�ricos. La ola de calor que asfixiaba a la capital dio una tregua con la llegada de la noche, el escenario perfecto para que la afici�n de la Roja vibrara con una cita hist�rica entonando los "�Viva Espa�a!" o "Yo soy espa�ol" de turno. Hab�a sed de revancha tras la Nations League que se llev� Portugal y, por encima de todo, el morbo de "retirar" a Cristiano Ronaldo en su �ltima cita mundialista.Sobre las 20:00 horas, una hora antes del inicio del encuentro, y entre el sonido de las gaitas que entonaban el himno nacional, la Polic�a Nacional tuvo que cortar los accesos a la plaza anunciando un "aqu� no cabe un alma m�s, por favor, no os acumul�is". Fuera de la plaza se qued� un gran grupo de rezagados que buscaban en sus tel�fonos diferentes opciones para ver el partido, ya sean bares, casas de amigos, e incluso alguno bromeaba con "pues lo vemos en el m�vil y listo". Entre ellos se encontraba Fernando, un vecino del barrio de Salamanca de Madrid que acudi� junto a su grupo de amigos, a los que pill� por sorpresa el lleno completo: "No esperaba que fuera a haber tanta gente. Tendremos que buscarnos un bar corriendo". Tambi�n se quedaron fuera Fernanda e Isabella, dos turistas colombianas que quer�an disfrutar de "una campeona del mundo": "Ten�amos muchas ganas de ver a Pedri y a la selecci�n, queremos una final Espa�a - Colombia, si Espa�a pasa de ronda intentaremos venir al pr�ximo".Tambi�n se col� alg�n que otro portugu�s entre los presentes. Vicente, lisboeta y seguidor del Sporting Club de Portugal, se encuentra en Madrid de vacaciones con su familia. "Hemos ido al Museo del Prado y el Bernab�u, pero quer�amos vivir el partido en la fan zone de Espa�a". Su jugador favorito de Espa�a es "sin duda, Lamine Yamal", pero tiene claro qui�n es el mejor: "Ronaldo es el mejor de la historia, se merece su Mundial". Ante los c�nticos de los animadores de "�D�nde est� CR7, CR7 d�nde est�?" quiso guardar silencio y pedir "calma". Vicente esperaba que su equipo se colara entre los ocho mejores pa�ses del mundo.Con el inicio del partido y las buenas sensaciones de Espa�a, comenzaron los pron�sticos de los aficionados: "Hoy doblete de Oyarzabal". Lucas, aficionado del Real Betis, se mostr� muy poco confiado con la selecci�n, y lo achac� a la falta de verdiblancos en la convocatoria: "Aqu� falta un Pablito Fornals que haga magia, no me f�o nada de esta Portugal". Y hac�a bien en no confiar. El fin del primer tiempo de los lusos fue in crescendo y estuvo cerca de materializarse con un remate al larguero de Nuno Mendes, uno de los m�s activos de Portugal.Durante el descanso, los aficionados cantaron el ya acu�ado como tema del Mundial "La Graciosa", de Quevedo y Elvis Crespo, y comenzaban a rumorear sobre los cambios: "Hace falta que entre Nico, hay que encarar a Cancelo, que sufre en defensa", dijo un aficionado.En el segundo tiempo y tras un partido muy trabado, donde lo m�s destacado fue la lesi�n de Mendes, Mikel Merino meti� el tanto de la victoria en el descuento y desat� la locura en Col�n. Los gritos de gol y los abrazos se sucedieron, y las vuvuzelas, como si estuvi�ramos de vuelta en Sud�frica, trazaban una l�nea directa a aquel torneo de 2010 donde Espa�a tambi�n dej� en el camino a la Portugal de Cristiano Ronaldo. "Tenemos que ganar el Mundial, �este a�o s�!", dijo una aficionada que se abrazaba a su pareja.Tantas c�balas que repet�an los acontecimientos de 2010 parec�an una profec�a autocomplida. Espa�a conf�a en esta selecci�n, y Col�n seguir� siendo lugar de congregaci�n de la ilusi�n desmedida de este pa�s.












