Si alguien dentro del Gabinete de Javier Milei está trabajando por la reelección del presidente argentino, que se definirá en octubre de 2027, es el ministro de Economía, Luis Caputo. Mientras el Gobierno lidia con escándalos de corrupción y tirrias a cielo abierto, Caputo busca neutralizar el ruido político y utiliza cada una de sus intervenciones para intentar fijar la atención en los números que le son favorables al Gobierno. Este lunes, el ministro presentó su programa financiero para 2026 y 2027 y, además de asegurar que sobrecumplirá sus compromisos este año y dejará un “colchón” para encarar en mejores condiciones el año electoral, buscó impulsar la confianza de los mercados hacia adelante. Dijo que ha diseñado su plan económico en base a un objetivo de más largo plazo: llegar a 2031, el cierre de un potencial segundo mandato del ultra en la Casa Rosada, con la calificación financiera “grado de inversión”, lo que daría un “sello de país confiable y creíble”. Caputo ofreció una rueda de prensa junto a otros dos funcionarios del equipo económico en la que detalló que el país enfrenta necesidades de financiamiento en dólares por 19.200 millones en 2026 y de 24.900 millones en 2027. Estas cifras incluyen tanto los pagos de capital como los intereses de la deuda con el FMI y otros organismos internacionales, además de otras erogaciones puntuales.De acuerdo a los cálculos del equipo, desarrollados “con supuestos muy conservadores”, para este año cuentan con fuentes de financiamiento que arrojarán un saldo favorable de 3.700 millones de dólares, lo que quedará disponible para el año siguiente y generará condiciones más robustas para enfrentar el año electoral, que en Argentina suele acompañarse de cimbronazos económicos. “No va a haber ningún problema en los refinanciamientos de 2026 y 2027”, insistió Caputo, que busca contagiar optimismo y confía en imponer la economía sobre la política para ganar en las urnas. Las fuentes de financiamiento, que fueron explicadas en detalle por el secretario de Finanzas, Federico Furiase, implican una combinación de emisiones en el mercado local, préstamos de organismos multilaterales y otras fuentes de financiamiento. Si bien Caputo aseguró que Argentina tiene la “opción” de acudir a los mercados internacionales —circuito del que Argentina se encuentra excluida desde 2018, año en el que realizó su última gran emisión de deuda soberana— aseguró que no tiene planificado hacerlo porque priorizará refinanciar los vencimientos a la menor tasa posible. “Los primeros llamados que recibíamos nos proponían una emisión de 5.000 millones de dólares a 10 años y la tasa era del 12,5% anual. Nos hemos ‘perdido’ esas ventanas porque no es lo mismo financiarnos al 6% que al 12,5%. Esa menor tasa requiere menos esfuerzo fiscal y nos permite usar esos recursos para otras cosas o seguir bajando impuestos”, justificó Caputo, que además aseguró que Argentina debe ir “reduciendo cada vez más la dependencia que siempre tuvo de Wall Street” y buscar desarrollar el mercado interno de capitales. Entre las fuentes de financiamiento, el equipo económico de Milei también cuenta con el ingreso de las privatizaciones, que calcula que representarán al menos 800 millones de dólares en 2026 y 1.500 millones en 2027. Ya se concretó el pase a manos privadas de la empresa de transmisión de energía eléctrica Transener y Caputo dijo que espera que se avance este año con la venta de la compañía encargada de proveer servicios de agua y cloacas Aysa (Agua y Saneamientos Argentinos S.A.) y las termoeléctricas Belgrano y San Martín. El ministro, quien lideró la cartera de Finanzas durante gran parte de la presidencia de Mauricio Macri (2015-2019), señaló que el Gobierno se trazó como objetivo “que para fin del segundo mandato de Milei, Argentina ya sea ‘grado de inversión’”, en alusión a la clasificación bursátil internacional. El país sudamericano fue degradado de “país emergente” a la categoría de “mercado independiente” (standalone) durante la gestión de Alberto Fernández (2019-2023) debido a los controles cambiarios y las restricciones de capitales, categoría en la que se mantiene.“Hemos hablado con las tres calificadoras de riesgo más importantes y dos nos dijeron que [alcanzar la calificación ‘grado de inversión’] era difícil pero lograble y nos han compartido incluso las métricas a las que tendríamos que llegar. Para 2031 no tenemos dudas de que vamos a estar cumpliendo con todas esas metas”, sostuvo Caputo, que anticipó que no se trata de una “promesa”, porque en el fondo no depende de ellos, sino de las calificadoras de riesgo, pero sí un objetivo que les permite orientar el diseño de las políticas. De acuerdo a su explicación, alcanzar una calificación de este tipo implicaría estabilidad macroeconómica, una inflación a nivel internacional (actualmente el índice de precios corre al 2% mensual y se prevé un 30% anual) mayor estabilidad cambiaria, mayor confianza a nivel país y por ende mayores inversiones. “Es una especie de sello de país confiable y creíble, y hacia allí es donde queremos ir”, sintetizó.