El pasado 29 de abril, en el pueblo de Gualaceo, enclavado en los Andes ecuatorianos, se hizo historia. En la Clínica Santa Bárbara, un robot mandatado por cinco cirujanos en el pabellón y por otros tantos en el Hospital de Harbin, al noreste de China, realizaron en conjunto un bypass gástrico a una mujer con obesidad. Ambos equipos -unos al mediodía y otros de madrugada- protagonizaron el récord Guiness de la telecirugía a mayor distancia: 35.000 kilómetros, casi el triple que el máximo anterior. Para lograrlo, utilizaron un mecanismo inédito: un sistema híbrido de comunicaciones, que combinó fibra óptica con una red satelital multiórbita. La hazaña la lideró el doctor Jorge Bravo López, cirujano robótico de la Clínica Santa María de Chile, país en el que el ecuatoriano de 47 años se formó y vive desde hace más de dos décadas. “Esta fue una telecirugía de alta complejidad. Si hay un retraso mayor, los desastres pueden ser letales”, advierte este miércoles por teléfono, pero celebra que, tras cuatro años de preparación, todo salió bien. “Nuestro afán nunca fue batir un récord o hacer algo que nadie había hecho. El verdadero propósito era llevar cirugía robótica a un lugar que no tenía acceso a tecnología“, apunta el fundador y presidente de la Colaboración Latinoamericana de Cirugía Robótica (Colcir). ”Dentro de los próximos 10 a 15 años cambiará profundamente la forma en que se presta atención quirúrgica. La telecirugía permitirá romper muchas de las barreras geográficas que hoy impiden acceder a especialistas”, agrega.El proyecto nace de un problema histórico que arrastra la región: “la tecnología siempre llega tarde, mal y nunca”, plantea el doctor Bravo, quien decidió estudiar en Chile por ser un país referente en Latinoamérica en formación médica, desarrollo tecnológico e innovación. Esa inequidad lo llevó a desarrollar la cirugía robótica desde el punto de vista científico y clínico -operar, investigar y formar especialistas- e intentar democratizar su acceso. “En los últimos cinco años aparecieron nuevas plataformas robóticas quirúrgicas, especialmente provenientes de Asia, que comenzaron a competir con Da Vinci, que tenía prácticamente el monopolio”, relata, lo que redujo los precios, que oscilan entre 1,8 y 3 millones de dólares, dependiendo del modelo. En este caso, la Clínica Santa Bárbara adquirió Kangduo, una plataforma robótica de quinta generación fabricada en China. “No es solamente un robot quirúrgico. Incorpora inteligencia artificial, navegación por imágenes y múltiples tecnologías que la convierten en una plataforma mucho más avanzada”, apunta Bravo, quien desde Colcir ayudó a las gestiones para facilitar la compra y reducir costos con instituciones y benefactores.Entre Gualaceo y Harbin hay cerca de 19.000 kilómetros, pero los datos no viajan en línea recta. Por eso, explica el doctor, hay que atravesar múltiples nodos de comunicación en el camino, lo que se tradujo en que, en la práctica, la información recorrió alrededor de 35.000 kilómetros: de Ecuador a Estados Unidos, de Estados Unidos a Europa en un cable submarino y desde ahí a Asia. “Para hacer esto hay que tener la red y recorrer 35.000 kilómetros tecnológicos a una velocidad de menos de 0.1 segundos, porque esto no es solo tener mala señal, donde nadie muere. En una telecirugía, en un punto el doctor mueve el joystick y en el otro punto, el robot mueve la pinza que opera al paciente. Si hay un retraso mayor, los desastres pueden ser letales”, describe. En este caso, el robot contaba con cuatro brazos, dos dirigidos por Bravo y su equipo y los otros dos por el doctor Wang Gang, jefe del Departamento de Cirugía del hospital de Harbin. “Como la telecirugía está en desarrollo y no es cotidiana, por ahora se hacen colaborativas”, añade el cirujano digestivo robótico. Los cuatro años de preparación incluyeron que, una vez obtenida la plataforma Kangdu, había que aprender a usarla. “Cuando llega un robot quirúrgico, no basta con entrenar a los cirujanos. También deben capacitarse las enfermeras, arsenaleras, anestesiólogos, técnicos y todo el personal del pabellón. Hay que aprender a montar el robot, conectarlo, prepararlo y solucionar cualquier eventualidad”, explica Bravo, quien atiende esta entrevista desde Gualaceo, donde acude dos veces al mes para entrenar a cirujanos y así puedan trabajar con la nueva tecnología. Comúnmente, las telecirugías -que siguen siendo bastante excepcionales en el mundo- se realizan utilizando fibra óptica. El problema es que, cuando en una distancia de 35.000 kilómetros de recorrido de datos, “aparecen pérdidas de información, mayor latencia e inestabilidad en la comunicación”. “Y eso, cuando uno está operando a un paciente, simplemente no es aceptable”, remarca Bravo. Para solucionar eso, se decidió innovar con un sistema híbrido de comunicaciones. “Combinamos fibra óptica con una red satelital multiórbita, lo que significa que usamos, simultáneamente, satélites de órbita baja, como el Starlink de Elon Musk, junto con satélites de órbita alta”, explica orgulloso de que la original idea saliera de América Latina, a donde la tecnología suele llegar ya desarrollada. Bravo es el mayor de cuatro hermanos. Los otros tres, José David y Diana, también estudiaron medicina en Chile y Brasil, pero regresaron a trabajar a Ecuador. A la clínica Santa Bárbara del pueblo de Gualaceo. “Más allá del récord tecnológico, esta fue una iniciativa profundamente familiar, lo que facilitó muchísimo el trabajo, ya que había voluntad de que resultara”, relata el doctor. Los cuatro formaron el equipo quirúrgico de Ecuador, junto al especialista Andrés Rodríguez. En total unas 40 personas participaron en la histórica telecirugía a la paciente que no dudó en participar. Desde enfermeras y personal clínico en ambos países hasta ingenieros de telecomunicaciones y técnicos supervisando desde Asia, Europa y América Latina la estabilidad de las comunicaciones. “Con el tiempo, muchas de estas tareas se automatizarán, igual que ocurrió con los computadores. Hace décadas ocupaban una habitación completa y hoy caben en un bolsillo. Creo que ocurrirá algo parecido con la telecirugía”, señala.El proyecto que rompió todos los récords fue bautizado como “Qhapaq Ñan”, en homenaje a los antiguos caminos del Imperio Inca para conectar todo el Tahuantinsuyo. El doctor Bravo agrega: “De alguna manera, nos inspiramos en esa antigua red de comunicación andina. Antes eran caminos de piedra y mensajeros; hoy son fibras ópticas, satélites y redes tecnológicas que conectan Latinoamérica con Asia”.
El detrás de escena de la telecirugía a 35.000 kilómetros de distancia: “Nuestro afán nunca fue romper un récord”
El doctor Jorge Bravo lideró la operación con un robot a una mujer desde Ecuador y China. También participaron sus tres hermanos médicos







